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En la tarde de ayer ni la lluvia nos frenó. Fue una de esas tardes de correr de una carpa a otra, con el cuaderno en la mano y una bolsa llena de libros (lo sé, pronto empiezo, pero hay un puesto que es una verdadera locura; temo terminar llevándomelos todos) Ayer había varios puntos del programa que me interesaban, y varias presentaciones de amigos a los que además hay que ir a apoyar. Una verdadera locura. Y la tarde de hoy se prevé aún peor: Craig Russell, Víctor del Árbol y Rosa Ribas entre otros. Esto es la Semana Negra.

 

Mesa redonda: Hoy Latinoamérica se escribe en negro.

 

Una mesa con un elenco de escritores de lo más interesante, pero quizá demasiados para una sola mesa. Tuve que “huir” a media charla para otra presentación y aún no habían llegado a hablar todos.

 

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Básicamente se comentaron los puntos que se consideran como iniciadores del género negro en Latinoamérica, un lugar con un caldo de cultivo de corrupción política que puede propiciar la aparición del género. Pero los escritores se remontaban aún más: achacaban los inicios a la influencia de las crónicas sangrientas de la conquista Sudamericana.

 

En lo que sí que coincidía la mayoría era en la poca influencia que han recibido del hard-boiled americano. Y es que, como apuntaba Rubén Varona, la influencia cultural de cada lugar aporta un rasgo distintivo al género: por ejemplo, en Gran Bretaña, en las novelas hay más tradición de envenenar que de disparar. Esto es en parte debido a la legislación armamentística que existía en el país. Mientras tanto, en EEUU en las novelas todo el mundo posee un arma y sabe usarla. Es fácil conseguirlas y resulta verosímil su aparición en una novela.

 

Otro punto destacable que apuntaba Horacio Convertini es la tendencia de la novela argentina de estructurarse fuera de la ortodoxia del género. Es decir, no es tan habitual como en otros países la aparición del detective o el policía. Lo habitual allí es la aparición en las novelas de la persona común y corriente que de repente se ve envuelta en una trama policíaca. Hay una tendencia de introducir la cotidianeidad en el género. Es un recurso perfecto para realizar una crítica del poder, desde abajo.

 

Presentación de Yonqui, de Paco Gómez Escribano.

 

Presentación de una novela que veo por todas partes y que encima era presentada por el gran Sergio Vera. Garantía de calidad.

 

La novela Yonqui sorprende por su cercanía por estar narrada en primera persona y con una jerga muy de barrio. Pero no solamente en los diálogos, sino también por el narrador, una jerga muy entendible, pero sorprendente al ver que es usada por quien te cuenta la historia, una voz que suele tener un lenguaje más ortodoxo.

 

Yonqui

 

Comentaban que parece ser que están de moda las novelas de barrio, ya que en estos días se están presentando unas cuantas. Y es que es la realidad que siempre vivieron los autores que nos las cuentan: vidas en barrios marginales, con familias desestructuradas, alcoholismo, drogadicción. Como bien comentaba Paco, el tema de la documentación ha sido fácil porque lo lleva viendo con sus propios ojos toda su vida, y nos cuenta las historias del barrio de Canillejas que ha visto en su entorno, con información también aportada por sus vecinos de toda la vida.

 

Un punto que me resultó destacable es que comentaba Paco que su generación fue la primera generación que no empuñó un arma para ir a la guerra, al contrario que la generación de su padre o de su abuelo, y sin embargo hubo tantas bajas como en las generaciones anteriores.

 

Dos puntos que desarrolla especialmente son el tema de la música y el cine, los anclajes culturales que marcaron a esa generación, el surgimiento de la movida y los entresijos comerciales que movieron a impulsar a uno u otro grupo.

 

La aparición de un espontáneo y auténtico yonqui que se empeñaba en preguntar a toda costa, interrumpiendo la presentación, fue la guinda del pastel. Menos mal que Paco supo ponerle en su sitio y no tuvimos que llegar a las manos…

 

Presentación de Yo fui Johnny Thunders, de Carlos Zanón.

 

Otra novela de barrio, en esta ocasión ambientada en el barrio de Horta en Barcelona.

 

Carlos en un poeta. No solo es que escriba poesía, es que realmente es un poeta de la palabra, y siempre es un gusto asistir a sus presentaciones. Es una persona sencilla y cercana, y a pesar del nerviosismo típico de estos actos, se le ve tranquilo y distendido.

 

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Nos comentaba la importancia del carácter de cada uno para forjar nuestro destino. “El carácter es el destino”. Su personaje Frankie no puede escapar de quién es, de quién ha sido toda su vida, y nos muestra la lucha de ese personaje para no desaparecer.

