Estoy convencida de que en algún momento de vuestras vidas habéis estado en el límite del abismo. Tan en el borde de esa línea que sabíais que si dabais un solo paso más estabais perdidos. Un día, en el que alguien había logrado exasperaros de tal modo que estuvisteis a punto de partirle la cara. De escupirle. De insultarle de un modo tal que la bilis expulsada habría cometido un daño irreparable. Todos en algún momento llegamos al límite, porque alguien logra llevarnos hasta ese límite. Nuestra resistencia ya vendrá tocada de casa, pero siempre hay alguien que logra que perdamos los papeles un día en nuestras vidas. O dos. O diez. O al menos, que estemos justo al límite de perderlos. Eso le ocurre a Samuel.

 

Samuel sale a correr. Y uno de sus amigos corredores es Pedro. Pedro tiene una huerta, en Huelva. Pero ha conseguido un trabajo por al menos dos años en Ferrol. Por eso le pide a Samuel que se la cuide. Que no deje que se eche a perder. Que no se pueble de zarzas y malas hierbas. Que la tierra siga activa y produciendo. Y Samuel acepta. Va varios días a la semana. Riega, cuida, mantiene. Le pide consejo y guía a Jacinto, que sabe más que nadie por los alrededores. Cuándo sembrar, cuándo recoger. Poco a poco le va cogiendo gusto. Y disfruta. Y se molesta. Y se esfuerza.

 

Pero un buen día llega Fidel con su perro Bruno. Fidel es un tío afable, que le quita hierro a todos los males. Incluso a que Bruno se cargue buena parte del huerto de Samuel. Quizá eso ayuda a que Samuel empieza a ver su asco crecer. Y el segundo día que Bruno se cuela en la huerta Samuel decide que no habrá un tercero. Jamás.

 

Mario Marín

 

Mañana es el día siguiente es una de esas novelas en las que es mejor que no sepáis demasiado de lo que pasa, porque tanto el ritmo del texto como el argumento serán quienes os atrapen y planten sus raíces dentro de vosotros para hacerlas crecer. No estamos ante un novela convencional, y la sorpresa del desarrollo narrativo se normalizará capítulo a capítulo aparcando la extrañeza. Mario Marín tan solo necesita para ello una huerta, un perro, dos protagonistas y cuatro o cinco secundarios. No le hace falta más. El resto lo consiguen su excepcional uso del lenguaje y una narración en primera persona que juega a disfrazarse de tercera. A pesar de ser Samuel quien cuenta toda la historia, su precisión descriptiva, la meticulosidad de contarlo todo, hacen que pensemos que es una voz omnisciente la que carga con el peso de la narración.

 

No obstante, que escoja a Samuel como narrador ayuda a que no pensemos que nos encontramos ante un argumento descabellado. Si él lo cuenta es porque debe ser cierto, porque lo que pasó fue verdad. Su tono reposado —una vez superados los momentos de asco— nos muestran una mente fría, calmada, falta de empatía. Y sin embargo, Samuel no le cae mal al lector. Hace lo que hace porque para él tiene sentido. No cabía otra opción.

 

Esta es una de esas novelas que, te atrapen o no, no te dejará indiferente. Requiere de una lectura reposada para deleitarse con el estilo de Marín, y para degustar el lenguaje tan riguroso que escoge. Diálogos con frases coloquiales en los que el verbo muchas veces resulta superfluo, con frases extremadamente cortas, con respuestas a preguntas no formuladas y preguntas que quedan sin contestar.

 

Mañana es el día siguiente salió a la venta en Mayo de este año y no puedo comprender cómo no es el número uno de ventas del género. Es sin duda una de las mejores novelas que he leído este año, y no me sorprendería que se alzase con el Memorial Silverio Cañada en 2019. No esperéis a que alguien os la destripe y pierda parte de su fuerza. Id a por ella. Ya.

 

 

Título: Mañana es el día siguiente.
Autor: Mario Marín.
Editorial: Ediciones del Viento. (2018).
ISBN: 9788494815034.
Páginas: 208.
Precio: 17€.
Ficha del libro en Ediciones del Viento: 
https://edicionesdelviento.es/libreria/es/home/197-manana-es-el-dia-siguiente.html