Mayo, mes de las flores. Eso dicen. Sin embargo, Abril cerró en León con una de las heladas más fuertes registradas en décadas para estas fechas, y tenemos el paisaje lleno de árboles quemados por culpa del frío. Así que así ha sido Mayo. Hoy llueve, hoy hace sol, hoy la alergia te da un respiro, hoy estás hasta ronca porque no puedes respirar bien. Con tanto vaivén, se ha hecho lo que se ha podido y el mes no ha sido en exceso productivo, pero también porque soy la niña de “voy a empezar este otro libro”. Y suma y sigue.

 

En fin, que me enrollo. Vamos al lío.

 

Lecturas de Mayo:

Parezco anclada en el número 4 en cuanto recuentos mensuales. La verdad es que mi reto anual de Goodreads no va demasiado bien. Llevo tan solo 26 libros leídos cuando no falta demasiado para alcanzar el ecuador del año. Aunque también es verdad que cuando suelo remontar es en verano. Esta es la lista:

Canción dulce, de Leila Slimani (Cabaret Voltaire, 2017).

El museo de la muerte, de Ethel Lina White (Revista Literaria Novelas y Cuentos , 1951).

Los casos del detective Kogoro Akechi, de Edogawa Rampo (Satori, 2017).

Bull Mountain, de Brian Panowich (Siruela Policíaca, 2017).

 

Adquisiciones:

 

Este mes lo empecé con el firme propósito de comprar menos libros. De verdad de la buena. Sin embargo, no contaba con que algunos de los comprados a finales de mes no me habían llegado todavía, y con que encontraría buenas gangas. Y otra de las cosas que han jugado en mi contra: la Feria del Libro. Por un lado, la de mi ciudad, que por un año ha tenido alguna cosilla interesante (a la que no he podido ir en su gran mayoría). Y por otro, la de Madrid. Este año he decidido no ir, pero el número de novedades que sacan en estas fechas las editoriales es ingente y ¡las quiero todas! A todas no llegaré, porque la cartera no da más de sí, pero veremos qué se puede hacer.

Los mundos de, Ursula K. Le Guin (Minotauro, 2008). Los libros difíciles de encontrar son mi debilidad. Si un libro está descatalogado, ya me atrae. Y si encima tiene una portada tan potente como esta, aún más. Una de esas lecturas que me va a durar varias semanas, porque quiero la degustar poquito a poquito.

Gilead, de Marilynne Robinson (Galaxia Gutenberg, 2011). Me deja un poco pasmada que una novela publicada en 2011 esté descatalogada. La culpable de esta compra ha sido @Eibi82, uno de mis últimos descubrimientos en la blogosfera con un espacio precioso y un contenido de alta calidad. Buenas selecciones y buenos textos, algo cada vez más difícil de encontrar. Todos a visitar https://ajustedeletras.wordpress.com/

El hombre que hablaba serpiente, de Andrus Kivirähk (Impedimenta, 2017). Tengo un buen número de libros de Impedimenta pendientes de leer, pero es que libro que sacan a la venta, libro que quiero. Este no puede tener mejor pinta: la historia del último hablante de serpéntico, un idioma ancestral que le permite comunicarse con los animales. Demasiadas páginas para lo que a mí me suele gustar, pero…

La voz del amo, de Stanislaw Lem (Impedimenta, 2017). El día que me plante delante la pila de libros que tengo de Lem, me da para un mes. Pero es que Lem es Lem. No pude resistirme.

 

La luna en las minas, de Rosa Ribas (Siruela, 2017). Aunque tengo muchos, demasiados, libros de Rosa Ribas pendientes de leer todavía, el otro día empecé a escuchar en la radio una entrevista a la autora acerca de este libro. Me pareció tan interesante que paré el podcast y me fui a por el libro. Espero poder leerlo a tiempo de decirle a Ribas qué me ha parecido cuando la vea en Cuenca en Junio.

Ícaro, de Deon Meyer (Salamandra Black, 2017). Cuando vi que Anik Lapointe había fichado a Meyer para su catálogo de Salamandra Black, me llevé una alegría. Trece Horas lo recuerdo como una novela adictiva y magníficamente escrita. Así que es una gran noticia que autores de calidad no se queden sin traducir en nuestro país.

El cuento de la criada, de Margaret Atwood (Salamandra, 2017). El libro del que todo el mundo habla y la serie que todos parecen haber visto ya. Mi idea original era comprarlo nada más salir a la venta y leerlo lo más rápido posible. Ni pude hacer una cosa ni pude hacer la otra. Así que es probable que vaya a ser una de las lecturas de este verano. Con calma y con detenimiento, como se merece.

