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Todos los libros son distintos, al igual que todos los lectores son diferentes. Pero en algunos, debido al tema que tratan, la diferencia es más marcada. No es lo mismo leer una novela sobre niños desaparecidos sin tener descendencia. Es uno de esos suplicios que por más que te expliquen no puedes alcanzar a comprender. Sin embargo, hay autores como Claudio Cerdán que al menos te aproximan a ese dolor.

 

Roberto perdió a su hijo Jaime delante de sus narices. Fue al parque con él una tarde, cuando Jaime tenía 6 años, y se evaporó delante de sus narices. Al desconsuelo de la pérdida tienes que sumarle la angustia de la culpa. Roberto era policía, y con todos los medios a su alcance, no consiguió recuperar a su hijo. Perdió su carrera, su matrimonio se rompió, y todo su mundo se desmoronó. Malvive como investigador privado, alcohólico, cazando a maridos infieles o buscando morosos. Caminando por la vida sin rumbo, y con la sombra de Jaime pesando sobre su corazón.

 

Su mujer Inés le llama un día, se citan, y le suplica que se ocupe de un caso muy delicado: la desaparición de la hija de unos amigos. No es la misma situación que con Jaime, África tiene ya 18 años, pero la desesperación es la misma: no sabes dónde está tu hija ni encuentras el modo de hallarla. Inés trata de este modo que Roberto logre su redención, que localizando a África cierre algunas heridas y consiga pasar página, aunque sea con la hija de otros. Finalmente aceptará el caso, y viviremos cómo se suceden los acontecimientos.

 

Fue al salir por la puerta cuando me percaté de algo más: el silencio. La habitación de África era un páramo sin sonidos, el claustro de un monasterio. Con Jaime en casa, todo era ruido y caos. Le gustaba golpear aquel tambor que le regaló la abuela, o berrear las canciones de la tele, o correr de un lado a otro de la casa con un avión de papel en la mano. Dulce ruido, maravilloso caos. Cuando desapareció, todo se convirtió en silencio. Eso era lo peor de todo. Podías aislarte del sonido, pero no del silencio. Era una masa que te absorbía, que te empapaba por dentro, que te desquiciaba.

 

La genialidad de la novela no reside tanto en la trama, que mantiene el interés alto, sino en las reflexiones del autor acerca de lo que supone vivir con esa losa durante toda tu vida. No sólo nos transmite cómo Roberto tuvo que sufrir que se llevaran a su hijo delante de él, sino el no ser capaz de localizarle, el no saber si está vivo o está muerto. Si un pedófilo abusó de él y luego tiró su cadáver a un descampado; si una red de tráfico de órganos le vacío hasta dejarle incluso sin alma; si alguien se lo llevó para vendérselo a una pareja desesperada por tener un hijo. Esa incertidumbre eterna de si tu hijo vive o no, si sufre o no, de no poder enterrar su cuerpo y finalmente sellar una tumba donde poner tu dolor.

 

‘Carne de tu carne, sangre de tu sangre’. Aceptar esas palabras es complicado. Para tener un hijo debes pasar por todo el proceso del embarazo, igual que las mujeres. El vientre se hincha y dentro nace la vida. La has creado tú. Es parte de ti. Cuesta aceptarlo.
Las mariposas nacen dos veces. La segunda vez se dan a luz a ellas mismas. Los seres humanos solo tenemos una oportunidad. No podemos crear un capullo de seda a modo de útero y renacer. La resurrección, la metamorfosis, no está al alcance de ningún ser humano. Después de la vida solo espera la muerte.
Carne de tu carne. Sangre de tu sangre.
Cuando pierdes a un hijo, algo dentro de ti muere con él. Si desaparece, la herida se vuelve permanente, alimentada por la fantasía de una esperanza, de un capullo de mariposa donde no pasa el tiempo, donde no sufre, donde está a salvo.

 

Cien años de perdón es una novela con mucha acción y con un ritmo que no te da ni un respiro. Un mundo peor es todo lo contrario. Es una novela reposada, medida, con una tensión mucho más estudiada, con un fondo mucho más profundo. Es menos canalla que Cien años de perdón, con un lenguaje más cuidado. Y con un final de esos que te hacen soltar una exclamación por todo lo alto, así estés en un vagón de metro lleno de gente.Claudio utiliza en esta novela un recurso que me gusta mucho, y es el de interconectar sus novelas. Solo he leído dos, pero en esta aparecen personajes de Cien años de perdón. Ayuda a ensamblar mundos, a que conozcas un poco más a los personajes, y a que les cojas más cariño. Es como ir a un bar y encontrar a un viejo conocido.

 

Personalmente, la novela me ha pillado desprevenida, no he visto venir muchos de los giros, y ha logrado sorprenderme en varias ocasiones. Y eso me encanta. Una de las pegas de leer mucho género negro es que muchas novelas dejan de sorprenderte porque tienen patrones comunes. Sin embargo, ha logrado que no tratase de dilucidar la trama, sino que simplemente me he dejado llevar disfrutando de sus páginas.

 

Un mundo peor sale justo hoy a la venta, ¡así que todos corriendo a comprarlo! Gracias a la editorial por darme la oportunidad de tenerlo unos días antes que el resto de los mortales.

 

 

Título: Un mundo peor.
Autor: Claudio Cerdán
Editorial: Versátil
ISBN: 9788494120527
Páginas: 252
Precio: 16,90€
Ficha del libro en la web de Versátil: http://www.ed-versatil.com/wordpress/2014/03/un-mundo-peor/