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Como os comenté en la reseña de “1913. Un año hace cien años“, ese había sido un libro puente para mí. Uno de esos libros que te hacen tomar decenas de notas, subrayar y lanzarte a buscar más porque despiertan una sed de conocimiento que tenías latente desde hace tiempo. En general, las biografías y autobiografías me fascinan, al igual que los libros epistolares o los diarios. Soy una fisgona en ese aspecto, lo confieso.

 

Al terminar 1913, me lancé a la búsqueda de más información sobre los personajes de los que trata el libro. Uno de los que me atrajo especialmente fue Alma Mahler, y en la Biblioteca Pública de León me topé con estos Recuerdos y cartas, que aunque versan más sobre Gustav, al estar escritos por Alma se puede vislumbrar lo que fue su vida con él.

 

La relación desde un principio se vio marcada por dos aspectos importantes. La diferencia de edad, ya que Gustav tenía 20 años más que Alma cuando se casaron en 1902. Y sobre todo, las exigencias de Gustav. Alma era pianista cuando se conocieron, y estaba empezando a despuntar como compositora. Pero desde un primer momento Gustav le dejó claro que en su casa sólo había cabida para un compositor, y que si quería ser su esposa debería renunciar a su música. Debería ser una esposa entregada, una madre devota, estar al cargo de la casa, de las finanzas y ejercer de copista de sus partituras. Y Alma aceptó.

 

Pero a pesar del amor que se profesaban el uno al otro, hubo cosas que hicieron que la balanza siempre se inclinase a favor de Gustav. Alma nos relata cómo Toda mi seguridad se derrumbó por los efectos psicológicos de quedar embarazada antes de estar casada. Una vez casados, Gustav dejó que recayese todo el peso de la economía doméstica sobre Alma, y ella tuvo que hacer verdaderas virguerías para dejar las cuentas de Gustav a cero y pagar todas las deudas que éste arrastraba. Sin embargo, Alma se ve recompensada por lo que supone vivir y compartir su vida con alguien como Gustav Mahler.

 

Fue la primera vez que oí ensayar una obra – y más una obra suya – día tras día desde la primera lectura. Una obra que era nueva y extraña para mí, muy extraña al principio, se me hizo gradualmente tan familiar que pronto comprendí toda su belleza y aprendí la entrada de cada instrumento. Después de esto, compartí con él la experiencia de oír cada una de sus obras desde el sonido de la primera nota hasta la última vez que la dirigía, fueron los momentos más inolvidables y elevados de mi vida. (sobre la Cuarta Sinfonía)

 

Los primeros años, tanto en las anotaciones de Alma como en las cartas de Gustav se aprecia un amor devoto y profundo del uno hacia el otro. En los múltiples viajes de Gustav son decenas las cartas que le escribió a su esposa para transmitirle su amor y narrarle todos los viajes que efectuó. En este punto, es mucho más detallada la parte de las cartas que la de los recuerdos de Alma, en la que apenas narra las ausencias de Gustav, mientras que en las cartas da la impresión de que los viajes son numerosos y frecuentes.

 

A pesar del amor que Alma sentía por sus dos hijas, se lamenta en muchas ocasiones de no poder acudir a los ensayos ni a los estrenos de su marido. Hay un pasaje muy curioso sobre la noche que Alma dio a luz a su primera hija, María, la cual venía de nalgas y supuso un parto tremendamente doloroso.

 

Eran las cinco en punto y las punzadas eran dolorosas. Desperté a Mahler, se vistió y fue a buscar a la partera. Luego hizo todo lo posible por mitigar mi dolor. Lo mejor que se le ocurrió fue leer a Kant en voz alta. Yo estaba sentada en su escritorio y me retorcía de dolor. El tono monótono de su voz me enloquecía; no podía entender una palabra de lo que decía y finalmente no lo pude soportar más. Pero ahora sé que tenía razón: la concentración mental es una manera de superar el dolor, sólo que en aquellas circunstancias el libro había sido mal elegido; era demasiado difícil de comprender.

 

Este pasaje refleja a la perfección lo cuadriculada de la mente del compositor, del cual en numerosas cartas y anotaciones de Alma tenemos su calendario hora por hora de lo que hacía cada día, tanto cuando trabajaba dirigiendo como cuando componía. Esa rectitud, esa frialdad, ese someter todo a su voluntad, era lo que hacía que en ocasiones Alma se confiese y nos abra su corazón.

