Ayer fue el día de las despedidas. Sí, por definición el viernes de la Semana Negra es el día de las entregas de premios, que también lo fue. Pero como un goteo constante, desde el jueves por la noche he ido despidiéndome de un montón de gente que deja atrás esta entrega de la Semana Negra para volver a sus vidas y a sus libros, a sus familias, a sus barrios, a sus calles. Dejando atrás las luces de la noria de la feria como si de un sueño difuso se tratase. Este año el festival decae antes de tiempo.

 

La mañana, como digo, fue un momento de nervios y tensión. Se entregaban los premios y había claros favoritos, pero en los dos más importantes de género, el Hammett y el Silverio Cañada, se oían dos nombres como candidatos destacados en cada uno de ellos, por lo que la tensión se mantuvo hasta el final. La enorme sorpresa nos la dieron al cierre casi de la entrega, anunciando que el ganador de SN-BAN ha sido Alexis Ravelo, el cual se fue la noche anterior y no pudo celebrarlo aquí entre amigos.

 

Hammett

 

La lista de ganadores, por si hay algún despistado, ha quedado así:

Premio Dashiell Hammett a la mejor novela de género negro: Yo fui Johnny Thunders, de Carlos Zanón.
Premio Rodolfo Walsh a la mejor obra de no ficción de género negro: Escrito en negro, de Martín Olmos.
Premio Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela de género negro: Te quiero porque me das de comer, de David Llorente.
Premio Espartaco a la mejor novela histórica: El reino de los hombres sin amor, de Alfonso Mateo Sagasta.
Premio Celsius a la mejor novela de ciencia ficción y fantasía: El imperio de Yogorov, de Manuel Moyano.
Premio SN-BAN!: Alexis Ravelo.

La tarde arrancó con una charla que habría sido muy interesante si el entorno hubiese ayudado: para empezar, la hora de inicio fue a las 17:15 de la tarde. Luego, puede que haya sido el día más caluroso de toda la Semana Negra, y dentro de la carpa sufríamos un efecto invernadero que no había quien parase allí. Y por último, era una especie de mesa redonda, pero con tantísimos participantes que podríamos decir que todo se quedó en la buena intención del que propuso dicha mesa.

 

Martin-leersinprisa

 

Martín Olmos nos habló de Escrito en negro. Como ya pudisteis ver en la reseña, es un libro muy peculiar, una recopilación de artículos que ya han sido publicados previamente en prensa o en el blog de Olmos, artículos acerca de anécdotas de asesinos a lo largo de nuestra historia. Como confesaba el autor, se percibe al leer el libro que disfrutó mucho escribiendo los distintos artículos que lo componen. Profundizó en alguna anécdota de alguno en concreto, y pudimos disfrutar de todo lo que nos contó el autor.

 

La composición del libro en un principio trataron que fuese temática, pero finalmente optaron por simplemente recopilarlos y darles un orden aleatorio sin tener en cuenta la historia de quién nos estaban contando.

 

Altarriba-Keko

 

El momento más interesante de la tarde vino de la mano de Antonio Altarriba y Keko, guionista y dibujante de Yo, asesino, respectivamente. Como sabéis Yo, asesino nos cuenta la historia de un asesino el serie, aunque no le gusta que así le denominen, que a su vez es un profesor de arte en la universidad. Esta faceta del cómic es autobiográfica, ya que Altarriba fue durante 38 años profesor universitario en el País Vasco, donde la presión de los círculos cercanos a ETA era muy importante en la universidad. Él enseñaba literatura francesa y le resultaba impactante que algunos alumnos a los que veía día a día en clase fuesen personas que a su vez se estaban formando para matar en el bando armado.

 

El asesino de su historia surge de la voluntad de estudiar los mecanismos que hagan que ese asesinato para él sea justificable. Según Keko, Altarriba como guionista es el más minucioso y el que más control tiene sobre lo que se plasma en el libro. Aunque en ocasiones, no le queda otra opción que pararle los pies cuando algo no se puede hacer.

 

Los referentes de Keko comentaba que eran los tradicionales de los dibujantes en bitono. Nos comentaba que no le interesa para nada el color en las historias que dibuja, es más, que no sabe qué hacer con los colores. En esta historia ha introducido el color rojo para la sangre y para algún momento destacable de la historia, haciendo que nuestra atención cambie de punto.

 

Con esta historia, Altarriba también incluye una crítica soterrada a determinados aspectos del arte contemporáneo, haciendo que el asesino plantee la cuestión de ¿qué hay más creativo que crear dando la muerte?

 

Al final de la charla, tuvimos el privilegio de charlar con ambos autores y disfrutar viendo cómo Keko nos hacía un dibujo en nuestra dedicatorias. Es increíble ver algo así en directo, y ver cómo con 4 trazos el sentido del dibujo cambia por completo.

 

Keko

 

 

Keko-2