Hay una sensación mágica para un lector voraz. Cuando has pasado horas junto a un libro, junto a una serie de personajes que te enamoran, cuando una historia te toca el alma, te emociona y te hace sonreír al cerrarlo y pensar ¡qué bueno es! Ese tipo de libros que aunque pase mucho tiempo, han conseguido dejarte huella y que recuerdes cuándo lo leíste y lo que sentiste con ellos. Pues bien, El guardián invisible no es de ese tipo de libros.

 

No quiero que parezca un modo cruel de comenzar esta reseña. Es sólo que parece que últimamente me enfrento a novelas que hacen que aprecie aún más esas que os describo más arriba. Que te des cuenta de lo difícil que es que encaje todo el engranaje, que nada chirríe, que la acción y la narrativa fluya de un modo natural.

 

Durante meses me he negado a leer El guardián invisible. Sabía de antemano que era una novela que no me iba a gustar. Pero el que fuese nominada al Premio Hammett hizo que esa seguridad de no querer leerla se tambalease. Quizá después de todo tenía algo, quizá estaba renegando de un libro sin leerlo como cuando reniegas de una comida sin probarla. Pero mi instinto me decía que esta novela no era para mí y mi instinto acertó de lleno.

 

Creo que de todos es de sobra conocido el argumento: un valle, el famoso ya valle de Baztán, en Navarra. Allí tendremos una serie de asesinatos a niñas, en ese punto en que dejan de ser niñas, pero aún no son mujeres. En un corto periodo de tiempo. La inspectora Amaia Salazar dirigirá la investigación.

 

Para empezar, que se produzcan varios asesinatos a chicas de corta edad en un lugar con una población media de 3500 habitantes ya resulta llamativo de por sí. Lo que también resulta llamativo es que se deje en disposición de la policía foral de Navarra un caso de tamañas dimensiones. Independientemente de que esto resulte llamativo y de que la inspectora Salazar haya asistido a un curso avanzado de perfiles criminales en el FBI, poco más tiene esta novela de novela negra.

 

El mayor defecto de base que le encuentro a esta novela es que no la considero como una novela negra. Sí, hay asesinatos. Sí, hay investigación policial. Pero cuando el peso de la trama policial representa un 20% del argumento, no creo que se trate de una novela negra; ni de misterio, ni de intriga, si me apuráis. La novela negra está de moda, vale. Se sube mucha gente al carro, y la fusión de distintos estilos y géneros que muchos defienden puede enriquecer la novela. Puede que sí, no lo dudo. Pero no vendas algo que no es.

 

El guardián invisible es una novela de sagas familiares, una novela romántica en muchos puntos, pero no una novela negra. La definiría más como una guía turística del valle de Baztán. Está claro que es importante ambientar la novela, describirnos el lugar y el espacio en el que nos movemos, pero no veo interés en conocer cada especie de árbol en cada paraje de bosque, conocer al dedillo el clima y las calles de las ciudades, y colmar de epítetos cada fotografía que nos hagan del lugar. Sí, sabemos que hay bosques con una espesura muy espesa, que dan miedo y colmados de mitología. Pero ya. Me ha resultado agotador leer sobre caminos, árboles, paisajes, más árboles, más caminos, bosques y más árboles.

 

“… dibujaban destellos fantasmales entre los árboles desnudos de hojas, tan apretados entre sí…”
“… en aquel tramo los
árboles no bajasen hasta el río privaba a la zona del olor a tierra y a liquen…… Los árboles que no habían perdido su manto resplandecían con su verde ajado por el invierno…”
“… apreció la belleza de los enormes
árboles que la rodeaban compitiendo en altura con las dos torres…”
“… contribuían a oscurecer los campos y los
árboles, en su mayoría desnudos por efecto de aquel invierno…”
“… y bajo las copas de los
árboles el suelo se veía seco y limpio, como si estuviese recién barrido…”
“… Caminaron entre los
árboles hasta que el rumor del río les indicó la dirección del lugar mágico…”

 

Ni son todos los árboles que aparecen, ni quiero aburriros como me he aburrido yo.

