Edward-Hopper-Thyssen

Creo que no hay nadie en este país que no sepa ya que del 12 de Junio al 12 de Septiembre podemos disfrutar de una magnífica retrospectiva de Edward Hopper en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Y es que la campaña mediática ha sido espectacular, aunque no es para menos.

El arte norteamericano es muy difícil de ver en Europa salvo en exposiciones de este tipo que consiguen traer una magnífica muestra de ellas. Podemos disfrutar de magníficas colecciones de nuestro gran arte europeo, pero según nos acercamos al arte del S.XX y al gran despegue del arte norteamericano, la cosa se complica a la hora de ver estas obras en Europa.

 

Faro en Two Lights, de 1927

Faro en Two Lights, de 1927

Hopper (1882-1967) es un gran ejemplo, ya que aunque hay obras desperdigadas en alguna colección europea, el grueso de su obra se conserva en los grandes museos de Nueva York. Lógico y normal teniendo en cuenta que Hopper proviene de allí y que fue donde vivió la mayor parte de su vida, a caballo entre su piso en Washington Square y una casita en Massachusetts.

Edward Hopper desde joven quiso dedicarse a la pintura y para ello ingresó en la New School of Art de Nueva York. Sus padres le apoyaron, pero siempre le aconsejaron que paralelamente desarrollase algún tipo de profesión que le diese de comer, como de ilustrador, trabajo que ejerció varios años aunque siempre manifestó que era un trabajo que no le gustaba nada.

Como buen artista de la época, viajó a París donde vivió un año y conoció a los artistas de la época, llegando a admirar especialmente a Degas y sus tiernas composiciones de interiores. Viajó por Londres y Amsterdam, no para estudiar en ninguna de estas ciudades, sino para recorrer exposiciones y conocer el arte que se hacía en Europa. No le impresionó especialmente, excepto alguna obra o artista en especial: Degas, Friedrich, Turner, Corbet… Es decir, estilos mucho más clásicos a los que se ejecutaban en esos años, ya que estamos hablando de 1907 – 1908 (años en los que, por ejemplo, Picasso pintó «Las señoritas de Avignon»)

 

Sombras nocturnas, grabado de 1921

Sombras nocturnas, grabado de 1921

 

Aunque tardó unos pocos años en despegar, finalmente empezó a ser conocido, a vender su obra y a ser reconocido en vida, lo que sabemos que es un gran privilegio, ya que le permitió abandonar la ilustración de la que «comió» en sus primeros años de artista para dedicarse por entero a la pintura. Dicen que era tan meticuloso que pintaba unos 4 cuadros al año en sus últimos años.

Acerca de su estilo pictórico, está claro que no tiene demasiado relación con lo que se hacía en la época. El expresionismo despuntó en Alemania, el cubismo fue una revolución en Europa y poco después llegó la abstracción a todo el mundo. Sin embargo, Hopper persistió en su estilo realista, de escenas costumbristas, representando la vida norteamericana con gran precisión. Eso si, la vida que a él le interesó retratar, porque vivió el crack del 29 y no vemos obras relacionadas con este gran hecho histórico, y más teniendo en cuenta que vivía en Nueva York en ese año.

A destacar, los grabados que realizó en muchas ocasiones a modo preparatorio para sus cuadros, de gran calidad y con una buena calidad en el uso de las sombras. En algunas de sus primeras obras podemos ver un punto de vista en el cuadro desde un punto elevado, influencia de los impresionistas, pero enseguida adoptó el encuadre desde un punto de vista muy bajo que le siguió toda su vida.

 

Sol de la mañana, de 1952

Sol de la mañana, de 1952

Sobre los temas que escogió, son típicas sus escenas de interiores de viviendas, con una frialdad muy característica en la relación de los personajes, que apenas se relacionan entre sí, y lo más destacable son sus encuadres, más propios de la fotografía o el cine que de un cuadro. Según el propio Hopper, pintaba exteriores en los interiores, porque en sus escenas de interior siempre vemos algún elemento que nos conecta con el exterior de la vivienda a través de una ventana o cristalera, con los retratados mirando hacia afuera en muchas ocasiones, con lo que nos hace plantearnos qué están contemplando. Introduce elementos en el cuadro que no vemos, y sin que nos percatemos de ello. Como en sus cuadros de faros, en los que no aparece el mar por ninguna parte, pero nosotros «lo vemos»

 

Retrato de Orleans, de 1950

Retrato de Orleans, de 1950

Aparecen muchos personajes solitarios, tanto si están representados solos como si están acompañados. A pesar de ello, en estas típicas escenas de Hopper, tenemos 3 elementos destacados: el retratado (que en el caso de las mujeres, se trata en su mayoría de la esposa del propio Hopper que fue su modelo toda su vida), el escenario de interior / exterior, y la luz. Fue un maestro a la hora de tratar la luz y representarla en sus cuadros, tanto que llegan a cobrar tanto protagonismo como los propios personajes.

