Un par de tipos duros entran en uno de los restaurantes del lugar. En el local tan solo están el cocinero, el propietario tras la barra y un hombre que toma algo. Los forasteros quieren cenar pero aún no son las seis y la cocina todavía no está operativa. En un diálogo ágil y cortante, los tipos duros tomarán el lugar encerrando en la cocina al hombre de la barra y al cocinero, dejando al frente del local al propietario bajo la atenta mirada de uno de los agresores. Confiesan que esperan a Ole Andersen, “El sueco”, y que le esperan para acabar con él. Tras comprobar que esa noche no irá a cenar al restaurante los asesinos se van dejando atrás a los tres hombres. Uno de ellos corre a avisar a “El sueco” de que le están buscando para matarle, pero no parece inmutarse y continua tendido sobre la cama esperando a lo inevitable.

 

Este sería el resumen del relato que en 1927 Ernest Hemingway publicó en Scribner’s Magazine con el título de The Killers. Es un relato francamente breve en el que la ambientación y la agilidad de los diálogos son los responsables de su fama. No importa tanto lo que nos cuenta, sino la maestría en crear una tensión narrativa en tan poco espacio. Aún nos encontrábamos en los albores del hard-boiled con unos cuantos relatos de género publicados pero ninguna novela que pudiese recibir aún esa denominación, por lo que sorprende el tratamiento que el novelista realiza en su texto. Leído con varias lecturas negras a las espaldas no sorprende, no vemos nada nuevo, pero hay que ponerse los zapatos de un lector de los años 20 y juzgarlo como tal. Incluso analizando lo que Dashiell Hammett escribía en aquel momento y comparándolo los estilos de ambos autores van muy a la par.

 

Quizá por ello Robert Siodmak decidió encargar a Anthony Veiller el guión que adaptase esta historia. Pero claro, estamos ante un relato de apenas 9 o 10 páginas. Precisamente por ello el relato de Hemingway aparece en pantalla solamente unos 12 minutos. No da para más. Los diálogos se han respetado casi de manera literal, lo que remarca aún más que la historia del autor original no daba para rellenar 103 minutos de celuloide. A partir del argumento base que os he contado, surgirá una compleja historia acerca de cómo “El sueco” ha llegado a ese preciso momento de su vida, por qué quieren matarle, quién quiere hacerlo y por qué a él no le importa.

 

El detective Reardon (Edmond O’Brien) será quien nos guíe a través de la vida de “El sueco” (Burt Lancaster) a través de continuos flash-backs. Una póliza de seguros será la que nos dé la pista de salida para saber que algo raro ha sucedido, y paso a paso, interrogatorio a interrogatorio, desandará los pasos de nuestro protagonista para desentrañar el misterio. La cosa es mucho más compleja de lo que parecía en un primer momento y conoceremos así la caída de un boxeador retirado por una grave lesión, que tratará de seguir ganando como sea las grandes sumas de dinero que lograba mes a mes gracias a los combates. Así conocerá al resto del elenco, entre ellos a Kitty, “el animal más bello del mundo” (Ava Gadner), cuya presencia inunda la pantalla de tal forma que, si te descuidas, tan solo serás capaz de mirarla a ella cuando aparece en escena.

 

A pesar de las idas y venidas de la historia el guión es tan perfecto que es imposible perderse. Todo está medido, todo está en su sitio, logrando así que las piezas de la vida de “El sueco” vayan encajando y que el espectador no solo no se despiste, sino que mantiene el interés por la trama cada segundo de la cinta. En muchos aspectos podríamos considerarla como una película canónica dentro del género: tenemos una femme fatale, un policía, un buen chico que trata de hacer las cosas bien a pesar de todo, al malo, a los secuaces del malo.

 

Robert Siodmak era germano y eso se aprecia en la película. Por algo dicen que el cine negro es deudor del expresionismo alemán, y The Killers es un buen ejemplo de ello. Claroscuros, personajes que aparecen en escena a través tan solo de su sombra, humo de tabaco, planos picados y contrapicados. Encontramos alguna escena digna de pasar a las enciclopedias del cine: una toma desde la ventana de Ole Andersen con el hombre que corre hacia su casa para prevenirle de su destino; un plano secuencia que muestra un atraco desde una posición elevada; un juego de miradas entre “El Sueco”, su chica y Kitty; una lucha en un ring de boxeo; un tiroteo en un bar medido como los pasos de una coreografía. Y ese arranque, en un restaurante típico de la época, con esos brillantes diálogos. Una escena tan remarcable que el propio Quentin Tarantino se inspiró en ella para el arranque de su Pulp Fiction.

 

El uso de los espejos es fundamental en la estética de la película.

 

Datos curiosos:
1. Hemingway generalmente no estaba nunca contento con las adaptaciones que Hollywood realizaba de sus historias, pero en este caso afirmó en 1959 que “It is a good picture and the only good picture ever made of a story of mine”.
2. John Huston parece ser que participó en el guión de la película, a pesar de no aparecer acreditado como tal en ninguna parte. De hecho las malas lenguas dicen que tiene mucho más de Huston que de Veiller, pero que debido a que estaba contratado por otro estudio en ese momento no pudo firmarlo como suyo.
3. The Killers fue la primera película de Burt Lancaster (que le convirtió en una estrella) y la primera en la que Ava Gardner ocupó un papel principal. A pesar de que Gardner ha pasado más a la historia por su belleza que por su filmografía, su papel en esta película es más que destacable.
4. El guionista de Seven, Andrew Kevin Walker, ha escrito un guión para una nueva adaptación de este relato. Pero al menos de momento sigue sin haberse llevado a cabo.
5. En 1964 se rodó un remake de esta cinta con el título de “El código del hampa” por Don Siegel. Una de las actrices aparece en ambas versiones, aunque en papeles diferentes.