Jesse Rosenberg está a punto de retirarse de la policía con todos los honores. Ha llevado a cabo una labor brillante durante sus años de servicio, y es un policía respetado y reputado. Sin embargo, una periodista, Stephanie Mailer, se acerca a él y planta en él la semilla de la discordia: asegura que el caso que le dio la fama, un cuádruple asesinato acontecido en 1994, sigue sin resolverse; se equivocaron de hombre. El verdadero asesino continua en libertad. Aunque en un principio Jesse no se toma esta conversación demasiado en serio, cuando trata de ponerse de nuevo en contacto con Stephanie descubre que ha desaparecido. A pocos días de dejar el cuerpo para siempre, Jesse empieza a indagar acerca de esta desaparición y los recuerdos sobre el caso irán volviendo a su mente. Con una narración en dos tiempos, Joël Dicker tratará de rememorar lo sucedido el 30 de julio de 1994 para dar con la solución de la desaparición de 2004.

 

Lo que arranca como dos investigaciones casi en paralelo, se convertirá en un entramado de ramificaciones infinitas con varias subtramas, innumerables personajes, diversos escenarios y una interrelación de situaciones que sobrecoge al lector. No por buenas, sino por excesivas. Al comienzo del libro se nos transmite la sensación de que el caso del cuádruple asesinato dio la fama a Rosenberg y a su compañero Derek Scott, pero a medida que repasan cada uno de los hilos de los que fueron tirando en el pasado descubres que la investigación inicial fue chapucera y precipitada. Veinte años después son capaces de dar con más datos y más declaraciones de las que consiguieron cuando la investigación estaba viva, lo que lleva a pensar al lector que debe ser cierto que el culpable sigue aún en libertad. Narrativamente puede tener su fuerza, pero esperemos que esto no suceda demasiado en la vida real.

 

Dejando de lado el capítulo que cierra el libro (que debería ser arrancado de todos los ejemplares publicados), el mayor defecto de esta novela es que le sobran infinidad de páginas. El arranque es muy potente y el planteamiento no está mal. El problema llega cuando debido a ese afán de relleno, de querer sobrepasar las 600 páginas al precio que sea, el autor introduce subtramas y desarrollo de personajes que no llevan a ninguna parte. Personalmente, no le encuentro sentido a los capítulos en los que se detalla con precisión una historia sobre bullying en la adolescencia o una aventura extramatrimonial, ambas introducidas muy avanzado ya el libro, y que lo único que consiguen es ralentizar la lectura hasta el punto de desear saltarte esas partes. Puedo llegar a aceptar las narraciones que detallan el pasado de los tres policías protagonistas, vistas desde la perspectiva de que el lector pueda tener una visión de conjunto de qué tipo de personaje son. Pero este tipo de construcciones de personajes pueden liquidarse con un par de párrafos en que narres alguna anécdota del pasado en vez de recurrir a capítulos y capítulos sobre complejos de Edipo, maridos inseguros, abuelos maleducados e infinidad de historias vacías de contenido.

 

Quizá una de las herramientas utilizadas por Dicker que más desconcertada me tuvo fue la aparición de La noche negra, una supuesta obra de teatro que será fundamental para la resolución del caso. No quiero entrar en detalles para no desvelar más de la cuenta, pero toda esa parte del libro — que no es precisamente breve — resulta de un absurdo que roza lo insultante. Siento curiosidad acerca de si algún lector consiguió conectar con esa parte de la historia porque fue el punto en el que de verdad estuve a punto de tirar la toalla. Pero hay momentos tan delirantes que al final la curiosidad por saber cómo iba a salir de ese pozo que él mismo ha cavado, pudo más que mi desconcierto acerca de algo que te sacaba constantemente de la tensión narrativa.

 

Según la sinopsis de la editorial estamos ante un “colosal thriller, que avanza en el pasado y el presente a ritmo vertiginoso, sumando tramas, personajes, sorpresas y vueltas de tuerca, sacudiendo y precipitando al lector sin freno posible hacia el inesperado e inolvidable desenlace.” Lo de colosal lo acepto por el número de páginas. Lo del ritmo vertiginoso al pobre autor se le ha caído por el camino entre tanta suma de tramas, de personajes y de vueltas de tuerca. Y sí, es probable que el final no se me olvide en una buena temporada. He terminado La desaparición de Stephanie Mailer con la sensación de tiempo robado. Al menos, me lo han leído en audiolibro y esa sensación de pérdida es un poco menor (y hay que reconocer que el trabajo de los actores que participan en la locución es excepcional). En su día rehuí acercarme a La verdad sobre el caso Harry Quebert porque olía a best-seller malo a leguas. Con este he picado por el tema del audiolibro, pero este ha sido el comienzo y el final de mi relación con Joël Dicker. Es una lástima, porque la premisa es buena, durante varios capítulos consigue generar intriga e interés. Está claro que Dicker no pasará a la Historia de la literatura, así en mayúsculas, pero que podría ser un buen contador de historias. Pero ese afán de rellenar al precio que sea para que al lector ocasional le dure la lectura todas sus vacaciones destruyen por completo toda la intención de pudiese tener Dicker que crear una obra sólida y con un mínimo de valor literario.

 

Título: La desaparición de Stephanie Mailer (La disparition de Stéphanie Mailer).
Autor: Joël Dicker.
Traductor: María Teresa Gallego y Amaya García Gallego.
Editorial: Alfaguara (2018).
ISBN: 9788420432717.
Páginas: 656.
Precio: 22,90€.
Ficha del libro en Alfaguara: https://www.megustaleer.com/libros/la-desaparicin-de-stephanie-mailer/MES-088845