Como ya os adelantaba en la lista de mis lecturas favoritas de 2015, llegué a esta novela gracias a Jim Thompson. Bueno, en realidad gracias a Robert Polito y su magnífica biografía del maestro en Arte Salvaje.  En ella nos descubre que Willa Cather con Uno de los nuestros influyó en Thompson a la hora de abordar El trueno y cómo mostrar la forma de vida de un sitio tan recóndito como Nebraska. Y no solo influyó en Jim Thompson. Detrás de él vino también Eudora Welty (La hija del optimista es simplemente brillante, y Las batallas perdidas es magnífica), así que había que leer a la buena de Cather.

 

En Uno de los nuestros nos cuentan la vida de la familia Wheeler. Nuestro protagonista es Claude, un muchacho que ha crecido en una granja de Nebraska. No le gusta su apariencia, ni su absurdo nombre. Su familia estaba chapada a la antigua, ya que su madre creía que bailar y jugar a las cartas eran formas peligrosas de pasar el tiempo. […] La palabra “sofisticación” era otra forma de decir “maldad”. Era una de esas mujeres que consideraban que pensar era peligroso, que era mucho más adecuado seguir el curso de la vida como si estuviese escrito por el destino.

 

Por lo tanto Claude vive dentro de una burbuja de aislamiento rural hasta el momento que comienza a ir a la universidad. Aunque acude a una universidad católica donde la enseñanza no destaca por su calidad, se apunta a un curso de historia donde un magnífico profesor le enseña a pensar por sí mismo y a abrir su mente al mundo. Además de esto, entabla amistad con una familia liberal de inmigrantes alemanes que serán quienes le hagan soñar con una vida alejada de la granja, rodeado de personas inteligentes, amantes de la cultura y que le proporcionan charlas y conversaciones que le hacen sentir que forma parte de algo más grande.

 

Cuando cree que por fin su vida podrá dar un giró, que podrá hacer cosas importantes y ser alguien, su padre le descubre que tiene unos planes muy diferentes para él en la vida: debe encargarse de la granja familiar, de los cultivos, del mantenimiento del terreno. Claude ni se plantea rebatir una orden de su padre y su vida mantiene la misma dirección que ha tenido desde su nacimiento.

 

– ¿Qué vas a hacer dentro de un tiempo, Ernest? ¿Tienes intención de trabajar la tierra toda tu vida?
– Naturalmente. Si hubiera aprendido un oficio, me dedicaría a ello a estas alturas. ¿Por que preguntas algo así?
– ¡Ah, no lo sé! Supongo que la gente debe pensar en el futuro alguna vez y tú eres una persona muy práctica.
– El futuro, ¿eh? – Ernest cerró un ojo y sonrió -. Eso son palabras mayores. Después de tener mi propio hogar y de haber sentado la cabeza, iré a casa a ver a mis viejos algún invierno. Quizá me case con alguna chica agradable y la traiga aquí.
– ¿Eso es todo?
– Es suficiente si todo sale bien, ¿no?
– Quizá, pero no bastaría para mí. Creo que nunca podría adaptarme a nada. ¿No tienes la sensación de que llegados a este punto no hay mucho más que merezca la pena en ello?
– ¿En qué?
– En la vida en general, en continuar como estamos. ¿Qué sacamos de todo ello? Coge un día como este: te levantas por la mañana y te alegras de estar vivo; es un día lo suficientemente bueno para hacer cualquier cosa y estás seguro de que algo va a pasar. Bueno, ya sea día de trabajo o festivo es lo mismo al final: por la noche te vas a la cama y nada ha pasado.
– ¿Pero qué es lo que esperas? ¿Qué puede pasarte, excepto en tu propia mente? Si termino el trabajo y consigo una tarde libre para ver a mis amigos como esta, para mí es suficiente.
– ¿Lo es? Bueno, si solo tenemos una oportunidad, me parece que debería pasar algo…, no sé, algo espléndido en la vida alguna vez.

 

Sin haceros un gran spoiler, ya que se indica en la contraportada del libro, un acontecimiento provocará una vía de escape en su vida: en Europa estalla la I Guerra Mundial. En muchos momentos de mi vida he tenido la sensación de los norteamericanos tenían tendencia a participar en guerras en las no tenía demasiado sentido que estuviesen allí. Sin embargo en Uno de los nuestros aprecias un punto de vista diferente. Estamos a principios del s. XX y aunque cueste visualizarlo en EEUU aún se estaba forjando el país que conocemos hoy en día. Los habitantes de muchas regiones seguían siendo pioneros que acababan de llegar buscando una forma de ganarse la vida. Por lo tanto, eran hijos o nietos de alemanes, de franceses, de holandeses, de belgas. Cuando leían en los periódicos día tras día que la guerra estaba arrasando Europa la sentían como algo propio, ya que muchos de sus parientes aún vivían en esos lugares. Y por lo tanto, ese sentido de honor, de querer defender el terreno como propio era sentido como algo muy legítimo. No podían dejar a Europa a su suerte, debían arrimar el hombro y hacer lo posible porque no se destruyese una cultura y una forma de vida que había provocado que ellos fuesen quienes eran.

 

El personaje de Claude es uno de esos que sé que perdurarán en mi memoria. Quizá no sea el arquetipo de protagonista fuerte y con carácter. Es más bien un antihéroe. Es un hombre que decide adaptarse a lo que le toca vivir, que no es rebelde ni lucha contra las mareas. Es un hombre corriente, que obedece los deseos de su padre y que renuncia a sus sueños por hacer lo que debe hacerse. Es exactamente como la mayoría de nosotros: un hombre con un fuerte sentido de la responsabilidad con miedo a tomar decisiones arriesgadas, con pánico a equivocarse, que escoge el camino “fácil”: aquel que le marcan los que le rodean.

 

Y quizá por ello su lectura sea de las que te marquen, porque te ves más reflejado en él que en aquellos con valor para plantar cara a las imposiciones. Y padeces su frustración, su dolor, su profunda tristeza por ver que la vida se le escapa de las manos, que nada cambia.

 

Willa Cather tiene una prosa sencilla, pero no simple. Sabe transmitir de una forma muy accesible todo lo que Claude piensa, siente y padece. En ocasiones desgranando cada uno de sus pensamientos, en otras tan solo a través de sus reacciones. Para mí ha sido uno de los descubrimientos del año pasado y ha ascendido puestos hasta posicionarse como una de mis autoras de referencia. Su obra traducida está un poco dispersa, aunque Alba Editorial tiene varios de sus libros editados. Impedimenta tiene otra de sus novelas publicadas. Recientemente Cátedra ha reeditado La casa del profesor, lo que indica que hay editoriales que apuestan por ella a pesar de no ser demasiado conocida en nuestro país. Podéis ver más reseñas de sus novelas en el blog de @Tabuyo93, en este enlace:
http://contandoteunlibro.blogspot.com.es/search/label/Willa%20Cather. Espero os animéis a descubrir su obra porque os aseguro que merece la pena.

 
*Si después de todo lo que os he dicho aún no salís corriendo a comprarla, os informo que Willa Cather ganó el Premio Pulitzer por ella en 1923.
 

Título: Uno de los nuestros (One of Ours)
Autor: Willa Cather.
Traductor: Beatriz Bejarano del Palacio.
Editorial: Nórdica libros (2013)
Año de publicación: 1922.
ISBN: 9788492683437.
Páginas: 504.
Precio: 22,50€.
Ficha del libro en Nórdica: http://www.nordicalibros.com/ficha.php?id=242