 

Respecto al tema de la magia y la mitología, ya iba sobre aviso. Sabía que eran temas que se trataban, que tenían un gran peso en la novela. Pero creo que son temas con los que hay que tener mucho cuidado. Una cosa es que cites los mitos y las leyendas de la zona, que pueden resultar interesantes y depende de cómo los trates hasta atractivos, y otra cosa es que trates de darle demasiada verosimilitud. Creo que se le da excesiva veracidad en el argumento, y hace que pierda por completo la credibilidad que se le quiere aportar a una investigación de carácter policial y científico.

 

Sobre el tema de las sagas familiares, puedo entender que atraiga a un público que busque ese tipo de novelas, pero en un público que lo que busca es una trama adictiva y ágil, páginas y páginas de historias de los personajes, sus traumas infantiles, sus rencillas familiares, sus rencores y discusiones, no ayudan precisamente a lograr esa velocidad que se busca en una novela de este género.

 

Sé que gran parte del fallo de la novela es mío, no trata temas que me resulten de interés. Pero la estructura de la novela tampoco ayuda a ello. Arranca bien, con un crimen, con un suceso que te resulta atractivo, pero prácticamente hasta las últimas 50 páginas no pasa nada más. Se avanza un poco en la investigación en un punto, pero la ralentiza con paseos por el bosque. Aparece un nuevo cadáver, y volvemos a la lentitud con una discusión con una hermana. La novela se hace pesada y aburridísima. Y muy muy predecible en muchos de los puntos. El final, bueno, me voy a reservar mi opinión sobre el final para quien quiera compartirlo conmigo tomando un café.

 

Y por último, como colofón, lo que más me ha molestado de la novela es ese machismo tan profundo que se respira en todo el libro. Critican las novelas negras clásicas por machistas, con esos personajes de mujeres fatales, pero en casi todas ellas hay un papel de una mujer fuerte, que domina la situación y al personaje principal (ahí tenemos a Vivian en El sueño eterno, a Phyllis Dietrichson en Pacto de sangre, a Cora Smith en El cartero siempre llama dos veces…). Y de repente, en pleno siglo XXI me topo con la novela negra más machista que recuerdo haber leído en mucho mucho tiempo. Y lo peor de todo es que ese machismo no proviene de los personajes masculinos de la novela, sino de los femeninos:

 

“Amaia pensaba en lo más íntimo que sólo él la podía hacer sentir realmente mujer. En su día a día profesional dejaba su faceta femenina en segundo plano y se centraba tan sólo en ser buena policía; pero fuera del trabajo su elevada estatura y su cuerpo delgado y nervudo, unido a la vestimenta algo sobria que solía elegir, la hacían sentir poco femenina cuando estaba con otras mujeres, principalmente las esposas de los amigos de James, más bajas y menudas, con sus manos pequeñas y suaves que nunca habían tocado un cadáver.”

 

“Yo creo que ninguna mujer en edad de concebir puede estar completa si no tiene hijos, y te aseguro que eso puede ser una carga enorme, secreta y oscura. Te quiero, pero si no tuviera hijos, yo me sentiría incompleta.”

 

Este tipo de textos, tan ofensivos y sexistas, para novelas que mucha gente afirma que están concebidas para mujeres, al ser novelas negras más light y más rosas, son un panfleto político en toda regla. Y la novela negra se caracteriza entre otras cosas por ser un panfleto político, sí, pero de defensa de los perdidos, los desarraigados, de los que sufren miseria y discriminación, de los humildes.

 

Como conclusión, solo comentar mi enorme asombro por la nominación al Premio Hammett de esta novela. Tiene defectos de primera novela, muchos, pero no es ahí donde reside mi sorpresa. La única novela hasta el día de hoy premiada con el Hammett que he leído es Las niñas perdidas, de Cristina Fallarás. Encima, escrita por la única mujer ganadora del premio. Es una novela dura, fría, de esas que te agarran por dentro y no te sueltan, que toca los aspectos más miserables de la sociedad. Una verdadera novela negra. Al igual que las otras nominadas al premio de este año. Esta, desde mi punto de vista, no merece siquiera la nominación.

 

 

Título: El guardián invisible.
Autor: Dolores Redondo.
Editorial: Destino (2009)
ISBN: 9788423341986
Páginas: 440
Precio: 19€