Sí, lo sé. Voy con un retraso tremendo. Mi intención era haber ido escribiendo estas entradas a medida que iba asistiendo a las presentaciones. Pero qué narices, ¡estaba de vacaciones! Así que decidí disfrutar de mi tiempo libre para dormir, ir a la playa y leer, en vez de traeros la crónica diaria. Soy así de perversa…

 

El lunes 8 asistí, como el resto de los días, a varias presentaciones. Pero el plato fuerte fue la presentación de la novela El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura. No he leído aún al autor, no os voy a engañar. Pero en la mesa estaba también Paco I. Taibo, que para quien lo sepa inauguró, y dirigió la Semana Negra desde 1988 hasta 2012. Era una oportunidad única para deleitarme con las palabras de ambos, y vaya si me deleité.

 

Ángel de la Calle, Paco I. Taibo y Leonardo Padura

De presentación de la novela en sí, hubo muy poco. Se centraron mucho más en la historia y desarrollo de la novela negra en Cuba, país de procedencia de Padura. Padura llegó a la novela negra muy tarde, y esa tardanza fue debida a que antes no se podía hacer una novela crítica, sino sólo novelas «políticamente correctas».

 

En los años 90, según nos contaron, Padura presentó a un Concurso de novelas didácticas la novela «Pasado Perfecto«. Al jurado le encantó, pero la noche antes de anunciar al ganador se pasaron a hablar con los miembros del jurado para «convencerles» de que esa novela no debía ganar. Esto llevó a Padura a pasar a limpio la novela, a máquina, y con este proceso la pulió y la reescribió. Se la envió a Paco Taibo, y un día que se encontraron Padura le preguntó a Paco si le había gustado. La respuesta de Paco fue ¿No te avisé? ¡Sale publicada la próxima semana! Con ella, Paco Taibo inauguró una colección llamada Hojas negras, que según el propio Paco eran libros colmados de erratas, porque no tenían dinero para pagar a un corrector.

 

Una de las cosas que indicaban que Pasado Perfecto era un nuevo modelo de novela negra es que el protagonista, Mario Conde, mea en la novela. Sí, hasta esta novela, no se presentaban asuntos tan cotidianos o tan sórdidos como la necesidad de orinar. Esto le otorga una gran humanidad a la novela. Antes de esta novela, los policías eran muy correctos. Pero al comienzo de Pasado Perfecto, Mario Conde tiene una gran borrachera y unas tremendas ganas de mear.

 

Cuba en aquel entonces, por lo que nos contaron, se convirtió en el paraíso de la pillería. Tanto, que para poder escribir una novela necesitabas papel, y no había. Todas las novelas estaban escritas sobre papel robado, hasta el punto de que algunas hojas incluso tenían membretes de las instituciones a las que se robaba.

 

Padura logró reflejar su país, su sociedad, y esto hace que una novela funcione. Buscaba escribir una novela policial muy cubana, que no se pareciese al resto, y que sirviera como crítica social. Llegó a la conclusión de que esto es lo que quería después de leer a Vázquez Moltabán.

 

También marcó una diferencia colocando a los malos como los políticamente correctos, es decir, personajes que nunca serían malos en otras novelas, pero que se acercaban más a la realidad de este modo.

 

También defendió el fenómeno del mestizaje. La Semana Negra ayudó a ello, mezclando a todos los personajes necesarios en el momento necesario. Con ello, se redimensionó el género. Puso en contacto el concepto de poder hacer vanguardia con novela popular. No está reñida la vanguardia con la novela popular. La función, para Padura, de la literatura de género es llevarla hasta el extremo, hasta la destrucción.

 

En El hombre que amaba a los perros, se narra el asesinato de Trotsky en México por Ramón Mercader. ¿Cómo narrarla, cuando todo el mundo conoce ya esa historia? ¿Históricamente? Padura cree que es necesario introducir una trama policíaca para que el lector, aún conociendo la trama, tenga ganas de conocer el desenlace de la historia. Por esto, hace un uso mestizo de los géneros.

 

Tanto Padura como Taibo criticaban el punto de vista de las editoriales en que, cuando una novela funciona, te piden que escribas esa novela una y otra vez. Sí, otra trama y otros personajes, pero la misma fórmula. Pero el reto real para un escritor está en encontrar nuevas fórmulas y que estas funcionen, no escribir la misma novela una y otra vez.

 

No está todo lo que nos contaron, pero una parte importante. Espero que os haya resultado interesante, y si a alguien le han entrado ganas de leer la novela, mejor que mejor.