También son muy famosos sus cuadros del paisaje rural de Estados Unidos, porque a pesar de vivir en Nueva York en la época de la construcción de los rascacielos no pintó ni uno en toda su vida. Todas las viviendas que retrata son de poca altura, incluso en algunas tenemos como punto de referencia alguna farola cercana o poste de teléfonos que nos dan esta referencia. Le dio importancia a elementos que con los años se han convertido en símbolos del desarrollo de la época, como los surtidores de gasolina, los postes de teléfonos, las vías de ferrocarril… Son anecdóticos en sus cuadros, pero los suele colocar en lugares difíciles de evitar fijarse, aunque a veces no nos demos cuenta de ello.

 

Cine en Nueva York, de 1929

Cine en Nueva York, de 1929

Por último, destacar las obras en las que representó cines y teatros, sin luz natural y con un magnífico uso de las luces y las sombras. Los encuadres son brillantes, nada convencionales, en momentos con poco público o con una sola persona. Sólo las butacas o los cortinones nos indican qué lugar está representando. Para mí la genialidad de estas obras está en el punto de vista que escoge, que es uno de los que ha influido tanto en el cine de su época, tanto que dicen que la influencia fue recíproca y que fue tan importante cómo influyó él, que lo que el cine le influyó en su obra.

Como veis, poco os he hablado de la exposición, ¿no? Me lo guardo para el final.

Casa junto a las vías del tren, de 1925 (¿No os recuerda a la casa de Psicosis? Hitchcock se inspiró en ella)

Casa junto a las vías del tren, de 1925 (¿No os recuerda a
la casa de Psicosis? Hitchcock se inspiró en ella)

La selección de obras me ha parecido magnífica. Muy representativas de todas las características que os he enunciado, y agrupadas por bloques temáticos, no de modo cronológico como suele ser habitual en estas retrospectivas. Pero es que el estilo de Hopper fue tan fiel e inalterable a lo largo de su vida, que creo que es un modo estupendo de agruparlas para que veamos en bloques los temas que trató a lo largo de su vida. La cantidad de obras es brillante por lo que os comento, porque es difícil encontrar obras de este autor en Europa, de hecho es un privilegio que la colección Thyssen tenga el famoso cuadro «Habitación de hotel», que es el que abandera la exposición. Lo que más me ha llamado la atención ha sido la pincelada del artista. En las fotografías da la sensación de que el dibujo prima sobre la traza, pero nada que ver. De cerca podemos ver el gran uso que hace de la pincelada para transformarla en dibujo y tratarla a su antojo para lograr el color y la luz que deseaba.

 

Al final de la exposición podemos ver notas de Hopper en las que podemos ver que antes de pintar el cuadro tenía muy claro el color que quería aplicarle, no había mucha improvisación. Hacía decenas de dibujos preparatorios, sabía de antemano qué tipo de azul quería para el cielo, o de rosa para el vestido. Una minuciosidad asombrosa. Desde luego, las obras pictóricas no tienen ni parecido de una fotografía al cuadro real, con su color, sus líneas, su carga de pintura en cada tramo, su modo de aplicar el blanco para dar luz y claridad… Mil detalles que solo pueden apreciarse en directo. Os habría subido decenas de fotos para que pudierais ver en imágenes todo lo que os cuento, pero por falta de espacio y por no aturullaros escogí esta por ser representativas de su estilo y de los elementos destacables que os cuento.

 

Por lo tanto, ahora que os queda menos de un mes, os aconsejo que los que podáis os acerquéis a ver esta magnífica exposición. Es necesario concertar hora previa por teléfono o Internet, muy aconsejable para evitar las aglomeraciones que aún así se dan en la exposición. Fijaos bien en cada una de las obras, dedicadles una tarde, y disfrutad.

 

Ferrocarril en el ocaso, de 1929.

Ferrocarril en el ocaso, de 1929.

 

*EDITO para informar a los que aún no habéis ido, que esta mañana el Thyssen a publicado en Google Play una aplicación con el Audioguía de la Exposición. Me parece una iniciativa muy buena, ya que puedes escucharla cuantas veces quieras, y es muy útil si vas más de una vez a la exposición.Eso si, el precio es de 1,99 €.
Este es el enlace: