Who is the Thief? fue publicado en The Atlantic Monthly en Abril de 1858. Esta historia corta narrada en formato epistolar desmonta todos los convencionalismos que estaban tratando de establecerse en el género detectivesco a través de una historia plagada de humor. Matthew Sharpin será el encargado de resolver una intriga acerca de una sustracción monetaria. Además de las constantes meteduras de pata del investigador, el tono mordaz y ácido entre los escritores de las cartas que nos narran los hechos es el que hace de este relato una historia por completo hilarante y tan diferente a lo que se estaba haciendo en aquellos años.

Collins ha dado buena muestra de ese tono burlesco en sus novelas más extensas, pero tan solo en determinados pasajes o con determinados personajes. El formato corto le da aquí la oportunidad de mostrar a un detective patoso que se cree terriblemente inteligente. Quizá lo más destacado de la historia es que el lector va descubriendo quién es el culpable a pesar de que las cartas de Sharpin tratan de convencernos de que es otro quien ha cometido el crimen. No es la primera vez ni la última que Collins recurre a esta herramienta, creando investigadores que resuelven los casos por casualidad en vez de hacerlo a través de hábiles investigaciones. Algunos han calificado su ficción detectivesca de “accidente feliz”.

“Ha empezado usted por perder tiempo, papel y tinta. Teníamos ambos pleno conocimiento de nuestra mutua posición cuando le ordené que se presentara con mi carta ante el sargento Bulmer. No había ninguna necesidad de repetirlo por escrito. Tenga la bondad de emplear su pluma en el futuro únicamente para dar cuenta del cometido que tiene en sus manos.”

De este modo, Collins crea deliberadamente detectives que comenten errores o se equivocan en el proceso para abordar un tema tabú en la época: entrar en el ámbito doméstico. Collins fue uno de los primeros en ver las posibilidades de crear tramas en las que la vida doméstica y sus conflictos se mostrasen de manera abierta y sin tapujos. Sí, había muchos criminales que vivían de las puertas de las grandes mansiones para afuera, pero había multitud de pequeños crímenes que ocurrían de puertas para adentro. Fue uno de los primeros en atreverse a mirar por la cerradura y mostrar las miserias de las clases más adineradas.

 

Wilkie Collins

Incluso podemos entrever una cierta intención de Collins a poner en tela de juicio la profesionalidad y la objetividad de los cuerpos policiales. Sharpin en pocos minutos se siente fascinado y atraído por la señora de la casa, y esto hace que un velo nuble su juicio a la hora de observar las pistas y de tratar de incriminar a toda costa a quien él cree que es el criminal. Sus prejuicios acerca de qué tipo de persona debe ser la que comete un acto criminal serán los que le guíen durante toda la investigación. Eso sí, Collins conoce el gusto de los lectores por las historias con final feliz y conseguirá encarrilar la investigación para que la resolución sea satisfactoria.

“Los dos cómplices llegaron puntuales. Me avergüenza reconocerlo, pero es indispensable señalar que el tercero de los villanos —el forajido sin nombre de mi informe anterior o, si lo prefiere usted, el misterioso ‘alguien más’ de la conversación entre los hermanos— es… ¡una mujer! Y, lo que es peor, ¡una mujer joven! Y, lo que es todavía peor, ¡una mujer guapa! Me he resistido siempre a la idea, cada vez más extendida, de que allí donde en este mundo se cometa una tropelía es invariablemente cierto que un miembro del sexo débil está enredado en el asunto.”

Hace años que leí ya La piedra lunar, y a pesar de que recuerdo la lectura como larga, el resultado final fue muy satisfactorio. Pues bien, por culpa de este relato este verano me he lanzado por fin a leerme La dama de blanco, una de las grandes obras de Collins que aún tenía pendientes. Y a pesar de que ha habido momentos de duda acerca de si terminar de leer la novela o no, he llegado al final muy satisfecha y con un maravilloso recuerdo de esta historia.

 

 

Título: ¿Quién es el ladrón? (Who is the Thief?).
Autor: Wilkie Collins.
Traductor: Catalina Martínez Muñoz.
Editorial: Este relato puede encontrarse en el volumen “Cuentos de detectives victorianos” de la Editorial Alba (2014)
Año de publicación: 1858 en la revista The Atlantic Monthly.