A pesar de lo que me digáis algunos últimamente, si el blog se llama Leer sin prisa es por dos motivos: porque me gusta degustar los libros con calma, y porque leo despacio (de verdad que sí). Y este es uno de esos libros que lo demuestran. De vez en cuando te topas con libros que ansías devorar en una tarde, saber cómo transcurre toda la trama y conocer el final lo antes posible. Pero en otras ocasiones, disfrutas tanto de algún libro que no quieres que se acabe nunca, y prolongas ese final todo lo que tu curiosidad te permite. Más o menos un mes me ha durado este libro, me lo he ido bebiendo a sorbitos.

 

Nos vemos allá arriba es una novela que transcurre en Francia al final de la I Guerra Mundial, guerra tan de actualidad este año por cumplirse los 100 años de su comienzo. Sin embargo, esta novela no trata sobre la guerra, sino sobre lo que sucede después. En las novelas y cine bélicos, normalmente nos narran la dureza de la contienda, las aventuras del protagonista, los que van cayendo por el camino. ¿Pero qué ocurre con los que no mueren y vuelven a casa? Ninguno de ellos es la misma persona, muy pocos vuelven sin heridas físicas (de las mentales ni hablamos). Personas que han tenido que matar a otros seres humanos, que han dormido al raso noches y noches, que han pasado meses en las trincheras, sin saber si sobrevivirán un día más, si su familia seguirá con vida y esperándoles con los brazos abiertos, hombres que han salido de esa guerra sin un brazo, sin una pierna, sin las dos.

 

Todo esto que os planteo son las preguntas y las sensaciones que nos quedan en la mente con la lectura del libro, pero Nos vemos allá arriba no trata sobre eso. La novela trata sobre dos antihéroes, Albert y Édouard, dos soldados que resultan gravemente heridos a escasos días del fin de la guerra, cuando ya casi pueden tocar con sus dedos el armisticio. Albert se sentirá en deuda con Édouard, y le atenderá mejor que las enfermeras del hospital militar donde serán ingresados: le limpiará las heridas, le buscará morfina, insistirá en el traslado de su amigo. Y finalmente hará lo más importante para Édouard: buscarle un modo de morir en los registros sustituyendo su identidad por la de un soldado fallecido.

 

Esto es solo el comienzo de las andaduras de estos dos personajes. Dos hombres completamente opuestos tanto en el modo de ver la vida como en la forma de afrontar su vuelta a su país. Y ahí está el mayor de los encantos de la novela, en ver cómo a pesar de sus diferencias consiguen mantenerse unidos en las adversidades.

 

¿A que tenéis la sensación de que os estoy hablando de una novela profunda  e intimista? Nada más lejos de la realidad. La novela está cargada de humor y de ironía, con situaciones realmente cómicas y disparatadas. No es un libro de humor en sí, pero el punto de vista tan mordaz que le da Lemaitre hace que a veces te sientas mal por sonreír con alguna de las tramas en que se ven envueltos. Creo que es algo muy difícil, conseguir un punto intermedio entre la solemnidad de estos temas y la falta de tacto a la hora de exponer según qué ideas. Y el autor lo logra a la perfección. De ahí que disfrutes tanto con su lectura, pero que sin embargo te quede un remanente de conceptos que te hacen darle vueltas a la cabeza tras su lectura.

 

Quizá el tema más escabroso que aborda, y a uno de los que más humor le imprime, es el tema de la recuperación de los restos de los soldados caídos. Muchos fueron arrojados a fosas comunes, otros se enterraron en cementerios alejados de sus casas, y sus parientes quieren tener un lugar donde irles a llorar, un sitio que les confirme que se trata de su familiar y no de otro, que te aseguren que realmente murió, que no está desaparecido u olvidado. El desplazamiento de los cuerpos, su adaptación a féretros demasiado pequeños para ahorrar, la confusión entre uno y otro cadáver, el enviar soldados alemanes por error a familias francesas… Todas las situaciones disparatadas que se os ocurran y que puede ser cierto que ocurrieran.

 

– Hemos quedado en que el metro setenta sale a treinta y tres francos – dijo Henri dirigiéndose a Lavallée -. ¿Y el metro cincuenta?
Sorprendidos por aquel nuevo enfoque, ninguno de los presentes comprendió qué quería decir con eso de los ataúdes más cortos de lo previsto… El carpintero no había contemplado esa posibilidad, tenía que calcular.
– Treinta francos… – declaró con voz inexpresiva.
– Ajá, ajá… – murmuró Pradelle con la boca entreabierta, pensativo.
Todos empezaban a imaginar las consecuencias prácticas: meter a un soldado muerto de un metro sesenta en un ataúd de un metro cincuenta. Según el contramaestre, habría que doblarle la cabeza hasta que la barbilla tocara el pecho. Por su parte, Dupré pensaba más bien en colocar el cuerpo de lado con las piernas un poco dobladas.
[…]
– Dígame, Lavallé, un ataúd de un metro treinta, ¿cuánto vendría a costar?

 

Creo que con todo esto alega a lo absurdo de ciertos sentimientos patrióticos que surgen tras estas contiendas. Porque en ocasiones en vez de ensalzar lo propio, se alega al patriotismo haciendo odiar al contrario, y eso de patriótico tiene muy poco.

 

Pierre Lemaitre es un reconocido autor de novela negra, y es curioso que siendo lectora del género le haya descubierto precisamente por una novela que no es negra. Con esta novela el autor francés ganó el reconocido Premio Goncourt, y ha sido un auténtico fenómeno editorial en Francia. Como indican en la contraportada “esta novela es un emocionante canto a la capacidad de superación del ser humano y, a la vez, un fresco y atrevido retrato de una sociedad descompuesta por uno de los más crueles inventos del hombre: la guerra”. No habría sabido expresarlo mejor.

 
 

Título: Nos vemos allá arriba (Au revoir là-haut)
Autor: Pierre Lemaitre.
Traductor: José Antonio Soriano Marco.
Editorial: Salamandra (2014).
Año de publicación: 2013.
ISBN: 9788498385915.
Páginas: 448.
Precio: 20€.
Ficha del libro en Salamandra: http://salamandra.info/libro/nos-vemos-alla-arriba