Domingo inusualmente tranquilo. Es cierto que amaneció nublado. Es cierto que hoy es día laborable y no se podía trasnochar como la noche anterior, pero la calma marcó los pasos de la tarde y especialmente de la noche de ayer. Los gritos de los jóvenes que inundaban la ciudad para celebrar despedidas de soltero se sustituyeron por un ensordecedor silencio.

 

Juan Madrid tuvo un par de encuentros con sus lectores, primero para hablar de su vida y sus novelas y después para hablar de la adaptación a la pantalla de sus obras. Juan Madrid es peculiar. Divaga. Se va por los Cerros de Úbeda. Riñe a los trabajadores que con su ruido le interrumpen. Y cuenta anécdotas de abuelo cebolleta, del Cara al sol, de anarquistas y falangistas, de que estuvo (como todos los periodistas de la época) en la cárcel. Y siempre, siempre, con una cerveza en la mesa.

 

Giancarlo de Cataldo vino acompañado de la maravillosa traductora de italiano que ya acompañó el año pasado a Maurizio de Giovanni. El italiano tranquilo. ¿A cuántos italianos conocéis que hablen reposadamente y despacio? Yo a pocos, os lo aseguro. La mesa vino dirigida por el gran Luis Sepúlveda que la llevó de un modo un tanto dudoso. Sus disertaciones eran más largas que las del propio Cataldo, y a quien queríamos escuchar era al magistrado. Porque Cataldo es juez en activo, y de hecho en ocasiones le acusan de utilizar los casos en los que trabaja para sus novelas.

 

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Vino a hablarnos de su última novela, Los traidores, protagonizada por personajes ficticios pero narrando hechos reales: Siglo XIX, Calabria, traidores, espionaje. Temas de plena actualidad, en realidad. Considera que la traición es uno de los motores más importantes de la historia, incluso que la historia está escrita por ellos, que son los que conocen los hechos contados desde dos bandos.

 

Respecto a la utilidad de la literatura, Cataldo siempre cuenta una leyenda persa en la que el océano sería un monstruo que trata de destruir la tierra, y un poeta logra mantenerlo en calma gracias a sus poemas. Visión muy romántica de lo útil que puede llegar a ser la literatura. Incluso opina que a un hombre puedes llegar a privarlo de casi todo, excepto de la voluntad de contar historias.

 

Una vez terminada la charla de una hora nada menos (lo normal en Semana Negra es que sea todo de 30 minutos) la abarrotada sala se abarrotó de nuevo para recibir a Gioconda Belli. Sí, esta poetisa y novelista que no escribe novela negra. Entiendo que participe en los recitales poéticos, pero la presentación de sus novelas me pilló de sorpresa. Cuando salía de la carpa, Elia Barceló arrancó con una cuestión de lo más inteligente: ¿por qué los señores de 40-50 años que se arrancan a escribir literatura escriben literatura seria, y las señoras de 40-50 años que se arrancan a escribir literatura escriben literatura para mujeres?

 

Belli-Leersinprisa

 

Esto me hizo dar la vuelta para ver por dónde seguía la charla, y de forma hipnótica estuve casi 30 minutos escuchando hablar de sexo, de amantes, de hijos, de menopausia… Sí, las señoras que escriben literatura a los 50 años escriben literatura para mujeres. Todo el discurso de ambas fue para corroborar este estereotipo. Una lástima. Aunque no para la autora, que tuvo una cola de firmas larguísima.

 

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En el Espacio a Quemarropa presentaban Merca, una novela de Loyds. No podía contar con mejor apoyo: Carlos Salem y Marcelo Luján como escuderos. La conclusión que pudimos extraer es que se trata de una novela acerca del odio, hasta el punto de que el protagonista es un odiador patológico que odia todo lo que le rodea. Pero toda la novela es una disertación, un monólogo interior, no llega nunca a coger un bate de beisbol y llegar a realizar un acto de profundo odio. Además, está narrada en primera persona, con lo que corremos el riesgo como lectores de creer que el narrador es el mismo escritor. Loyds ha tratado de buscar una voz propia y diferente para contar la problemática de una clase social muy específica en Argentina, y según sus presentadores lo ha logrado.

 

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A la vez teníamos en la Carpa del Encuentro al ya famoso Luis Segura con su última novela Código Rojo. Quizá el nombre no os suene a algunos, pero seguro que la historia de un teniente que estuvo encarcelado por tratar de destapar la corrupción en el ejército os suena más. Llegué cerca del final ya, y lo bueno de esta presentación fue la participación del público con sus preguntas y sus ensalzados discursos sobre política.  Básicamente sacamos en claro que la corrupción se extiende a todos y cada uno de los estamentos de nuestra sociedad, sea civil o militar. Algo que creo que a nadie le pilla de sorpresa.

 

*Un apunte solamente sobre el Espacio A Quemarropa, que se ha convertido en un lugar de paso donde sentarse. De camino a la feria, los paseantes ven sombra y sillas, y la mitad del público se pasa la sesión entrando y saliendo, resultando bastante molesto para los presentadores y para los que estamos por interés. Quizá habría que replantear las partes de la carpa que están abiertas y las que no, ya que las “paredes” son flexibles y sería posible abarcar más el espacio.