Ayer tuvimos el infinito placer de escuchar a Pierre Lemaitre en BCNegra. Era uno de los platos fuertes del festival y creo que las expectativas por parte de todos quedaron bien cubiertas. Es un hombre amable, educado y con un sentido del humor de lo más particular.

 

Para romper el hielo y poner al público en situación, Álvaro Colomer enumero las novelas publicadas hasta ahora por Lemaitre y su larga lista de premios literarios obtenidos. Lemaitre bromeaba diciendo que Francia es un país de neuróticos y que otorgan un montón de galardones. Fuera de las fronteras francesas resulta muy impresionante para el público pero en Francia lo que realmente tiene tirón es que un autor no tenga ningún galardón porque es prácticamente imposible que no tenga ninguno nadie.

Hablando sobre los orígenes de la serie de Camille Verhoeven comentaba que nació como un encargo para una aplicación de smartphone que no funcionó en absoluto. La idea era crear capítulos muy cortos para que la gente pudiese leer en el transporte público y basado en el estilo de los folletines del XIX. Un par de años después, en una fiesta en la que conoció al editor al que más ha admirado durante toda su vida, este le pidió una historia para publicar y retomó la base de esa narración para smartphone y la convirtió en una primera novela.

 

Sobre los temas que aborda en sus libros, Colomer le preguntaba si tenía algún tipo de obsesión con la I Guerra Mundial, ya que es el tema principal en Nos vemos allá arriba, pero también se aborda en la serie de Verhoeven. Lemaitre contaba que de niño le impactaban mucho los monumentos a los caídos y ver en algunos de ellos el mismo apellido una y otra vez. En principio pensaba que había sido un error de quien había creado el monumento, pero su madre le explicó que no era un error, sino que en algunas familias habían fallecido varios miembros en la guerra. Y eso le pareció algo desolador. En sus novelas, confiesa, realiza guiños a sus lectores de narrativa en las novelas negras y viceversa introduciendo elementos de las otras y utilizando los nombres de los personajes.

 

Acerca del propio Camille Verhoeven, su protagonista más conocido, Colomer le indicaba que le parecía una verdadera provocación crear un protagonista con esas características físicas (para quien lo desconozca, Verhoeven mide 1,45 m y es un hombre discapacitado). Lemaitre contaba que le habría encantado ser dibujante. Tener la habilidad de crear en un instante y crear con cuatro trazos el esbozo de un personaje. La pintura ha tenido una importante influencia en su imaginario. El nombre de su protagonista proviene de Camille Pissarro y el apellido de un pintor flamenco. Y su aspecto físico está influido por Toulouse Lautrec. Esa elección del apellido no es fruto del azar, ya que los pintores flamencos son los pintores del detalle y le dan una importancia primordial a todo aquello que resulta secundario pero sin lo que la obra no resultaría tan impactante. En una novela aquellos que hacen que sea una gran historia son los secundarios.

 

Este personaje viene también claramente influenciado por su padre, que también era un hombre muy bajito y discapacitado, y sabe perfectamente lo que es vivir bajo la mirada de los demás. Consideró que podía ser enriquecedor para el personaje que tuviese un drama personal aparte de los dramas profesionales que se encontrará por el camino. La idea de tener a un personaje tan bajito también influye en la forma de ver la vida, ya que es la perspectiva física de un muchacho de 12 o 13 años, un punto de vista que resulta bastante diferente al de un adulto.

En sus novelas encontramos también dos tipos de féminas: mujeres y madres. Hace esta distinción porque en sus libros hay muy malas madres (lo que viene influenciado también de la suya) Y sus mujeres son muy resilientes. Sobreviven a la violencia masculina. En Francia una mujer por semana muere a causa de la violencia machista. Camille se rodea de mujeres que sufren mucha violencia de género, y es un hombre que a pesar de su aspecto y su estatura resulta muy atractivo a las mujeres por su carisma.

 

Hablando del Premio Goncourt nos contó el revuelo que se montó en Francia porque se le otorgase a un escritor de novela negra. Toda su carrera ha escrito novelas policiales, escribe una no-policial y gana el premio. Es cierto que en sus orígenes era considerado como un género más simple y para un público más popular. No hay tantas novelas policíacas de gran calidad. Hay una gran cantidad de novelas mediocres, pero lo mismo que sucede en todos los géneros.

 

La novela negra proviene de los folletines del s. XIX que estaban destinados a lectores que apenas sabían leer, con un lenguaje más asequible para ellos. Pero de repente surgen Simenon, Montalbán, Ellroy… Y hay que estar ciego para no ver que estos autores pertenecen a un élite literaria dentro del género.

Acerca de la novela negra escandinava, en su momento le compararon con Larsson. En el Times de Londres publicaron un reportaje sobre un “Encuentro con el nuevo Stieg Larsson”. Con esta afirmación se suponía que Lemaitre era mucho menos que Larsson y que lo único que había hecho era seguir los patrones que Larsson había establecido. Durante 20 años toda la novela negra se medía con este rasero, y se creó una hegemonía imposible de eliminar. Él opina que este boom de la novela escandinava coincidió con los inicios de la crisis, en los años 80. Esa crisis generó una depresión en la población y estas novelas son muy deprimentes. El público se veía reconocido en este modelo, como si se tratase de un altavoz del malestar europeo. Considera que esa moda está a punto de terminar por el mismo motivo por el que empezó. Estamos en un nuevo estado del mundo y ya no tenemos ganas de reprimirnos para sobrevivir.

 

Sobre quién hace la novela más original ahora mismo cree sinceramente que son y serán los franceses. Europa acaba de ser atacada por atentados. Nadie sabe qué va a suceder en los próximos años, pero el cambio de paradigma de poder ser atacado en tu propio territorio por alguien a quien no le importa perder la vida en ello, supone una ruptura. Estamos también en un momento de cambios rápidos. .

 

Comentaban que era un escritor que había empezado a escribir y publicar de bastante mayor, a lo que él respondió que con cincuenta y pico años no eres mayor, ni para escribir ni para nada. Cuando terminó su primera novela le rechazaron 22 editoriales, pero el tener a un maravillosa compañera que no dejó que perdiese la esperanza fue lo que le mantuvo en pie. Tuvo la suerte de publicar en el momento adecuado y de que sus libros encontrasen a sus lectores.