Afortunadamente cada lector es único y diferente. Al igual que pasa con los libros. Como reza la frase que tengo bajo el título de mi blog, “No hay dos personas que lean el mismo libro”. Justamente eso es lo que me ha pasado con este libro. Era una de las lecturas del Club de Lectura de las Casas Ahorcadas de Cuenca, al mando de Sergio Vera que es quien nos escoge las lecturas. Pere Cervantes acudirá a las jornadas de este año y precisamente por eso tenía ganas de leer el libro y poder opinar cuando hablásemos allí con él.

El caso es que a Sergio la novela le gustó mucho, nos la recomendó y a mí me comentó que la devoró en una tarde. Aunque no es el primer caso en que nuestros gustos difieren me fie de su criterio, y me he llevado un tremendo chasco con el libro. Está claro que cada lector es distinto a los demás.

 

El problema está en ese punto de no retorno. En mi caso fue cuando, en la edición digital, alcancé el 33% del libro. Estaba decidida a dejarlo pero mi cabezonería me hizo pensarlo y retomarlo. ¿Es buena idea obligarse a terminar un libro que no te está atrayendo? ¿En serio puede dar tal giro que pase de no gustarnos nada a que nos fascine? Sinceramente, creo que no. Y si no hubiese sido una lectura del Club de Lectura no me habría obligado a mí misma a terminarlo, la verdad.

 

La novela se desarrolla en Menorca otra de estas provincias olvidadas en cuanto a novelas de género negro se trata. Cada vez encontramos más historias ambientadas en lugares que no son las grandes urbes con ritmos de vida frenéticos y vecinos que no se conocen. Para los que somos de ciudades pequeñas nos suele ser más fácil empatizar con historias desarrolladas en un lugar similar a donde vivimos, con vecinas fisgonas y familias entrometidas. Pero para eso la historia debe atraernos.

 

En No nos dejan ser niños el autor nos cuenta dos historias paralelas. Por un lado, la trama criminal. Dos ancianas han aparecido muertas, supuestamente a causa de respectivos suicidios. Pero ambos son muy similares, demasiado. Y eso pone en alerta a la policía. Parece ser que alguien quiere deshacerse de las ancianas del lugar. El saber qué tienen todas ellas en común y quién ha decidido acabar con ellas será uno de los hilos conductores.

 

Por otro lado tenemos a María, nuestra protagonista. Una mujer que acaba de ser madre y que tiene a su marido viviendo en Shanghai durante dos semanas al mes. Allí, sin conocimiento de su esposa, vive con otra mujer llevando así una doble vida de engaños y mentiras. Para colmo la suegra de María se instala en su casa sin pedir permiso siquiera. Una suegra de esas de catálogo, empeñada a separar a su hijo de las garras de la arpía que le arrebató a su único hijo.

 

Para mí la novela ha tenido dos fallos fundamentales. El primero, la elección del asesino en la novela. Tranquilos que no pienso hacer spoilers. Para una novela de estas características hay varias opciones: jugar al despiste con el lector, inventar un truco de chistera en las últimas páginas sacando de la nada a un asesino que no viene a cuento, desviar la atención en alguien que no es… El autor ha escogido uno de esos métodos y desde mi punto de vista ha sido demasiado evidente desde el comienzo. No soy de esas personas que dejan una novela cuando descubren al asesino en la página 30, siempre y cuando sepan llevarme bien la intriga hasta el final. Y en esta novela no ha sido así.

 

El segundo fallo, pero este es muy subjetivo y personal, es que no me he creído la voz de María. Cuando un autor escoge a un narrador de sexo contrario al suyo para contar una novela hay que saber hacerlo bien. No es sencillo, tenemos formas de ver el mundo en ocasiones muy diferentes y reacciones distintas ante determinadas situaciones. No siempre el sexo es un condicionante, pero influye. Como lectora no terminé de creerme la voz narrativa femenina, pero es más una sensación que una serie de características que pueda enumerar.

 

Hay que tener presente que estamos ante una primera novela y que tiene muchos rasgos positivos. Uno de ellos, que se nota que en cuanto a los procedimientos policiales Pere Cervantes sabe de lo que habla ya que ha sido policía durante 25 años, siendo actualmente subinspector de la Policía Nacional y jefe del Grupo de Delitos Tecnológicos de Castellón de la Plana. Yo no entiendo del tema, no sé nada de procedimientos policiales más allá de lo que leo en las novelas, pero en esos fragmentos se nota que el autor se mueve como pez en el agua, que sabe de lo que habla y que domina el tema a la perfección. Otro punto a favor de la novela es que es bastante ágil. Quitando el comienzo que se hace algo más lento es cierto que la segunda mitad de la novela se lee bien y la trama es más adictiva.

 

A pesar de estos pros en mi caso pesan más los contras. Desde mi punto de vista la acción tarda demasiado en llegar, te pasas páginas y páginas ubicando a la protagonista, comprendiendo sus dificultades como madre pero sin avanzar en la acción ni en la trama de los asesinatos. Aunque arranca con un golpe de efecto no es lo suficientemente efectista para mantener el interés durante tanto tiempo. Y os estoy hablando de una novela de 300 páginas.

 

No es una mala novela pero está destinada a un público en el que no me incluyo. Me ha recordado demasiado a novelas que no han sido de mi agrado, ese tipo de novelas que siempre digo que están pensadas para un público no-lector de novela negra, para aquellos que se acercan al género con reticencias y de forma ocasional. Por ello no dejo de recomendárosla, pero tampoco os diría que la leyeseis. Para ello debéis saber bien qué tipo de lector sois.

 

 

Título: No nos dejan ser niños.
Autor: Pere Cervantes.
Editorial: Ediciones B (2015)
ISBN: 9788466655309.
Páginas: 304
Precio: 18 €
Precio edición digital: 5,22€
Ficha del libro en B de Books:
http://www.edicionesb.com/catalogo/autor/pere-cervantes/1201/libro/no-nos-dejan-ser-ninos_3243.html