Ángel Molinos trabaja para el observatorio de trastornos mentales Otrament, una empresa afiliada a la farmaceutica Pfizin. Su labor consiste más en idear nuevas enfermedades mentales — basándose en los síntomas de la sociedad actual — que en la de detectar dolencias reales. Al fin y al cabo las farmacéuticas están para ganar dinero, no para paliar el dolor de los pacientes. Desde hace un tiempo sospecha que algo huele a podrido en las cloacas de Otrament. No tardará mucho en descubrir que realizan prácticas ilegales con enfermos críticos a través de sobredosis de todo tipo de fármacos, comprobando luego los efectos positivos y negativos en las cobayas. Todo esto será solo el comienzo de una investigación que Ángel inicia en un momento en el que atroces pesadillas le hunden cada vez más en un estado de terror constante.

 

Yo, loco es la segunda entrega de la trilogía iniciada con Yo, asesino y que se cerrará con Yo, mentiroso. Cada una de ellas abordarán las miserias humanas con un fuerte componente de denuncia social. Si en la primera entrega desmontaban las corruptelas de las altas esferas de las universidades españolas, en este libro atacan con crudeza a las empresas farmacéuticas, compañías blindadas ante cualquier ataque externo que consiguen mover los hilos de la salud y el bienestar de los ciudadanos sin ningún tipo de pudor.

 

Para ello, Altarriba elabora un complejo guión en el que queda claro que se ha documentado a fondo. Los fragmentos en los que se abordan las nuevas enfermedades del siglo XXI resultan tan cómicos como aterradores. Cómicos porque seamos capaces de ser manipulados de ese modo. Aterradores… precisamente por el mismo motivo. Acerca de la composición de viñetas, encontramos muchos paralelismos con Yo, asesino: escenas que van de lo particular a lo general, planos cenitales, y una búsqueda de escenarios reales que pusieron ya desde la primera entrega a Vitoria en el mapa del cómic actual. Quizá el lugar más impresionante sea la sede de Otrament, un lugar ficticio con la fachada de uno real: el edificio corporativo de la Caja Vital.

 

Si el trabajo de Altarriba es impecable, el de Keko no se queda atrás. Su uso del negro es tan abrumador que en vez de tratarse de negro sobre blanco hay multitud de ilustraciones en las que se invierten los papeles y es el blanco el que parece escapar del negro. Si en Yo, asesino el tercer color escogido para causar impacto era el rojo, en esta ocasión se recurre al amarillo (no os diré por qué, debéis leer el cómic para descubrirlo). No puedo ni imaginar el número de horas de trabajo que se han debido invertir en esta obra, no solo por la profusión de detalles, sino por el gran número de viñetas que aparecen plagadas de personas. Quizá aquellas que más impacten sean aquellas en las que muestra hasta dónde llega su habilidad como dibujante con algunos retratos que parecen fotografías. Precisamente cuando eres capaz de reflejar así la realidad es cuando puedes permitirte el lujo de desarrollar un estilo tan personal y reconocible como el suyo.

 

Yo, loco es uno de esos tebeos para disfrutar durante horas. No os quedéis solo en la superficie, en la historia que cuenta. Analizad cada escenario, cada gesto de los personajes, cada utilización del color blanco y del color negro para comprender qué quieren contar en cada página. Y si tenéis oportunidad, acercaos a algún encuentro con los autores para que os dediquen su obra porque os aseguro que merece mucho la pena escucharles y verles en acción.

 

Título: Yo, loco.
Autor: Antonio Altarriba y Keko.
Editorial: Norma (2018).
ISBN: 9788467934182.
Páginas: 136.
Precio: 19,90€.
Ficha del libro en Norma: 
http://www.normaeditorial.com/ficha/9788467934182/yo-loco/