Para un amante de los libros y la literatura ir a la Feria del Libro es como ir a un parque de atracciones. Y como sucede con estas cosas, tienes dos vertientes. Por un lado, si eres de provincias, de una ciudad pequeña y con poco presupuesto, ir a la Feria del Libro de tu ciudad es como ir a las atracciones de las fiestas patronales: año tras año son las mismas atracciones, el que se monten en 3 o 4 días te hacen sospechar de la calidad de las instalaciones, y todo suele estar plagado de gente que solamente va a pasear. Cuando vas a la Feria del Libro de una ciudad como Madrid, es como plantarte en un Parque de Atracciones en mayúsculas, en un parque temático de la literatura y la cultura: las atracciones son grandes y te dejan con la boca abierta, el mantenimiento que se hace de ellas te da otra confianza, y también hay miles de personas que solo se montan en lo mismo cada año sin atreverse a esa atracción que te deja boca abajo y te da la vuelta al estómago.

 

Muchas son las críticas que he leído ya en este primer fin de semana de Feria. Pero a mí no me convencen de que es algo malo. Este ha sido el primer año que me he acercado a la capital para vivir esta feria, y los que venimos de otra dimensión – como son las diminutas ferias del libro de provincias – hacen que te sientas como Paco Martínez Soria con la gallina debajo del brazo cruzando la Puerta de Alcalá. Acostumbrada a una feria que dura de 7 a 10 días, en que las firmas son en un 95% de autores de la localidad (lo cual no es tampoco malo, pero se agradece que venga alguien de fuera), con las 8 casetas de las 8 librerías que sueles visitar a menudo, solo con las últimas novedades en ellas, toparte con este despliegue que he visto en el Retiro me ha dejado anonadada.

 

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Para los novatos como yo, toparte con una caseta en la que puedes encontrar prácticamente todo (si no todo) el fondo de una editorial es un espectáculo digno de ver. Todos esos libros que repasas en la web, que llegas a saber de memoria en algunas ocasiones, al alcance de tu mano. No tienes que encargarlo, ni esperar días o semanas por ellos en tu librería: los tienes todos delante. Y con el mágico añadido de toparte con el editor de todos ellos que de un modo apasionado te explica quién es el autor, por qué se escogió para publicar en esa editorial, qué tiene de diferente respecto al resto… Y ver a gente llevarse hasta 4 libros porque el editor ha logrado convencerle.

 

No menosprecio en absoluto el trabajo de los libreros con esta apología a la labor que ejercen los editores en la feria. Los libreros se ven ahogados por una ingente cantidad de novedades semana tras semana y es imposible leerlo todo. Sin embargo, el editor sí se ha leído su fondo, sí puede explicarte cómo llegó a ese libro para que lo publicasen. Es una visión que no tiene nada que ver, y el contacto directo que tienen ellos estos días con los lectores también les ayuda a ver qué tipo de libros despiertan más interés.

 

Por supuesto, uno de los atractivos para la inmensa mayoría es el tema de las firmas. Y por supuesto la longitud de la cola suele ser inversamente proporcional a la calidad del autor o de la obra que firma. Las largas colas están en los mediáticos, en aquellos que salen por la tele y a los que todo el mundo reconoce, aquellos que no necesitas leer su nombre en el letrero que tienen sobre ellos para saber si quien está sentado ahí es un librero o un autor. Ese tipo de fenómenos no van a variar, por desgracia los grandes sellos se alimentan económicamente de esos libros que en menos de un año nadie recordará. Y ese tipo de cosas hacen que la Feria se convierta en una feria de las otras, de las de obtener peluches a cambio de buena puntería.

 

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Es una lástima que las casetas donde más gente ves son las de las librerías en que encuentras un poco de todo, esa librería generalista que solo lleva a la feria las novedades porque sabe que de otro modo nadie se acercará a la caseta. Menos gente encuentras en las librerías especializadas, y menos aún en las casetas de las editoriales, aunque con claras excepciones.

 

Creo que la Feria es una magnífica herramienta para las pequeñas editoriales de darse a conocer. Somos una minoría los que adoramos los libros como objeto, es cierto. Pero los lectores como nosotros, disfrutamos viendo el tipo de ediciones que tiene la editorial, qué títulos han seleccionado para publicar, nos acercamos a hablar con ellos, y muchos hasta nos llevamos sus libros.

 

Es cierto que en muchos aspectos es solo espectáculo y un motivo de hacer caja a cualquier precio. Pero para quien esté dispuesto a mirar más allá, descubrirá un templo de sabiduría, de cercanía a la cultura, de conversaciones sobre literatura, sobre edición, sobre distribución. Y al menos desde mi punto de vista, eso lo convierte en un lugar mágico.