Sábado 11 de Julio de 2015. Tras una mañana de (cierto) descanso, con 33ºC sobre las vacías calles de León cojo rumbo a Gijón. El panorama tras cruzar el Negrón es bien distinto: 11ºC menos de temperatura, una fuerte humedad y calles atestadas de gente. Sábado y primer día de festival. Riadas de curiosos se acercan al recinto ferial. No nos engañemos, como siempre más guiados por el olor de los calamares y la pizza, por las luces de los coches de choque y la noria, que por la melodía de la voz de los escritores que aquí se han congregado. Pero también los hay.

 

Tres, como el año anterior, son ya las carpas en las que poder asistir a los actos y encuentros que nos proponen los organizadores de la madre de todas las semanas negras. Eso en ocasiones supone un problema ya que te obliga a escoger, pero siempre es positivo el que haya de más antes de que haya de menos. No olvidemos que hay invitados unos 160 autores para 10 días de festival. Es imposible hacerlo de otro modo.

 

Y todos quieren estar en cartel. Lo importante es estar en la lista, ocupar una carpa durante 30 minutos y poder decir que “yo estuve allí”. Vayan pocos o muchos a tu presentación, lo importante es estar, es conocer, es relacionar, es hablar y sobre todo escuchar.

 

La jornada de ayer fue rara. Llegar a media tarde, a media charla, a medio gas. Me encontré (a medias) una fabulosa mesa con Miguelanxo Prado, Juan Díaz Canales y Teresa Valero. Quizá a muchos no os digan nada estos nombres, pero quizá os suene algo más The Sandman, Blacksad o Brujeando. Sí, estamos hablando de cómics. Miguelanxo como dibujante, y Juan y Teresa como guionistas, aportaron su punto de vista respecto a lo que supone la creación de un cómic, cómo se coordinan guionistas y dibujantes, cómo de perfeccionistas son unos y otros, y de qué modo le llega a cada uno la inspiración. Cómo te cambia (o no) la vida un Premio Nacional del Cómic, cómo se vive el día a día de alguien que al menos trata de vivir de esto.

 

Acto seguido, Toni Hill nos presentó la última novela de Berna González Harbour, Los ciervos llegan sin avisar. Una novela poco negra por la trama, pero negra por el trasfondo. Una novela que busca reflejar un momento y una sociedad que ya no existen en nuestro país porque la crisis los ha barrido: esa clase media de ir en taxi, de salir de copas, de ir de cena, de tener una alta vida social. Y es que en ocasiones, la realidad nos abofetea igual que un ciervo contra nuestro parabrisas. Y por supuesto, sin avisar.

 

Tras las mesas, algunos reencuentros con amigos, y el tema de la noche fueron las apuestas sobre los que cada uno cree que son sus favoritos para los premios. Es un buen momento para ver diferentes puntos de vista, descubrir que uno no tiene la verdad absoluta, y también para que aquellos carentes de criterio roben ideas y argumentos de aquellos que le rodean. Algunos nacen con (dudoso o no) criterio, y otros con orejas.

*Para descubrir el arranque de esta Semana Negra, aquí tenéis el texto e imágenes de la gran Laura Muñoz: