Sangre fría, de Claudio Cerdán (2015)

 

¿Alguien más en la sala se ha preguntado alguna vez por qué en las películas de zombis solo se salvan los buenos? No solo son más guapos, más listos y tienen un empleo mejor, sino que se salvan del ataque de los zombis. Un Brad Pitt, con unos niños monísimos, un trabajo de catálogo en la ONU, una mujer que le adora, y una inteligencia por encima de la media.

 

Pero, ¿qué pasaría si los que se salvan del Apocalipsis zombi son una pandilla de delincuentes gitanos? No, no estoy de broma. Es la premisa que Claudio Cerdán nos plantea en su libro Sangre Fría para hacernos pasar un par de tardes muy divertidas, y con moraleja incluida.

 

Perrolobo sale de la cárcel y lo hace cuando nadie contaba con ello. Le han soltado antes de tiempo y no le esperan ni en casa ni en el barrio. Todos se muestran sorprendidos de esa liberación por motivos que desconocen pero que poco a poco irán descubriendo. Lo primero que debe hacer es visitar al canciller. No por gusto, tienen cuentas pendientes. A Perrolobo le metieron en la cárcel por un golpe fallido y amañado en que él era el cabeza de turco. Y a pesar de los años transcurridos, el canciller no le perdona el coste de la droga que perdió en el golpe y le exige recuperarla. O eso, o matará a su hijo. Sin concesiones.

 

Así que no le queda otra que hacer lo que mejor se le da: organizar un golpe para conseguir la pasta que le debe. Para ello recurrirá a sus antiguos colegas del barrio y organizan un atraco a un furgón blindado un Jueves Santo, entre nazarenos y una ciudad más preocupada por las procesiones que por lo que pueda ocurrir a las puertas de un banco. Pero algo sale mal y no al estilo convencional. No es que los responsables del furgón se nieguen a rendirse o que alguno de los de la banda meta la pata. El problema radica en que la ciudad comienza a plagarse de zombis y el atraco se ve frustrado por el ataque de muertos vivientes.

 

Y me preguntaréis, ¿pero esto funciona en la novela? Sorprendentemente, sí. En el momento que la trama negra de venganza del canciller y de Perrolobo se ve interrumpida por las dentelladas de un caminante, en mi mente no dejaba de rondar una pregunta: ¿por qué? La novela, como novela negra, hasta ese punto funciona a la perfección, tiene un punto de intriga que no te deja abandonarla, la trama de la venganza es sólida. ¿Para qué zombis? El por qué de las intenciones originales de Cerdán lo desconozco, pero con la introducción de este elemento convertimos una novela negra en una novela de aventuras.

 

Con la pandilla de Perrolobo iremos de local en local, de casa en casa, viviendo las situaciones más insólitas. Tropezarán con Mari Pili Z que tiene un fallo como caminante fundamental, se colarán en el piso de 3 frikis encerrados y jugando que desconocen que la ciudad está asolada por zombis (y precisamente ellos son expertos en el tema), recurrirán a un despojo humano experto en armas ambientado con olores de peor calaña que la de los propios no muertos. Aunque no he leído demasiadas novelas de zombis, el planteamiento es similar a las películas que he visto (con guiños en la trama a 28 días después, Rec o Guerra Mundial Z). El toque de gracia lo proporciona la introducción del humor. Precisamente en este tipo de historias es el terror el que predomina, y supuestamente los chistes de una banda de delincuentes malhablados no tiene cabida. No llega a ser de esas novelas con las que te ríes a carcajadas, pero sí de esas con las que te diviertes durante su lectura, y mucho además.

 

La gracia del asunto está en las elecciones que Cerdán hace. Si te fijas con atención, verás que la mano derecha de Perrolobo es su cuñado, con la mala fama que tienen los cuñados en las familias españolas. Como ejemplo de hijo estudioso y de buen comportamiento escoge al hijo de un gitano de la peor calaña, maltratador y violador. Las novelas de zombis deben ser ordenadas, como se nos apunta en una de las explicaciones de un experto en el tema, y deben arrancar con los zombis dominando el mundo. Sin embargo, en esta novela los capítulos están desordenados numéricamente (aunque están todos, os lo confirmo) y con ese arranque bien podría pasar por otro tipo de novela.

 

La intención del autor es clara: desmontar cliché tras cliché. No tan solo dentro de las novelas del género, sino incluso dentro de nuestra sociedad. No puede ser que el héroe de la novela flaquee y sienta agujetas por la falta de forma física, no puede ser que en un Apocalipsis zombi alguien esté más preocupado por la ausencia de droga o tabaco que de que le arranquen un brazo de un mordisco, no puede ser que las rivalidades y afrentas personales que había con anterioridad al desastre continúen así se esté derrumbando el mundo a tu alrededor.

 

Los zombis se convierten solo en el escenario. Son silenciosos, si no perciben alguien a quien devorar o un fuerte ruido no acuden a tu encuentro, no respiran, se arrastran lentamente. Son tan solo un telón, no son el hilo conductor, no son los protagonistas. Y eso aporta otro cliché más desmontado: una novela de zombis en la que el motivo central no son los zombis.

 

Con esta novela Cerdán ha subido otro escalón más. La narrativa ha progresado, la trama ha mejorado y el estilo está mucho más depurado. Tengo curiosidad por saber qué opinan los lectores de género, si la historia les ha convencido, sin la consideran apropiada para el género. Para los profanos en la materia os aseguro que Sangre Fría es una gran novela al alcance de todo tipo de lectores. Olvidad las etiquetas y dejaos llevar. Os aseguro que merece la pena.

 

 

Título: Sangre Fría.
Autor: Claudio Cerdán.
Editorial: Dolmen (2015)
ISBN: 9788416436149
Páginas: 345.
Precio: 17,95€
Ficha del libro en Dolmen: http://www.dolmeneditorial.com/sangre-fria/
Página web de Claudio Cerdán: http://claudiocerdan.com/

 

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