Partiendo de la base de que incluso hoy en día es tremendamente complicado diagnosticar una enfermedad mental, no quiero ni imaginar lo que debía suponer sufrir algún tipo de psicopatología a finales del siglo XIX. No olvidemos que algunas como la denominada histeria femenina, que encerraba un extraño conglomerado de variados trastornos psíquicos, no fue erradicada como tal hasta 1952. Y es que uno de los grandes avances que nos ha traído el siglo XX ha sido el del estudio de la psique y sus misterios.

 

Esta introducción viene a colación de la historia que os traigo hoy: El papel pintado amarillo. Sí, a pesar de encontrarse publicado de forma aislada es tan solo un relato que no supera las 30 páginas. Imaginad su importancia para que exista una editorial que se haya arriesgado a publicar un texto de tan corta extensión.

 

Su autora, Charlotte Perkins Gilman, era una completa desconocida para mí hasta hace unas semanas, y es una verdadera lástima que un personaje tan importante para la historia no sea más conocido. Gilman fue una de las más destacadas feministas americanas de finales del s. XIX y principios del XX. Aunque es especialmente conocida por este breve cuento, fue una prestigiosa socióloga deudora de las teorías evolucionistas de Darwin, que argumentaba que el papel que han ejercido las mujeres a lo largo de la historia depende más del medio social que de hechos naturales, y por lo tanto es susceptible de poder cambiarse.

 

Gilman no era una mujer corriente. Nacida en 1860 en Connecticut, su padre abandonó a la familia y su madre no fue capaz de hacerse cargo de los hijos. Por ello, se educó en casa de sus tías sufragistas, Isabella Beecher Hooker y Harriet Beecher Stowe (la autora de la conocida obra La cabaña del tío Tom). A pesar de las dudas que tuvo, contrajo matrimonio en 1884. Dudas que provenían de la certeza de saber que un matrimonio implicaba un total sometimiento al marido para una mujer de su época. Y no erró en sus dudas. En 1885 nació su hija Katharine y este parto fue el inicio de su declive debido a una terrible depresión postparto que padeció, y que como supondréis no le fue debidamente diagnosticada ni tratada.

 

A pesar de la larga trayectoria ensayística que desarrolló años después su cuento más conocido es precisamente este, en el que de un modo autobiográfico nos plasma los sentimientos que tuvo en aquella etapa de su vida. Es un relato acerca de la neurosis, de la vivencia en un espacio opresivo, de la decadencia.

 

La protagonista, a modo de diario, nos cuenta su traslado de forma temporal a una casa en el campo, tan solo para tres meses. Se instalará en una habitación amplia y luminosa, pero la narradora percibe que algo no está del todo bien. Su marido no deja de echar por tierra sus presentimientos riéndose de ella, pero claro, «eso es algo que una ya espera cuando se casa«.

 

De un modo sutil pero certero pondrá el dedo en la llaga de unos cuantos temas delicados: el sometimiento a los deseos del marido, la presencia de un bebé del que no puede ocuparse, la incapacidad de su esposo de comprender por qué ella no es feliz. Y ese papel. Ese horrible papel pintado con un dibujo geométrico que no deja de perturbarla. Ella no puede apartar de su mente que hay algo extraño en ese papel, y debido a que se encuentra condenada a un reposo absoluto y a una inactividad mental total por orden médica, su obsesión por lo que esconden las paredes de esa habitación consigue llevarla al extremo de la locura.

 

En su vida real la forma que Gilman tuvo de poder escapar de este lamentable estado de ánimo fue con la separación de su esposo y de su hija, una decisión del todo escandalosa para el momento. Como ella misma nos indica en el postfacio de la narración, escribió esta corta intriga para tratar de salvar a otras mujeres que pasasen por una situación como la suya, para rogarles que de ningún modo siguiesen los consejos médicos si estos consistían en una «cura de reposo», como eran denominadas.

 

¿Os imagináis pasaros horas y horas encerrados en una habitación sin más entretenimiento que el de mirar al techo o a las paredes, cotillear a los pájaros por la ventana o escuchar un absoluto silencio? ¿Sin poder charlar con nadie o tratar de ejercer algún tipo de actividad que conlleve un mínimo de actividad mental? Desde luego tres meses viviendo bajo ese régimen pude acabar con la cordura del más recto.

 

Como no podía ser de otra manera, os recomiendo encarecidamente que le echéis un vistazo a esta pequeña maravilla que desde Contraseña Editorial se han atrevido a publicar. En apenas 83 páginas tendréis el relato en castellano e inglés y una espléndida introducción de donde he extraído todo esto que os cuento, que viene aún más desgranado en el libro. Datos biográficos, análisis pormenorizado de la obra e información acerca de la importancia que este pequeño testimonio escrito ha tenido en la literatura, pero sobre todo en la medicina.

 

* Como os indico más arriba, la obra ensayística de Gilman fue de gran relevancia especialmente para el feminismo. Algunas de sus obras más relevantes son: Mujeres y economía. Un estudio sobre la relación económica entre hombres y mujeres como factor de la evolución social (1898), Acerca de los hijos (1900), El hogar (1903), De ellas, un mundo femenino (1915).

 

** Como apunte curioso del fin de su vida, en 1932 le diagnosticaron un cáncer de mama inoperable y mortal. Trató de llevar una vida normal mientras le fue posible pero, como buena defensora de la eutanasia que fue, escogió poner fin a su vida a través de una sobredosis de cloroformo para poder morir en paz.

 

Título: El papel pintado amarillo (The Yellow Wallpaper)
Autor: Charlotte Perkins Gilman.
Traductor: María José Chuliá
Editorial: Contraseña (2012)
Año de publicación: 1892.
ISBN: 9788493930820.
Páginas: 83
Precio: 9,90€
Ficha en Contraseña Editorial: http://www.editorialcontrasena.es/EL-PAPEL-PINTADO-AMARILLO-book.html