Marzo ha sido un mes atípico. Quizá por el cambio de hora, quizá por la falta de vacaciones que voy acumulando, o tan siquiera de un festivo en el que poder descansar un poco más. Pero levantar la mirada y ver cómo ya asoma Abril con unos días de descanso en Semana Santa, hacen que afronte estas semanas con otro ánimo. Así que vamos a repasar un mes que, por otro lado, ha sido inmensamente productivo.

 

Lecturas de Marzo:

 

Contenta y feliz como una perdiz con la cantidad de lecturas que he terminado este mes. Cierto: son libros cortos. Pero también es verdad que he dedicado más tiempo a la lectura este mes.

En la foto falta “Aguas turbulentas”, que tuve que devolver a la biblioteca.

Los milagros perdidos, de Alexis Ravelo (Siruela, 2017).

Nada podrá salvarme, de Elizabeth Daly (Acme Agency, S. R. 1952).

Una dirección equivocada, de Elizabeth Daly (Siruela, 2017).

El misterio del grabado, de Elizabeth Daly (Acme Agency, S. R. 1949).

Aguas turbulentas, de Higuchi Ichiyô (Erasmus, 2012).

Crecer, de Higuchi Ichiyô (Chidori, 2014).

Cerezos en la oscuridad, de Higuchi Ichiyô (Satori, 2017).

Un policía en la Luna, de Tom Gauld (Salamandra Graphic, 2017).

La joven Emma, de W.H.Davies (Defausta, 2016).

 

Adquisiciones:

 

Ha sido un mes de buenas y grandes compras. Mi visita a Intempestivos en Segovia me hizo descubrir una librería a la que me iría a vivir, o en su defecto a leer. Si viviese en Segovia, los libreros de Intempestivos me odiarían profundamente, porque no saldría de allí. Por otro lado, he seguido con mi rastreo de libros viejunos y mohosos. Así que el recuento final no está nada mal.

Mis compras en “Intempestivos”

Cerezos en la oscuridad, de Higuchi Ichiyô (Satori, 2017). Hacía tiempo que tenía ganas de abordar a esta autora japonesa. La excusa me la ha dado Satori con esta espléndida edición de algunos de sus mejores relatos. Preciosa por fuera e impecable por dentro. (Os recuerdo que ya la he reseñado para El peso del aire aquí.

En la tierra de los santos y los poetas, de Alfredo Panzini (Ardicia, 2017). Este ha sido uno de esos claros ejemplos de que en ocasiones compro los libros fiándome 100% de la editorial. Ardicia ya es una de mis editoriales de cabecera, y todo lo que sacan procuro comprarlo. Ni me he molestado en leer el argumento: sé que me gustará.

Un policía en la Luna, de Tom Gauld (Salamandra Graphic, 2017). Tenía ganas de leer un buen cómic, y a poder ser uno del que no hubiese oído ni leído nada aún. Este estaba recién salido a la venta, y Todos tienen envidia de mi mochila voladora me había parecido excepcional. No necesité más excusas.

Natica Jackson, de John O’Hara (Contra, 2017). Disfruté TANTO los relatos que publicó Contra el año pasado, que imaginad las ganas que le tengo a este volumen con dos novellas. Será una de mis próximas lecturas.

Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff (Periférica & Errata Naturae, 2016). Uno de los libros de 2016 del que todo el mundo habla maravillas. He preferido dejar pasar un poco de tiempo antes de hacerme con él y distanciarme de la avalancha de buenas críticas para no entrar a él demasiado condicionada, pero me temo que será imposible ya. No entra en mis planes leerlo ya, pero nunca se sabe: lo compré por un impulso, y quizá lo empiece por un impulso también.

El crimen del ómnibus, de Fortuné du Boisgobey (dÈpoca, 2017). Con la recuperación de esta novela, dÈpoca arranca colección nueva: en rústica durita, más económica y ediciones más noir. Sé de buena tinta que lo que nos tienen preparado es bueno, muy bueno. No le perdáis la pista.

Asesinato en la catedral, de Edmund Crispin (Impedimenta, 2016). El chollo del mes. Un libro que no buscaba, pero que me encontré casi por casualidad de segunda mano por alguien que cuida los libros tanto como yo, por lo que he podido ver al recibirlo. Una ganga.

Un hombre del norte, de Arnold Bennett (Belvedere, 2017). Descubrir en la mesa de novedades a Bennett es un gran acontecimiento, siempre. Me enamoré desde autor desde que leí el otoño pasado Enterrado en vida, y pienso hacerme con todo lo que se me ponga a tiro.

Ethel Lina White:

La dama desaparece (Alba, 2017). Desde que vi en la web de Alba que iban a recuperar a esta autora y este libro concretamente he estado dando saltos de alegría. En Abril espero traeros por estos lares otra semana temática con esta autora que he decidido adoptar para el proyecto Adopta una autora. Y por ello, me hice también con:

El museo de la muerte (Revista Literaria , 1951).

La escalera de caracol (Mateu Editor, años 50).

Ellas ven en la oscuridad (Ediciones G.P. 1963).

Con el corazón en la boca (Librería Hachette S.A. 1952).

 

Lecturas actuales:

 

Repasando el Última página de Febrero me he dado cuenta que hay dos libros que tenía empezados hace un mes y que aún no he terminado (tengo varios más, pero de estos dos no era consciente). Me refiero a Las últimas noches de París de Philippe Soupault y a El santo al cielo de Carlos Ortega Vilas. Tendré que ponerle remedio. Por otro lado, he empezado Soy un gato de Natsume Soseki y tiene una pinta increíble lo poquito que he leído. Me muero por sacar tiempo para poder dedicárselo.

 

Proyectos varios:

 

Como os adelantaba el mes pasado, he dedicado una serie de artículos a Kenji Mizoguchi en El peso del aire para acercaros la figura de este cineasta y que os animéis a ver alguna de sus maravillosas películas. Aquí os dejo el enlace al segundo de esos artículos. Y el tercero, saldrá en breve.

 

Por otro lado, como os decía más arriba, en Abril voy a atacar las novelas de Ethel Lina White para reflexionar acerca de su obra y sus aportaciones a la historia de la novela de misterio. Espero que no me defraude.

 

Reseñas/Entradas del mes:

 

Si en Febrero había quedado contenta con todo lo que había escrito, este mes ha sido estupendo en este sentido.

 

Películas:

 

Este mes he bajado mucho el visionado de películas. En parte porque he terminado con mi “aventura Mizoguchi” y tengo en el horizonte a otro director japonés al que abordar. En parte porque he dedicado mi tiempo a leer, a escribir reseñas y artículos, y a ver un par de series.

 

Pero no quiero dejar de recomendaros la maravillosa y divertidísima Murder by Death (Un cadáver a los postres, en castellano) de 1976 dirigida por Robert Moore: una parodia de los clichés del género negro (el asesino fue el mayordomo, nunca son gemelos…) Tendremos un juego de la búsqueda de un asesinato en un caserón regentado nada menos que por el auténtico Truman Capote, con un mayordomo ciego, una cocinera sordo-muda, y unos visitantes entre los que podremos vislumbrar a Sam Spade, Agatha Christie o Hercules Poirot, entre otros.