 

La presentación estuvo plagada de anécdotas de la novela y sobre todo de las situaciones que le inspiraron. Como la aparición de un Bingo en la novela, en el cual había como 15 señoras todas con el mismo tono de tinte de pelo, lo que muestra las pocas opciones de poder ser diferente a través de algo tan sencillo: todas habían comprado seguramente el tinte en la misma tienda y todas habían obtenido el mismo resultado.

 

También nos comentaba que tu barrio es el lugar más lleno de fantasmas que existe: está la esquina donde te dejó tu primera novia, el lugar donde te despediste de un amigo que se fue para no volver… Caminar por las calles del barrio es hacer memoria de toda tu existencia y lo que esos rincones significaron para ti.

 

Un encuentro con Maurizio de Giovanni.

 

Carpa llena para escuchar al autor italiano creador del comisario Ricciardi. Sus novelas están ambientadas en Nápoles, una ciudad que exuda la palabra mafia por todos sus poros. Sin embargo, las novelas de Maurizio están más influidas por el tema de los sentimientos. Ha introducido en sus novelas un elemento fantástico, el matiz de que el comisario es capaz de ver o escuchar de algún modo los sentimientos del cadáver antes de morir.

 

Esta ambientación en Nápoles no es fortuita. Nápoles es un personaje más de sus novelas, no solo el lugar donde transcurren. Nápoles resulta una presencia muy fuerte, y en ocasiones Maurizio envidia esas ciudades tan discretas que no tienen ese protagonismo tan grande.

 

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La intención del autor al abordar el tema de los sentimientos era que Ricciardi intentase evitar el dolor ajeno, de ahí que sea capaz de sentir el dolor de los asesinados y que esto le despierte una gran compasión. No es un agente observador sin más, su implicación en los casos es muy grande.

 

Respecto al amor, el comisario está rodeado de dos mujeres, con las que quería mostrar ese punto que todos tenemos de querer tener lo inalcanzable, mientras que por otro lado queremos tener seguridad. Un punto de aventura, pero también un punto de fidelidad.

 

Según comentaban los moderadores, en una sola página es capaz de mostrar una gran belleza y el dolor más atroz. En alguna ocasión, sus propias novelas le han supuesto un esfuerzo tan grande y ha tenido que volcar tanto sus sentimientos, que ha tenido que distanciarse durante todo un mes para reponerse de su escritura.

 

Presentación de Te quiero porque me das de comer, de David Llorente.

 

Una de las presentaciones que más esperaba, por escuchar los argumentos del autor de su boca acerca de esta novela tan novedosa.

 

El origen de la novela está en la proposición que le hicieron de escribir un cuento sobre Carabanchel. Cuando se puso a pensar y a recopilar todo lo que quería contar, se dio cuenta que tenía material más que de sobra para escribir una novela. Otra novela de barrio, de Carabanchel. Quería contar todas esas historias tremendamente reales que había vivido.

 

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La estructura de la novela está supeditada a la intención de querer contar las historias de modo simultáneo. Para dar coherencia a todas esas historias, creó el personaje del asesino, un asesino tremendamente cruel. Un personaje que está conectado con todos los otros, y que tiene una doble cara: también es un reputadísimo cirujano que ha salvado cientos de vidas, entre ellas las de personas cercanas a todos lo que termina asesinando.

 

El personaje del policía era un personaje completamente innecesario desde el punto de vista del desarrollo de la trama, pero necesario argumentalmente para mostrar lo absurdo de un hombre que cree estar por encima del mal más absoluto y que se cree capacitado para combatirlo.

 

Sobre la novela, el autor tuvo varias versiones, y físicamente llegó a ser un caos, con todo lleno de papeles por todas partes, y en cada papel un personaje, su historia y el momento en el que debía aparecer.

 

La novela no tiene puntos y aparte, no hay un discurso directo, hay un uso excesivo de los dos puntos y del paréntesis. Los textos en paréntesis eran aclaraciones y preguntas que el propio David se hacía a sí mismo a lo largo del texto, y que hacen que el autor se distancie aún más de la historia y que la narración sea increíblemente plana.

 

Quizá lo más impactante es la aparición de ese recurrente colegio en la novela, que según nos comentaba David está inspirado en el instituto donde trabaja como profesor en Praga. Hace unos años, asesinaron a dos alumnos a cuchilladas en un piso, y todo el instituto se llenó de observadores, de cámaras y periodistas. Es un lugar con un altísimo índice de suicidios, al menos uno al año, y con ese entorno la ideas surgen y la imaginación se dispara.