Es sábado, y son las 14:00 de la tarde y no estás. He encendido la radio un ratito antes como cada sábado, para escuchar el arranque de tu programa y he escuchado la voz de Manolo Fernández anunciado que a continuación comienza A todo jazz, pero un A todo jazz que ya nunca será lo mismo. Porque te has ido. Hoy no has llegado como siempre con el tiempo justo a la emisora, ya no podremos volver a escucharte en directo.

 

Hoy he salido de clase como cada sábado sobre la 13:30. He puesto uno de los podcast de tu programa al azar, para pasear por las calles grises de mi ciudad con la melodía de la música y la de tu voz. He caminado golpeando con los dedos de una mano mi carpeta al ritmo del contrabajo, con la otra chasqueando los dedos al ritmo de los platillos, y canturreando la melodía desenfrenada del piano. Sí, la gente me miraba al pasar. Pero sonreían al verme así.

 

He de decirte que sido una mala semana, una de esas para tachar del calendario, colmada de decepciones y de malos momentos, de soledad en muchos aspectos y de incomprensión. Y para colmo, te has ido. No podría contar la de veces que un programa tuyo ha conseguido arrancarme una sonrisa, con tus “tinki tins” y tus explicaciones colmadas de onomatopeyas para que todos reconociésemos a cada artista. Fechas, locales, productores, músicos. Una verdadera enciclopedia de la música jazz. E incluso hoy, con los ojos empañados por las lágrimas, también lo has conseguido.

 

Siempre me ha encantado imbuirme en tu programa, hacer que todo el mundo que me rodea desaparezca con el embrujo de la música que nos ponías, ir aprendiendo sobre técnicas y ritmos. Son muchas, muchas, las horas que he pasado en tu compañía. La magia del siglo XXI me permite tener mi iPod cargado con decenas y decenas de tus programas. Tengo mis favoritos por supuesto, algunos los he escuchado en muchas ocasiones. Y tengo discos en mi casa gracias a tus programas.

 

Soy muy novata en esto del jazz. Reconozco que simplemente me dejo llevar, escucho y disfruto. No retengo nombres, ni técnicas, tan solo gozo con el ritmo de la música sin más complicaciones, sin tratar de comprender ni de entender. El placer por el placer.

 

Cifu, ¿sabías que te has ido un martes, como se fue también Juan José Plans? Parece que mis referencias radiofónicas escogéis mi día maldito de la semana para desaparecer. Nunca he creído en el cielo ni en el más allá, pero espero que estés bien rodeado en estos momentos. De Ellington. De Coltrane. De Davis. De Parker. De tantos y tantos que nos enseñaste a disfrutar y a apreciar. La lista sería enorme.

 

No tengo palabras para agradecerte todo lo has hecho por mí, por lo que has hecho por tantos de nosotros. Gracias, Cifu. Por todo.