Mr. Frankie vuelve al barrio de Barcelona que le vio nacer. Esa Barcelona que no sale en las guías para turistas, con ropa colgada de las ventanas y niños jugando en las calles. Esas calles donde es mejor no aventurarte de noche, ni aún siendo del barrio. Vuelve al domicilio familiar, con su padre. Y desde el momento que cruza el umbral, se convierte en Francis, en aquel muchacho conflictivo adicto a las drogas que sumió a su familia en una constante preocupación.

 

Mr. Frankie llegó a actuar en el Màgic a finales de los 80. No fue nadie, pero era alguien. Durante mucho tiempo vivió cada día como si fuese el último, una vida al límite, sin miedo a nada. Y eso pasa factura. Por eso debe volver a su barriada con 50 años ya, a la casa de un padre que intentó ser buena persona pero no lo consiguió. Hay lugares que marcan nuestro carácter, y si quieres dejar atrás esa vida, debes dejar atrás el lugar que te vio nacer.

 

Francis está cargado de buenas intenciones. Tiene en pocas semanas un juicio, con su mujer, con sus hijos. Y necesita dinero, demostrar que puede hacerse cargo de ellos, que no tienen por qué pasarse la vida avergonzados de su padre. Que puede cambiar, levantarse temprano para currar cada día, llevar un sueldo a casa y ser una persona respetable. Pero no es tan fácil. Porque él fue Mr. Frankie. Porque fue alguien, fue rockero, tocó sobre un escenario y llevó una vida al límite.

 

“Estás loco.
Deberías haberte matado antes de los veinte.
Dormirías mejor ahora.”

 

Le pide ayuda a su hermanastra Marisol para que le consiga un curro. Resulta que está liada con un pez gordo, don Damián, el dueño de un bingo y a su vez un hombre con contactos. El problema es que aparte de estar con don Damián, también está con Xavi, y eso por narices tiene pinta de acabar muy mal. Francis consigue un trabajo, empieza a llevar una vida normal, se acerca a su hijo mayor… Pero ese dinero que gana empieza a quemarle en el bolsillo.

 

“Podría irse. Decir que se abre o mejor, largarse sin decir nada. Pero sabe que no lo hará. Ese estúpido e inquebrantable código de barrio de no echarse atrás. De aguantar más que el otro. Chutarse con lo que sea. Beber lo que se dice que no es posible beberse. Que nadie, en la calle, pueda decir que tú, precisamente tú, te rajaste.”

 

Yo fui Johnny Thunders es una de esas novelas que te cuentan una historia miserable de una forma soberbia. Si alguien te dice de qué va la novela, y no sabes que tras lo que te cuenta está la pluma de Zanón, lo más probable es que salgas huyendo. Otra novela de desheredados, otra de barrio que tan de moda están ahora, otra de droga, otra de miseria. Pero empiezas a leer y te encuentras con una obra maestra. Por lo que te cuenta y por cómo te lo cuenta. Por el modo de narrar que escoge y por la forma de encadenar los hechos. Por esa alternancia entre Francis y Mr. Frankie, por plasmar dos formas de sentir en un solo cuerpo, en un solo ser.

 

En Yo fui Johnny Thunders hay droga, alcohol, sexo, violencia y rock & roll. Suena todo muy arquetípico, pero no hay nada de eso, no se adapta a ningún molde establecido. En ningún momento sientes que es una novela de tantas, que ya has leído sobre eso, que no te cuenta nada nuevo. Es una de esas novelas que hacen que se te encoja el estómago, que empatices con el protagonista aunque hayas vivido toda tu vida en una zona pija, que entiendas las miserias y los fantasmas que colman las afueras. Y si eres de barrio aún es peor, porque conoces a mucha gente en esa situación, has visto caer a muchos por culpa de la droga, sabes de alguno que acabó en la cárcel, tus compañeras de colegio ya tenían 3 hijos cuando tú terminaste la universidad. Personas que siguen viviendo en la casa de sus padres, o como mucho a pocos metros de ellos, en esos distritos donde de noche se encienden menos farolas que en el resto, donde nunca asfaltan las calles, donde los pizzeros se niegan a repartir o donde el bus nunca pasa. Descampados con sofás y coches destartalados, pintadas en los muros, jeringuillas en los suelos y restos de condones usados.

 

“Y a pesar de eso, la tentación, otra vez, la tentación. Ese me dan igual Dios, mis ojos, mi pueblo, mi libertad. Te quiero a ti. A ti. Quiero el tigre que escondes en tu cuerpo. Despertar con los labios de tu piel morena. Que el fin de los tiempos ocurra entre tus piernas y mañana ya hablaremos. El deseo es saber que si te vuelves a drogar, lo jodes todo, lo pierdes todo. Y, a pesar de eso, te vuelves a drogar.”

 

Así es Yo fui Johnny Thunders, un espejo de esa parte de las ciudades que nadie quiere conocer, un reflejo de la forma de ser y de pensar de esas gentes que no aspiran a un futuro mejor porque saben que a ellos les está vetado. Y narrado de una forma magistral. Bravo, maestro.

 

 

Título: Yo fui Johnny Thunders.
Autor: Carlos Zanón.
Editorial: Serie Negra. RBA (2014)
ISBN: 9788490560082
Páginas: 320
Precio: 18€
Ficha del libro en Serie Negra: http://www.serienegra.es/articulo/novelas/nuevos_autores_novela_negra/1361/fui_johnny_thunders.html