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Hace unas días me llegó el ofrecimiento de leer una novela de un autor desconocido para mi. Ni el título ni la portada me resultaron atractivas, la verdad. Pero había algo que sí que me llamó la atención: el prólogo era de Darío Vilas. No sé si recordaréis El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas, que os traje al blog allá por Navidad. Fue una novela muy cortita con un estilo que me encantó. Por lo tanto, que el autor fuera el prologuista de ésta hizo que me lanzase en picado. Craso error.

 

Sabéis que pocas son las reseñas negativas que hago en el blog, gracias entre otras cosas a que me dejo aconsejar por blogs en los que confío y lectores con los que tengo gustos afines. De vez en cuando me aventuro a leer algo sin saber muy bien lo que me voy a encontrar y me llevo unos chascos tremendos. Este ha sido el caso de Nudos de cereza.

 

El argumento base de la novela es que Marcos busca desentrañar la trama del asesinato de su hermana Carolina años atrás. Carolina apareció muerta en un bidón, violada y mutilada, y nunca se supo quién fue su asesino. Para empezar, no le he encontrado sentido ninguno a que de buenas a primeras, con la muerte de la abuela de Marcos y Carolina, se desaten las ansias de resolver el caso por parte de Marcos. ¿Y todos esos años que han pasado en el medio? ¿Ha vivido tan tranquilo y la angustia se desata de repente? Ahí creo que me he perdido algo.

 

En segundo lugar, debido a esa obsesión con resolver el caso, se distancia de su mujer y su hijo hasta el punto de que su mujer quiere divorciarse y su hijo le odia. Junto con el toma y daca con su familia, irá alternando la historia de la infancia de los hermanos, llegando a un fatídico día en que sucede algo que cambia las vidas de los niños.

 

El argumento en sí es atractivo, a pesar de puntos que flojean no pintaba mal, pero el planteamiento de dicho argumento ha hundido todos los buenos propósitos del autor. Desde mi punto de vista, a la novela le queda mucho recorrido para ser una novela terminada. Le falta mucha corrección, en especial de estilo, y limar mucho el argumento. En muchos puntos he sentido que los giros argumentales eran trucos de chistera, sacados de la manga, sin una sustentación lógica que te lleve a este punto. Porque una cosa es la sorpresa narrativa, que es positiva en una novela, y otra la invención. Para dar un giro de 180º a un argumento, buscando sorprender al lector, que este suelte una exclamación asombro, ese giro debe estar sustentado en algo, debe ser lógico y sobre todo debe ser verosímil. Y en esta novela me he encontrado muchos giros sin verosimilitud ninguna.

 

Finalmente, la narrativa del autor me ha resultado pobre. Así como hacia el final mejora tanto la prosa como la complejidad narrativa, el principio me hizo querer dejar la novela a las pocas páginas. Me transmitió la sensación de que al final le había cogido el tranquillo, reiterando lo que comento de que le falta mucho trabajo de corrección.

 

El cabreo que tenía al terminarla no era tanto hacia el autor, cuyo esfuerzo y trabajo no soy nadie para juzgar, sino hacia la editorial. Creo que la obligación de una editorial que decide publicar una novela es la de asegurarse que el dinero invertido merecerá la pena, y para ello debe publicar una novela concluida en todos sus aspectos. Estilísticamente, narrativamente, ortográficamente… Hay mil detalles que aderezar y retocar antes de dar la novela por terminada, y creo que aquí la editorial ha cometido un gran fallo permitiendo que se publique la novela en este estado.

 

Podría comprender los fallos que señalo en una novela autoeditada. El autor no tiene por qué entender de edición y podría precipitarse. Pero no en una novela editada por una editorial. Demuestra poco respeto por los lectores.

 

 

Título: Nudos de cereza.
Autor: Ignacio Cid Hermoso.
Editorial: Punto en boca.
ISBN: 9788494107887.
Páginas: 338.
Precio: 19€