La Grande, Lucía Utrera, comienza la mañana a las 7:00 y a dieta. No es la primera vez ni será la última, su apodo da buena cuenta de ello. Su marido le dice que no hay sobaos para desayunar, que toca muesli. Para colmo, tiene doce llamadas perdidas en el móvil y unas coordenadas a golpe de Whatsapp del cabo Ramírez con el texto “Buenos días mi teniente. Asesinato. Venga cuanto antes, por favor”. Gracias a que dos años atrás resolvieron con diligencia un caso complicado les encargan que se ocupen también de este. Un joven, de etnia gitana, quizás extranjero, con un impacto en la cabeza. El cadáver se encuentra sentado bajo un árbol en un viñedo, y lo curioso es que en plena época de recolecta no se vea a nadie por los alrededores trabajando. No tendrán que indagar demasiado para descubrir que hay inmigrantes ilegales participando en la campaña de recogida de ese año, que nadie quiere hablar acerca de quién trafica con ellos, y que el terrorismo yihadista se entremezclará con aquel otro que asoló nuestro país desde un poco más al norte de Calahorra, ciudad donde se ambienta la historia.

 

Hace tiempo que la novela negra ha hecho las maletas y ha huido de las grandes ciudades. Cada vez más se recurre a poblaciones pequeñas, ambientes rurales, espacios reducidos. La tensión que puede surgir entre dos vecinos de un pueblo no tiene nada que envidiar a los recovecos del alma de un asesino de una capital. Aparecen menos personajes, su trato es más cercano, resulta más fácil reunir pistas, y — si la ficción está bien llevada — no importa que sea menos probable que ocurran según qué tipo de crímenes en según qué tipo de lugares. Francisco Bescós ha reunido todos estos elementos y una serie de temas de plena actualidad social, los ha metido en una coctelera, y con ellos ha construido una de las obras de género que más están dando que hablar este año.

Francisco Bescós

 

El porqué del color rojo es la segunda entrega protagonizada por la teniente de la Guardia Civil Lucía Utrera. Quizá una de las cosas que más sorprenden a las pocas páginas de iniciar la lectura es la fluidez del texto. No arranca con grandes composiciones de lugar, ni con excesivas descripciones de personajes. El autor da por sentado que ya les conocemos, y que no pasa nada si no es así porque lo haremos a medida que avance la trama. Cada una de las frases que componen el libro tiene una frescura desbordante, y el uso del lenguaje es tan preciso que lo único de lo que tienes que preocuparte es de disfrutar del camino. Cada palabra ocupa el espacio que le corresponde en la frase, y la expresividad que consigue da buena cuenta de ello.

 

Por todo ello, si en algunas obras lo que brillan son los diálogos, aquí lo que cobra mayor peso son los párrafos descriptivos. Bescós escoge una mirada muy particular y, en vez de detallar el aspecto palpable de los escenarios, opta por dibujar lo que ese lugar evoca en los personajes. La novela policíaca suele ser un género muy explicativo por esa exactitud que requieren las investigaciones de los cuerpos de seguridad. Es frecuente que podamos visualizar cómo es una escena de un crimen debido a la precisión fotográfica de la narración. Bescós sin embargo ha escogido un enfoque mucho más evocativo que hará las mieles de los lectores más exigentes. Los colores del cielo, el sonido de las campanas de la iglesias, el olor del aire de Calahorra, el entramado de los caminos, el murmullo de los coches que recorren una autopista cercana. Rumores, sabores, texturas, sensaciones. Gracias a ello, la visión de conjunto conseguida es hermosa y son múltiples los sentidos que se benefician con la lectura del texto.

 

Si tuviera que ponerle un pero se lo pondría a esa marcada línea temporal que el autor introduce a golpe de fecha y hora, haciendo dudar al lector de que tantas cosas puedan suceder en tan corto espacio de tiempo. Es un elemento que contrasta por completo con la facilidad con que todo se desarrolla y que he encontrado como algo rígido. Quizá no he sabido comprender la intencionalidad de tanta medición o quizá no le queda clara al lector que se ha dejado llevar por la trama y la prosa.

 

Son muchos los que ya murmuran que esta puede ser una de las obras que opten al Premio Hammett del próximo año, y desde luego no sería extraño encontrarla entre la lista de nominadas. Ya consiguió alzarse con el Premio Pata Negra que otorga el Congreso de Novela y Cine Negro de Salamanca. Ahora solo hace falta que los organizadores de la Semana Negra de Gijón posen sus ojos sobre este escritor asturiano. Le tienen bien cerca.

 

Título: El porqué del color rojo.
Autor: Francisco Bescós.
Editorial: Salto de página (2018).
ISBN: 9788416148615.
Páginas: 315.
Precio: 18,50€.