¿Cuál es la receta para hacer una buena novela negra? Como si de un bizcocho se tratase, se pueden conjugar varios elementos. Debido al gran éxito en los últimos años de la novela nórdica, diría que hay que meter una buena porción de nieve. Pero claro, también tenemos el éxito de autores mediterráneos como Camilleri o Márkaris. Bueno, pues mezclamos cuarto y mitad de novela mediterránea con dos medidas de nieve. Ahora solo nos hace falta un protagonista con gancho, con alguna característica que le haga destacar: la mala leche. Pero no una mala leche provocada por la bebida o las depresiones, sino una mala leche acorde al carácter mediterráneo, con altas dosis de humor. Una mala leche de esas que te hagan simpatizar con el autor. ¡Et voilá! Tenemos Pista Negra, de Antonio Manzini. Por supuesto que la novela no es tan calculada ni metódica como una receta, pero sí me ha resultado curioso encontrar ingredientes de diversos tipos de novela negra de éxito. Como si hubiera metido todos ellos en una batidora y el resultado fuera un plato exquisito.

 

Rocco Schiavone tiene unas cuotas de ira de lo más elevadas. Incluso tiene una escala para medir lo que, con perdón, más le toca los cojones. Le molesta mucho la estupidez humana, la incompetencia de sus compañeros y estar atrapado en Aosta, una ciudad de los Alpes italianos. Un paraje espectacular que él detesta. No le gusta la nieve, ni la ropa que es preciso utilizar en estos lugares. Él es un romano elegante, enamorado de sus zapatos Clarks, de su loden y de la buena vida de la gran ciudad. El provincianismo de sus vecinos le enerva, y no tiene problemas en decírselo a cada uno de ellos en cuanto tiene ocasión, aspecto que les descoloca y les deja sin recursos. No están acostumbrados a esa aplastante sinceridad.

 

En Pista negra arrancamos la trama con un desgraciado accidente: una máquina pisanieves parece haber atropellado a un hombre en medio de la montaña. Pero, ¿qué hacía ahí plantado? Es imposible que el conductor de la máquina no le viese, la pisanieves va provista de focos muy potentes. El pobre conductor está desolado, el cadáver ha quedado despedazado y no se explica lo que ha sucedido.

 

Las primeras hipótesis apuntarán a que el muerto ya estaba muerto, y que por eso no se apartó de la trayectoria de la máquina y que ese es el motivo de que el conductor no le viese. Parece ser que tiene una marca distintiva en su cuerpo y gracias a ello se averiguará rápidamente la identidad del fallecido. Al menos así le ahorran el mal trago a la viuda de reconocer un cadáver despedazado.

 

Schiavone es uno de esos investigadores que se fijan en los pequeños detalles, esas minucias en las que nadie más repara y que finalmente son determinantes en la resolución del caso. Parece ser que el cadáver no llevaba los guantes puestos. Recordad que estamos en plenos Alpes, las temperaturas no suben de 0ºC, y es fundamental ir bien abrigado. El fallecido fumaba y al parecer se quitó los guantes para fumar. Pero, ¿los dos? Para fumar solo es necesario quitarte uno, para sacar el cigarrillo del paquete, para encenderlo y para sostenerlo con más facilidad que con unos enormes guantes de nieve. Pero no los dos. Creo que este ejemplo es lo suficientemente gráfico de qué tipo de policía tenemos delante.

 

Al estilo de un moderno Sherlock Holmes, Schiavone tendrá un escudero, Italo, un tipo que Manzini utiliza de excusa para que veamos el carácter de Rocco en todo su esplendor. Y también para introducir algún guiño acerca de la situación económica actual en Italia:

 

“- Rocco, yo no puedo permitirme un sitio como éste.
– Tranquilo, Italo, invito yo. Qué coño, si no puedo invitarte a comer, ¿qué vida es ésta?
El agente se encogió ligeramente de hombros.
– Pues sí. ¿Y qué vida es ésta si a los veintisiete años sigo en casa de mi padre para ahorrarme el alquiler y las facturas, y si tengo que hacer cuentas para ir al cine y a una pizzería?
– Ya. – Rocco mordió un colín -. Eres un tipo muy válido, Italo, pero tus perspectivas de hacer carrera en la policía no son especialmente prometedoras.
– Lo sé. Y te digo más: mis perspectivas en general tampoco son especialmente prometedoras, pero, si encuentro algo mejor, dejo la policía.”

 

Una muestra dolorosa y real acerca de esa “generación perdida” que tenemos, en Europa al menos, la generación de los sueños frustrados, de escasa valoración personal porque el hecho de que no se aprecie ni se remunere tu trabajo como merece hace que pierdas la perspectiva sobre lo que es correcto y lo que no. Como buena novela negra mediterránea veis que la denuncia social está incluida, de un modo sutil que no entorpece la trama, pero que logra que se quede en tu retina sin que te des cuenta. Y como este ejemplo hay decenas más: sobre la corrupción, sobre la economía sumergida, sobre la crisis. Pinceladas aquí y allá.

 

Si Márkaris es el espejo de la sociedad griega, Manzini va por buen camino para ser el espejo de la sociedad italiana. Y es que la trama, como sucede en estos casos, es una excusa para poner de relieve las miserias del alma humana: la envidia, los celos, el engaño, las habladurías, el atontamiento intelectual. Y todo ello con una magnífica combinación de comedia, arrancándote más de una carcajada, y de drama, con un final que te deja un nudo en la garganta. Manzini está teniendo un gran reconocimiento en Italia, y está en proceso de traducción a siete idiomas. Creo que puede ser el comienzo de una gran amistad.

 

*Para aquellos que viváis en Barcelona o alrededores, podréis disfrutar del autor en directo en BCNegra este miércoles a las 17:00 en el Auditorio del Conservatorio del Liceu.

 

Título: Pista negra (Pista nera)
Autor: Antonio Manzini.
Traductor: Teresa Clavel Lledó.
Editorial: Salamandra Black (2015)
Año de publicación: 2013.
ISBN: 9788416237036
Páginas: 256
Precio: 17€
Ficha del libro en Salamandra: http://salamandra.info/libro/pista-negra