Aldo Monteiro y Julio Mataró, inspector jefe de la Brigada de Homicidios y Desaparecidos de la Policía Nacional y teniente de la Guardia Civil respectivamente, unirán sus fuerzas para tratar de resolver un extraño caso. El cadáver de una persona en descomposición hallado en su domicilio no arroja demasiada información, y los testimonios que encuentran acerca de quién es el inquilino de la casa no resuelven demasiadas dudas. Sin embargo, existe cierta documentación en el domicilio que vincula al cadáver con Rubén Manzanares, un muchacho que lleva tiempo desaparecido y cuyo caso se encuentra parado por falta de pruebas. Paralelamente a esta investigación, conoceremos a Silvia, un mujer reservada y solitaria que trata de huir de su pasado. La conexión de esta mujer con el caso que llevarán entre manos Monteiro y Mataró no tardará en ser visible para el lector, haciendo así que vaya un paso por delante de los investigadores y que siga leyendo para ver en qué momento estos tres personajes se cruzan.

 

Poco más puedo contaros de la trama de esta novela en la que resulta complejo echar la vista atrás una vez finalizada y tratar de averiguar hasta dónde es conveniente contar, ya que la lista de acontecimientos que se nos cuenta en El santo al cielo da para hacer una sinopsis mucho más jugosa que esta. Y es que estamos ante cerca de 600 páginas de trama e investigación policíaca, y eso da para mucho.

 

El santo al cielo es la primera novela que publica Carlos Ortega Vilas y es de recibo quitarse el sombrero ante ella. Estos últimos años he leído muchas primeras novelas de autores que están arrancando su camino en la literatura negro-criminal, y os aseguro que ninguna de las que han caído en mis manos estaban tan bien construidas ni tan bien desarrolladas como lo está esta. Leo en la biografía de Ortega Vilas que es profesor de español, corrector profesional y de estilo, y eso se palpa en el texto. Su empleo del lenguaje es impecable, la fluidez del texto es notable y el trabajo de edición que se percibe es muy destacable. En estos tiempos que corren en los que encontrar una novela sin erratas es tan posible como encontrar un unicornio en nuestro salón, se agradece enormemente el cuidado y el mimo que se advierte en el texto. Así que bravo Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez (editores de Dos Bigotes) por ello.

 

Pero.

 

Es cierto que debo partir de la premisa de que una novela de casi 600 páginas es todo un reto para mí. Fui consciente de ello cuando decidí leerla. Rara es la obra de ficción que supera las 400 páginas a la que, para mi gusto, no le sobran páginas. Y muchas. La impresión inicial es que a El santo al cielo no le sobra ni una sola coma. Todo está donde debe y es necesario para el desarrollo de la historia. Sin embargo, a pesar de que el lector profano en la materia percibe los fragmentos procedimentales como impecables (y digo percibe porque pocos serán los que puedan ver el fallo en este tipo de párrafos si no eres un miembro de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado), en algunos casos me resultaron excesivos. Puede resultar interesante qué pasos debes dar como ciudadano si en algún momento de tu vida eres arrestado, o cuáles son – punto por punto – las partes que componen una autopsia. Pero ha habido momentos en que tanta sobreinformación me ha abrumado. Seguramente el proceso de documentación ha sido exhaustivo y arduo, pero, al menos yo, no necesito saber paso por paso cómo funciona una diligencia de orden de arresto.

 

Sin embargo, no ha sido esto lo que menos me ha gustado de la novela. Soy consciente de que esto es tan solo una percepción completamente subjetiva, y que todo depende de lo que como lector esperes de un texto. Pero a mí me ha faltado el alma de la novela. Me explico.

 

Cuando echo la vista atrás y trato de recordar alguna de las novelas policíacas o de detectives que me han encandilado, recuerdo que a Eladio Monroy (Alexis Ravelo) le gusta desayunar en el bar de abajo mientras lee el periódico y charla con Casimiro; que a Rebeca Santana (Susana Hernández) le encanta cenar con Malena y de paso hacernos un repaso a los lectores de cómo ha ido su día y de cómo se siente; que a Herodoto Corominas (Carlos Bassas) le quita el sueño la complicada relación que mantiene con su hijo, al igual que se lo quitaba la que tuvo con su padre; que Touré (Jon Arretxe) no puede ya vivir sin su querida Sa Kene y que el apoyo de Osmán ha sido fundamental en su vida. A pesar de que sabemos que Monteiro es un adicto al santoral y que Mataró es un novato que a pesar de su rango aún está empezando su andadura en este tipo de investigaciones, poco más se nos desvela. Quizá el personaje tratado con más profundidad es el de Silvia, pero el resto de protagonistas y de secundarios siento que tan solo desempeñan su papel en la obra. Con esto lo que quiero decir es que echo en falta cierta profundidad en los elementos que componen la novela. Que pasemos de una sucesión de acontecimientos relatados de manera brillante, a ese “algo” tan difícil de explicar con el que determinados escritores consiguen conmover al lector.

 

Por otro lado, es cierto que la novela negra está asociada a un cierto punto de denuncia social, y aunque no es algo que sea imprescindible para que una historia funcione y sea redonda, sí que es algo que le aporta al lector la manera en que los protagonistas respiran y sienten, en función de cómo se posicionan respecto a esos temas. A esto, le sumo la ambientación en una ciudad inconcreta que huele a Galicia, pero que tiene muchos de los elementos de una gran ciudad. Esa falta de arraigo en un único lugar, así sea una Vetusta inventada, siempre ayuda al lector a aferrarse a las calles de un lugar que quizá es muchos y ninguno a la vez.

 

Como digo más arriba, sé que ambos comentarios son del todo subjetivos. Que a mí me gusten las novelas en las que recuerdo más los aspectos que no pertenecen a la trama que los que son intrínsecos a ella no significa que la novela tenga carencias per se. Estamos ante una obra construida de una manera formidable en la que resulta difícil poner peros a un texto de una alta calidad narrativa. Considero que el trabajo que se ha tenido con esta novela es digno de admirar y de imitar. Ojalá se publicasen más libros así de trabajados con un resultado tan exquisito.

 

El santo al cielo es una novela más que recomendable que está empezando a destacar en las nominaciones de los grandes premios de novela negra nacionales, y está claro que si está ahí es porque el libro lo merece.

 

Título: El santo al cielo.
Autor: Carlos Ortega Vilas.
Editorial: Dos Bigotes (2016)
ISBN: 9788494618314
Páginas: 564.
Precio: 20,95€
Ficha del libro en Dos Bigotes: http://www.dosbigotes.es/libros/el-santo-al-cielo/