En El signo del miedo encontramos a Albert Campion ejerciendo funciones de diplomático. Estamos en el Hôtel Beauregard, y se halla acompañado de su “séquito”: el Sr. Randall, el Sr. Eager-Wright y el Sr. Farquharson. Y cómo no, su ayuda de cámara el Sr. Lugg. Su misión en esta ocasión será nada más y nada menos que hallar una serie de documentos que atestigüen a quién corresponde el reinado del minúsculo reino de Averna.

 

Para ello, Campion se calzará los zapatos del conocido como Paladín Hereditario, el supuesto legítimo heredero del reino de Averna. Este diminuto paraje se encuentra a orillas del Adriático, y no parecía importarle a nadie hasta que una serie de cambios geográficos han puesto todas las miradas en este recóndito lugar. Parece ser que un terremoto ha cambiado el mapa del territorio, proporcionando al país una salida al mar y ha facilitado el acceso a un yacimiento petrolífero que hasta antes del fenómeno permanecía excesivamente inaccesible.

 

A través de una serie de pistas, terminarán en el molino de Pontisbright, lugar en el que supuestamente se hallan los documentos que prueban quién es el legítimo heredero del reino. Allí conocerán a Mary, Hal y Amanda Fitton, tres peculiares hermanos que les hospedarán en su molino ayudándoles así a dar con la resolución del enigma que se les plantea.

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Campiña inglesa, escenario de El signo del miedo

Acertijos, joyas, tambores, relojes o campanas serán algunos de los ingredientes que se irán encontrando por el camino, al mismo tiempo que descubriremos a la particular familia Fitton, especialmente a Amanda. Para aquellos que conocemos algún detalle de las futuras entregas de la serie de Campion sabemos que Amanda será un personaje fundamental, y en esta novela vemos nacer su amistad con Campion, enlazando este comienzo curiosamente con un personaje del que os hablaba en la reseña de Mystery Mile: Biddy Paget. En aquella entrega me quedé encandilada con la fuerza de esta figura, y al leer esta veo que fue tan solo la antesala de la creación de una protagonista tan brillante como es Amanda Fitton.

 

Amanda tiene tan solo 18 años, pero su decisión y su determinación demuestran que su madurez va por delante de su edad. La perfección de su físico deslumbra, con unos enormes ojos color miel y un pelo rojo como el fuego. Es inteligente, tiene una fuerte confianza en sí misma y una vitalidad que se contagia a cuantos las rodean. Es el contrapunto perfecto al personaje de Campion. Su Sancho. Su Watson. Con ella, Allingham crea un prototipo ideal de lo que debía ser la nueva mujer del siglo XX: mucho más independiente, con capacidad de acción y de toma de decisiones. Una mujer autosuficiente que no necesitará de un hombre que la proteja.

 

En El signo del miedo descubriremos un entorno nuevo en las novelas de Allingham: pasaremos de lujosos caserones a un sencillo molino. La vida en el campo pero vista a través de otro prisma, mucho más modesto y también mucho más cercano para los lectores. Quizá de ahí el éxito de esta novela en el momento de su publicación. A este ingrediente debemos sumarle el humor, mucho más presente que en ninguna de las entregas anteriores, con diálogos y situaciones disparatadas con sus tres acompañantes y con la familia Fitton.

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Margery and Pip. (c) Mark Harrison

Margery Allingham no inició su carrera literaria con la serie de Albert Campion, y no desarrolló esta serie de novelas en exclusiva. Su éxito llegó temprano, y el trabajo no faltaba nunca en su calendario. Incluso existen notas en las que refleja cómo trataba de organizarse para llegar a todo: “Thursday, Friday, novel; Saturday, Sunday, film; Monday, day off; Tuesday, Wednesday, thriller.” Precisamente por eso, me asaltó la duda de por qué las primeras novelas de la serie se publicaron en años consecutivos (1929, 1930, 1931, 1931 de nuevo) y sin embargo hubo un salto temporal de dos años entre Policía en el funeral y El signo del miedo.

 

Aparte de ciertos problemas de salud que sufrió su madre en 1932, también hay un dato que considero curioso. Como os contaba en la reseña de Policía en el funeral, el estilo de esa novela es bastante diferente de las anteriores, tanto que incluso sus tres primeras novelas y esta quinta se han recogido juntas en algunos recopilatorios por ser consideradas sus novelas de aventuras. Después de leer las primeras y llegar a la cuarta sorprende el giro que se produce en su estilo, mucho más canónico y con menos dosis de humor. Al parecer, las tres primeras entregas de la serie de Campion tuvieron una calurosa acogida en Reino Unido pero también en EEUU y eso dotaba a la autora de unos importantes ingresos y un buen número de lectores. Sin embargo la cuarta, Policía en el funeral, no funcionó al otro lado del Atlántico. Allingham estaba dolida con este fracaso, intercambió varias cartas con su editor estadounidense, y llegó a escribir que “I only want to send him what he can sell“.

 

Cuando ya tenía más de la mitad de La muerte de un fantasma (Death of a Ghost – sexta entrega publicada en 1934), cambió de planes y escribió El signo del miedo volviendo a aquello que ya le había funcionado anteriormente: historias con un fuerte componente aventurero y el punto cómico de los diálogos de Campion con Lugg que tan del agrado de los lectores de ambos lados del océano eran. De este modo con El signo del miedo volvió a recuperar no solo a sus lectores sino también la confianza en sus textos, lo supuso un punto de inflexión que disparó su carrera.

 

Título: El signo del miedo (Sweet danger).
Autor: Margery Allingham.
Traductor: Guillermo López Gallego.
Editorial: Impedimenta (2016).
Año de publicación: 1933.
ISBN: 9788416542499.
Páginas: 288.
Precio: 21,95€.
Ficha del libro en Impedimenta: http://impedimenta.es/libros.php/el-signo-del-miedo