El domestic noir ha llegado para quedarse. El éxito alcanzado en los últimos meses con novelas como Perdida (Gillian Flynn), La mujer de un solo hombre (A.S.A. Harrison) o La chica del tren (Paula Hawkings) lo corroboran. ¿Y qué tiene esta vertiente del género negro que atrae tanto?

 

Todas estas novelas tienen varios rasgos en común. El primero de ellos, es que son novelas escritas por mujeres pero que no están destinadas exclusivamente a mujeres. Aunque el componente femenino es muy grande consiguen enganchar a ambos géneros debido a que son thrillers de lo más atrayentes. De todos modos, debido a que las estadísticas afirman que hay más mujeres lectoras que hombres no es tan descabellado que las tramas se centren en personas del mismo sexo a quienes está dirigida esta novela. Por lo tanto como segundo componente tendríamos la elección de protagonistas femeninas con una fuerte personalidad: mujeres de éxito, triunfadoras, con una satisfactoria vida laboral que son más dadas a anteponer su vida a ese papel de madres que se nos asigna por nacimiento. En tercer lugar, y que de ahí le viene el nombre, que trata dramas domésticos. En estas novelas quedan atrás las enrevesadas tramas de mafia o corrupción que se escogían en los albores de la novela negra. Y es que si lo piensas fríamente da mucho más miedo lo que pueda suceder de puertas a dentro de tu casa que fuera.

 

Esta es la principal baza que juegan estas escritoras de nuevo cuño: el terror dentro del hogar. Discusiones de pareja, secretos mantenidos durante años, fachadas que ocultan una persona muy diferente en su interior. Nadie deja completamente la hipocresía en el felpudo de casa, atraviesa contigo el umbral, y aunque estos factores afecten a la persona en la que (supuestamente) más confías en el mundo, todos tenemos secretos que no nos gustaría que se destapasen.

 

Eso es precisamente lo que le sucede a nuestra protagonista, Catherine Ravenscroft. Acaba de mudarse a un piso más pequeño con su marido. Casi han obligado a su único hijo a que se independice, ya tiene edad para ello y le ayudará a dejar de cobijarse bajo las alas de sus progenitores. Con todo este follón de la mudanza Catherine no sabe muy bien de dónde ha salido un libro que comienza a leer, El perfecto desconocido. Y en esta novela todo le resulta demasiado conocido. La historia, el lugar, los personajes. No es para menos: es ella quien protagoniza el libro y en él se narra una historia de su pasado que creía que tan solo ella conocía.

 

¿Quién ha escrito el libro? ¿Cómo ha llegado a sus manos? ¿Cómo puede alguien conocer ese fragmento de su vida que nadie más conoce? La simple posibilidad de que su marido o su hijo lo puedan descubrir, le aterra. Y hasta ahí puedo leer. Poco más puedo contaros de la trama sin destrozaros la historia, es mejor que os adentréis en ella un tanto a ciegas.

 

De una forma adictiva y atrayente, los círculos que unen a ambas personas (Catherine y el escritor del libro) se irán estrechando y cerrando hasta que compongamos toda la realidad que les rodea. Aunque de entrada pueda parecer una trama más de secretos y mentiras, una historia simplona sobre lo que Catherine hizo ese verano a escondidas de su marido, os aseguro que no todo es lo que parece y que cuando creáis que la novela ya no puede sorprenderos, aún lo hará. Es increíble cómo la novela nos hace reflexionar sobre nuestra propia forma de percibir la realidad, de cómo sin querer nuestra mente escoge por nosotros y cómo aceptamos sin reservas lo que parece obvio sin llegar a cuestionarlo siquiera.

 

“Sus palabras, tiernas, cariñosas, chocan con la imagen que tiene en la cabeza: su cara, la que su marido está acariciando, destrozada e irreconocible sobre las vías del metro.”

 

Uno de los temas socialmente delicados que toca la novela es las prioridades que supuestamente te otorga la maternidad en la vida. Por tradición el lugar que la sociedad otorga a una madre es junto a sus hijos, pero quizá esa mujer prefiera no dedicar todo su tiempo y toda su vida a la maternidad. ¿Por qué es reprobable que una mujer escoja antes su trabajo pero no sucede lo mismo con los hombres? Cuando es él quien abandona el hogar familiar para traer el pan a casa nadie parece llevarse las manos a la cabeza. Un hombre es toda su vida un hombre, pero una mujer deja de serlo para convertirse en madre. Sus prioridades deben cambiar y toda su vida debe girar en torno a sus vástagos. Afortunadamente, esta realidad en algunos casos está cambiando, y son cada vez más las que se atreven a decir en voz alta que no quieren menos a sus hijos por anteponer sus necesidades en algunas ocasiones.

 

Tan solo le he encontrado un pequeño fallo a la novela: falta de riqueza narrativa. La elección de una narración en primera persona suele conseguir que el estilo sea directo y te metas en la piel del narrador más fácilmente. Por otro lado, eso te limita a la hora de expresarte, porque en primera persona no son tan bien recibidos los artificios de estilo. Suele quedar forzado. Aunque esta elección considero que es perfecta para el ritmo de la historia, me ha faltado un poco más de disfrute con el texto en sí. La trama me ha dejado tocada, pero no me ha sucedido lo mismo con la forma de contarlo. Quizá los orígenes como guionista de la autora hayan tenido algo que ver en esto. En un guión es preceptivo que se utilice la primera persona y el presente de indicativo, elección que ha escogido Knight para esta novela, dos elecciones que en un texto literario pueden resultar un tanto pobres. Ha sido valiente a la hora de escoger esta opción, pero quizá también un poco temeraria. De todos modos, no olvidemos que estamos ante una primera novela y sale más que airosa del paso, aunque espero que en futuras novelas aproveche ese tirón que tiene con las tramas puliendo un poco más su estilo.

 

 

Título: Observada (Disclaimer)
Autor: Renée Knight.
Traductor: Carlos Mayor Ortega.
Editorial: Salamandra Black (2015).
Año de publicación: 2015.
ISBN: 978848415631040
Páginas: 320.
Precio: 19€
Ficha del libro en Salamandra: http://salamandra.info/libro/observada