La desesperación de los simios… y otras bagatelas, de Françoise Hardy (Expediciones Polares, 2017). Cuando el traductor de esta novela, Felipe Cabrerizo, publicó la biografía de Gainsbourg en la misma editorial, hizo que ese volumen pasase a mi lista de “libros para leer algún día”. Cuando descubrí que había traducido estas Memorias de Françoise Hardy, y que encima venía a la Feria del Libro de León a presentarlo, allí me planté y me pasé un ratito charlando con él mientras me lo dedicaba. Al llegar a casa comencé a leerlo, y me da que va a ser un libro devastador.

La chica de Kyushu, de Seicho Matsumoto (Libros del Asteroide, 2017)El expreso de Tokio del mismo autor me encantó, así que cuando vi hace unos meses que publicarían nuevo libro del autor, hasta lo marqué en el calendario. Espero que muy pronto leáis la reseña en El peso del aire.

El poeta que rugió a la Luna y se convirtió en tigre, de Atsushi Nakajima (Hermida Editores, 2017). Primera obra, al parecer, traducida al castellano de este autor japonés, en la que nos recopila algunos de sus relatos. También espero reseñarla en cuanto pueda para El peso del aire. Además, esta es muy cortita.

Leonesas y pioneras, de Fulgencio Fernández (La nueva crónica, 2016). No conocía de nada este libro hasta que lo vi por casualidad en la Feria del Libro de mi ciudad. No podía hacer otra cosa que llevármelo, porque considero un deber y una responsabilidad conocer un poco mejor a mis paisanas y antepasadas, aquellas que abrieron un poquito el camino a las que hemos venido detrás.

Clavícula, de Marta Sanz (Anagrama, 2017). Otra de las presentaciones a las que tuve el gusto y el placer de asistir. Me gusta Marta Sanz y me encanta escucharla hablar. Tanto por todo lo que dice como por cómo lo dice. Me gusta incluso la claridad de su dicción cuando comunica. Un gusto haberla tenido en León.

 

Lecturas actuales:

Como cada mes, este quizá más que nunca, mi número de lecturas en curso es amplio. Como os comento más arriba, he comenzado Los mundos de Ursula K. Le Guin y las Memorias de Françoise Hardy. Estoy con algún ensayo sobre el director de cine japonés Ozu, con los relatos de Thomas Hardy, con Piel de topo de Jon Arretxe, con la correspondencia de Paul Cezanne y la de Vincent van Gogh, con varios recopilatorios de relatos de misterio, con otros sobre mujeres… Y eso tan solo es lo que me viene a la cabeza sin pensar mucho. Así, normal que solo termine 4 libros.

 

 

Proyectos varios:

 

Este mes he avanzado poco con las películas de Ozu, pero sigo pasito a pasito. Al estar con las más antiguas aún no acabo de pillarle el punto y por eso voy lenta. Pero voy segura.

 

Os aviso ya que este verano casi seguro que volveré a realizar un parón vacacional para ponerme al día con algunas lecturas que tengo en un par de pilas listas y preparadas esperándome, lecturas que es probable que reseñe a la vuelta en septiembre. Aún no sé cuánto tiempo pararé, pero por redes podréis seguir encontrándome.

 

Debido en parte a este parón, me he hecho un calendario para Junio de lecturas y reseñas que quita el hipo. Quizá demasiado ambicioso. Uno de los motivos de hacerlo, es que mi intención es, como ya he hecho en años anteriores, reseñar por aquí las novelas nominadas al Premio Hammett de este año. Aunque creo que está bastante claro quién se lo va a llevar, siento curiosidad porque a algunos de los nominados no les he leído nunca, y es una buena excusa para hacerlo. Este pequeño proyecto podré hacerlo gracias a Iñigo Amonarriz que ha tenido la cortesía de facilitarme la lectura de una de las novelas nominadas que no está publicada todavía en España.

 

Reseñas/Entradas del mes:

 

No han sido muchas, pero bueno, no ha estado mal:

El lagarto negro, de Edogawa Rampo (Salamandra Black, 2017).

Canción dulce, de Leila Slimani (Cabaret Voltaire, 2017).

Ethel Lina White (1876-1944) – Suspense Psicológico ‘Made in Gales’.

Stefan Zweig: Adiós a Europa (2017).

V Encuentro de Novela Criminal Las Casas Ahorcadas.

La escalera de caracol, de Ethel Lina White (1933).

Los casos del detective Kogoro Akechi, de Edogawa Rampo (Satori, 2017).

El museo de la muerte, de Ethel Lina White (1935).

 

Películas:

 

Aunque no ha sido un mes excesivamente cinéfilo, sí que he ido dos veces al cine, lo cual sube mi media. Lástima que no haya más ciclos de cine en versión original. Si los hubiese, iría cada semana. Quizá la película que más me ha marcado este mes haya sido el biopic de Stefan Zweig. Aunque La escalera de caracol es uno de esos clásicos del cine negro que todo el mundo debería ver.

 

Películas vistas en Mayo