Hacía tiempo que no os traía exposiciones por aquí, solo en los resúmenes del mes. Y creo que ya tocaba. No todo van a ser libros. Aunque sé que no muchos no veréis la exposición por estar en León, al menos así os la acercaré, y quizá hasta os pique el gusanillo de que os paséis a verla si caéis por estas tierras.

Dos cosas han sido las que más me han llamado la atención y que más me han gustado de la exposición. La primera, que es una colaboración con el Museum of Contemporary Art Tokyo (MOT), dentro de las actividades del “Año Dual España- Japón”. Esto del año dual igual os suena porque se están celebrando actividades y exposiciones por todo el país por este motivo.

El segundo motivo es que toda la exposición está montada con obras pertenecientes a la colección del MUSAC. Esto me ha parecido buena idea porque con los tiempos que corren es un buen modo de poder inaugurar exposiciones sin gastar en exceso en el presupuesto, al pertenecer a su colección. Y también porque en ocasiones sólo vemos exposiciones temporales con obras prestadas a tal fin, y la colección que tenemos en los almacenes de nuestros museos se queda guardando polvo sin que podamos disfrutarlas. Y es una verdadera lástima.

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Debido a lo que os comento del Año Dual, se ha organizado la exposición de modo conjunto entre los dos museos, con lo que primero veremos la exposición aquí en León y cuando se clausure el 5 de Enero se empaquetará para volar a Tokio, e inaugurarse allí el 14 de Febrero del próximo año. Dos por el precio de una. Debido a ello, las comisarias Kristine Guzmán, Yuko Hasegawa e Hikari Odaka hicieron una propuesta de las obras que querían incluir y que podían aportar algo para ambas culturas. De hecho, según nos comentó la propia Kristine (coordinadora del MUSAC) las otras comisarias rechazaron la propuesta de obras de autores japoneses por estar muy vistos por aquellas tierras.

 

El nombre de la exposición procede del texto De lo real maravilloso americano de Alejo Carpentier, texto que escribió en 1943 tras un viaje a Europa, al viejo continente. Después de todo lo que descubrió y aprendió aquí, después de descubrir el surrealismo y considerarlo artificial, llegó a la conclusión que lo real es lo más maravilloso que puedes encontrar, y fue a toparse de nuevo con la realidad sudamericana cuando lo comprendió. Lo cotidiano, la naturaleza, el hombre. En este punto tiene una especial importancia el Realismo Mágico, presente tanto en la literatura iberoamericana, como también en la japonesa, ya que esta realidad procede también de un deseo de conexión entre lo real y lo mágico.

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Por lo tanto, como se nos indica en la descripción de la exposición, nos presentan “obras que buscan reflexionar sobre las nociones de lo maravilloso, lo sobrenatural, lo fantástico, la ficción, la parodia, el juego y la imaginación radical como ingredientes importantes del discurso artístico, social y político”.

 

Con tan sólo 3 salas es cierto que nos quedamos con ganas de más. Pero 3 salas de importantes dimensiones y con mucha presencia, con peso y limpieza expositiva.

 

En la primera abordan la construcción de la propia identidad. Lo primero que encontramos al entrar es un vídeo que indaga en los tópicos de la cultura española: la sevillana que se colocaba encima de los televisores cuando estos aún tenían “culo”. Es una obra de Pilar Albarracín llamada Musical Dancing Spanish Doll. También encontraremos el vídeo que más me ha gustado de toda la exposición: Technocharro, de Kaoru Katayama: se convocó a un grupo de baile charro para el vídeo, pero no se les anunció que la música que iba a sonar era música techno. De este modo, al igual que le sucedió a la artista cuando vino a España, ellos tendrán que adaptarse a la nueva música, a la nueva cultura, para poder desenvolverse.

 

 

En esta primera sala también descubriremos los “Actos de Fe”, de Tatiana Parcero, yuxtaponiendo imágenes de su cuerpo junto a dibujos precolombinos, mostrando así sus raíces y la historia de su país. O la proyección Hanabi-ra, de Tabaímo. Un hombre de mediana edad, de espaldas, desnudo y tatuado. Los símbolos tatuados son de gran importancia, pero la proyección nos muestra cómo se van cayendo de su cuerpo simulando la fragilidad de la vida.

 

En la segunda sala, reflexionan acerca del paisaje. Para ello nos contraponen paisajes reales con paisajes ficticios. Quizá sea la visión más impactante en un primer vistazo de la exposición: Living room de Diango Hernández. Un paisaje interior, un salón que habla de la vida cotidiana de los cubanos, una serie de muebles cortados a la mitad, y sobre una mesa una máquina de escribir en la que solo quedan las letras que componen la palabra TRAIDORES. Todo perfectamente ordenado, simétrico. No son más que objetos cotidianos reutilizados, objetos que hacen referencia a unas pautas sociales e históricas.

 

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En contraposición a esto, las paredes se llenan de los itinerarios de Raimong Chaves y Gilda Mantilla. Dibujos de la fauna, la flora y todo lo que ellos vieron desde el autobús en su viajes de Caracas a Lima. Con esas narraciones dibujadas veremos una importante arma de crítica social.

 

Y por último, en la tercera sala observamos una confrontación entre polos opuestos: La vida y la muerte; el cielo y la tierra. Quizá no sea la obra más llamativa de la sala, pero sí la que ves al entrar: es La nube, de Leopoldo Ferran y Agustina Otero. Una nube compuesta de alambre, a primera vista muy etérea, pero que si te acercas verás que ese alambre es de espino, mostrando así esa dualidad de la espiritualidad y el dolor. Esta obra es la primera vez que se expone desde que se adquirió, y es una lástima que no la hayamos podido ver antes.

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En esta última sala también encontramos también una obra que impresiona por su tamaño. En origen estaba compuesta de 100 lienzos, que se han reducido a algunos menos en esta ocasión por falta de espacio. Es de Enrique Marty, la familia. Nos ofrece un aspecto siniestro de la familia, escenas de la realidad, cotidianas, que las hacen más sobrecogedoras aún, contrastando con la realidad. Son retratos domésticos, que él adapta de fotografías que va tomando.

 

Una serie de obras bien escogidas, con un discurso expositivo interesante. Tendré que volver a verla para ver los vídeos con calma y en profundidad, ya que varios de ellos son de larga duración (hasta 30 minutos) No os traigo ni todas las obras ni todo el contenido de la exposición, sólo una pequeña muestra para que veáis por donde van los tiros.

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