 

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Yo vivía su vida, no tenía nada mío. Él nunca observaba esta entrega de mi existencia. Estaba tan absorbido en su trabajo que toda perturbación, por pequeña que fuese, le era insorportable. El trabajo, la exaltación, la entrega y la búsqueda interminable eran toda su vida, continuamente y por siempre.
Anulé mi voluntad y mi ser; como el equilibrista que camina por una cuerda floja, sólo me preocupaba por mantener el equilibrio. Él no se percataba en absoluto de todo lo que me costaba. Era esencialmente egocéntrico por naturaleza, y sin embargo, nunca pensaba en sí mismo: era su obra lo que importaba.

 

Todo este círculo en torno a Mahler giró inesperadamente cuando la mayor de sus hijas contrajo la difteria, enfermedad que la llevó a una muerte prematura. Esto provocó una profunda depresión en Alma, quien tuvo que reposar en un balneario para sobreponerse de todo este estado de ánimo tan apesadumbrado que se sumía sobre ella. Allí, conoció a un joven que la hizo volver a sonreír, y aunque en el libro ella no lo confiesa, luego fue un secreto a voces que tuvo una aventura con dicho joven. El joven fue quien en un futuro sería el famoso arquitecto Walter Gropius, fundador unos años después de la gran Bauhaus (innovadora escuela en que arte y diseño industrial se unieron)

 

Mahler descubrió el amor de Alma por Gropius por una carta que “accidentalmente” fue dirigida a él en vez de a ella, y esto provocó un giro radical en el trato de Mahler hacia Alma. Ella decidió seguir junto a Mahler hasta el fin de sus días, y los últimos años las atenciones recibidas fueron mucho mayores. Para superar el bache en su matrimonio incluso buscaron ayuda de un experto: Sigmund Freud.

 

Desde ese momento, Gustav se empeñó en que Alma retomase su carrera de compositora, le regaló joyas, y se separó mucho menos que antes de ella. Fue la época en que abandonaron Viena en los inviernos para acudir a Nueva York, donde Mahler dirigió la Metropolitan Opera House y la Filarmónica de Nueva York, y donde ambos fueron muy felices. No era para menos, debido a la gran cantidad de personalidades que se empezaban a reunir en la Gran Manzana ya en aquellos años, y el gran cariño que todos ellos tenían a Mahler.

 

Poco después, en 1911, tras días de sufrimiento, Mahler finalmente murió por una endocarditis bacteriana. Dejó a sus espaldas 10 sinfonías, aunque prefería pensar que eran sólo 9 y una composición, ya que los grandes compositores no habían pasado de 9, y era una superstición que siempre le persiguió (la décima realmente no pudo terminarla) . Durante 10 años, dirigió la Ópera de Corte de Viena, dirigiendo no sólo obras propias, sino de otros compositores, destacando las interpretaciones de Wagner y Mozart. Como dato curioso, su enemistad con Strauss no está ni siquiera disimulada en el libro.

 

Mahler fue relegado al olvido durante años, debido a su condición de judío, lo que hizo que el ascenso del nazismo condenase sus composiciones. A su música se la tachó de degenerada y moderna. Afortunadamenta, años después fue recuperado y representado de nuevo.

 

Como imaginaréis, éste es un resumen cogido con pinzas de la infinidad de anécdotas e historias que se nos cuenta en el libro. Debido a mi mayor interés por Alma que por Gustav, me quedo con la primera parte del libro, la escrita por Alma y en la que conseguimos mayor información sobre ella. A pesar de la infinidad de datos cronológicos sobre ensayos y estrenos, me ha resultado un libro maravilloso y con el que he disfrutado mucho. Tanto, que ya estoy buscando más sobre la vida de Alma, ya que éste solo nos relata hasta la muerte de Mahler, pero Alma le sobrevivió en más de 50 años. Quedan muchas aventuras, amantes y maridos todavía en su recorrido. Así que espero traeros más historias sobre una de las mujeres más fascinantes de la primera mitad del siglo XX. Y es que gracias a libros como éstos, podemos conocer la vida de las musas de los grandes genios de la historia, y cómo influyeron en sus vidas y en sus obras.

 

* Cuando terminé el libro y buscaba información para completar la reseña, me topé con estas dos magníficas grabaciones del programa de radio Libro de Notas de RNE, resumiendo este libro:

 

Título: Recuerdos y cartas de Gustav Mahler.
Autor: Alma Mahler.
Editorial: Taurus Ediciones.
ISBN: 9788430611576
Páginas: 398