Hace días que el cartero ha descubierto que alguien está tratando de comunicarse con Henry Gamadge de una manera muy especial. Cuando realiza su reparto en la mansión de los Fenway, ha observado que alguien está arrojando bolitas de papel entre la zona situada entre las escaleras de la entrada y la puerta de servicio. Al desplegar los sobres de papel ha visto el nombre de Gamadge, y se los ha hecho llegar. Los extraños envíos se producen siempre en el reparto de la mañana, y está claro que si alguien ha escogido comunicarse así es porque no le queda otra vía para hacerlo.

 

Por ello, Gamadge mueve sus hilos para concertar una cita con el señor Fenway con la excusa de querer visitar su fabulosa colección de libros. Nada parece sospechoso: Henry Gamadge no solo es un conocido bibliófilo, sino que ha publicado varios libros sobre estos temas. Blake Fenway le mostrará orgulloso su colección, pero le advertirá que en esa casa tan solo tienen una parte de los volúmenes. Desde hace un tiempo está trayendo sus libros desde Fenbrook, la mansión familiar desde hace generaciones. Aprovechando la visita, le realizará una consulta a Gamadge, ya que lleva varios días preocupado por la desaparición de un grabado de uno de sus libros de vistas. Curiosamente, un grabado de la propia mansión Fenbrook. Nuestro detective se ofrecerá a ayudarle a buscarlo: será la excusa perfecta para poder visitarle y así averiguar quién es la persona que está enviándole esos extraños mensajes.

 

Si la trama ya parece compleja entre tantos familiares viviendo en la mansión, la enredará aún más cuando Gamadge y uno de sus ayudantes visiten Fenbrook para tratar de averiguar si el grabado desaparecido se extravió al llegar a la ciudad o si es probable que la pérdida aconteciese ya en Fenbrook. Allí conocerán a Hilda, una joven al cargo de la gran biblioteca del caserón y que prácticamente vive recluida, junto con dos criados, en un paraje recóndito para custodiar la extensa colección.

 

Daly parece no tenerle miedo a nada en sus novelas. Si en Nada podrá salvarme introducía fenómenos paranormales y salía airosa del paso, en Una dirección equivocada tendremos a un personaje con discapacidad intelectual. Y a pesar de la fecha de publicación de la novela, el tratamiento del mismo no hace que nos llevemos las manos a la cabeza: es un miembro más de la familia que sí es tratado con un exceso de protección, pero nunca menospreciando su valor humano. Es cierto que dicho personaje pertenece a una clase social adinerada, pero no olvidemos que en esos mismos años se estaban realizando eutanasias masivas a individuos de la sociedad que por uno u otro motivo no podían valerse por sí mismos (sí, se escogió el término eutanasia para ese tipo de actuaciones, a pesar de que poco tienen que ver con lo que hoy en día entendemos por ello).

Casi puedo imaginarme a Henry Gamadge ahí leyendo y estudiando sus volúmenes

Con estas dos líneas argumentales, las inquietantes notas anónimas y la desaparición del grabado, Gamadge descubrirá que ambos misterios están interconectados y tratará de conocer y tratar por igual con todos los miembros de la familia para hacerse una idea de los motivos que podrían tener para haber sustraído la hoja del libro o para haber enviado una nota de socorro al detective.

 

Daly, como os contaba en su biografía, era una gran amante de los puzzles y los misterios, y eso se aprecia perfectamente en las descripciones que realiza en sus novelas de las mansiones: dónde está cada habitación, quién ocupa cada una. Introduce desvanes misteriosos, pasillos ocultos, montacargas desconocidos. No puedo evitar sentir fascinación por este tipo de ambientes y viajar a mi infancia con los misterios de Los cinco o de Los siete secretos. No se puede negar que Daly poseía una gran imaginación para este tipo de ambientes, y sobre todo hay que admitir que la construcción de sus tramas es impecable. No hay recovecos ni trucos de chistera. Todo sucede por una razón y se preocupa de dejar claro cada uno de los puntos del misterio que nos plantea.

 

Aquellos enfermos maniáticos de leer las series de detectives en el orden en que fueron escritas o publicadas originalmente, como me ocurre a mí, se alegrarán de saber que aunque esta sea la séptima entrega, es una novela autoconclusiva y que se puede leer sin miedo de necesitar un conocimiento previo de los personajes o del tipo de ambientaciones que construye la autora. A pesar de que soy partidaria de seguir novela a novela a los personajes, es cierto que es una gran novela para adentrarse en el mundo de Henry Gamadge: su conocimiento de la literatura de los volúmenes y ediciones raras, su ambiente familiar, su forma de actuar y afrontar los casos que se le plantean, cómo recurre a las fuerzas de la ley cuando la cosa se le escapa de las manos. Espero y deseo que esta no sea la única entrega que Siruela decide publicar, porque merece mucho la pena.

 

Título: Una dirección equivocada (Arrow pointing nowhere)
Autor: Elizabeth Daly.
Traductor: Raquel C. Rojas.
Editorial: Siruela (2017).
Fecha de publicación: 1944.
ISBN: 9788416964208.
Páginas:232.
Precio:19,95€.
Ficha del libro en Siruela: http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=3357&completa=S