Como explicaba el otro día en mi “Regla de las 20 páginas” este año cambio el formato de mis lecturas predilectas de 2016. Ya no hay bueno, feo ni malo, por el simple motivo que no voy a compartir ni las lecturas que más me han defraudado ni las que he abandonado. Este año traigo muchas más lecturas para recomendaros e importantes cambios en cuanto a los géneros leídos y destacados para mí. ¿Empezamos?

 

Distancias cortas: Cuentos, relatos e historias breves.

 

Quienes me leéis con frecuencia sabéis que soy una firme defensora del relato. Este año he leído más que nunca, y lo normal es que en esta selección hubiese muchos más ejemplares, pero el tema es que estoy leyendo los relatos de varios autores y tengo varias recopilaciones a medias. Por ello tan solo os traigo tres:

 

 

La chica de California y otros relatos, de John O’Hara. Lleva meses este libro en mis estanterías llamándome a gritos, y hace unas semanas ya le eché un ojo y vi la pinta tan fabulosa que tiene. Por eso, lo dejé para que fuese mi última lectura del año. Uno de los autores norteamericanos más prolíficos en cuanto a relatos al que se le escapó el Nobel en más de una ocasión. Lo mejor: páginas y páginas de diálogos a los que no les hace falta ni descripciones ni ubicación de personajes. La edición de Contra y la traducción de David Paradela López son impresionantes, y la introducción de Didac Aparicio hace que quieras leer toda la obra de este autor. Ya os contaré más en mi reseña.

 

Cuentos inquietantes, de Edith Wharton. El 2016 ha estado marcado para mí por tres fabulosas escritoras. Una de ellas es Edith Wharton, de la que este verano me leí casi todos sus relatos traducidos al castellano, su autobiografía, una biografía maravillosa editada por Alrevés, las cartas que escribió a su amante… Y de todo ello, lo mejor este magnífico volumen editado por Impedimenta y traducido por Lale González-Cotta. La edición es de auténtico lujo, y la selección es uniforme y con temas comunes entre los relatos. Uno de esos libros perfectos para regalar y regalarse.

 

 

 

 

Rampo. La mirada perversa, de Edogawa Rampo: La liberación de los derechos de autor de Rampo ha hecho que este año hayamos tenido tres publicaciones del autor y que este próximo enero tengamos otra de la mano de Salamandra. De los tres volúmenes que he leído del autor el mejor con diferencia es este editado por Satori. La selección de los relatos es magnífica y el plus que aportan la traducción y las notas de Daniel Aguilar hacen que sea imprescindible para todos los amantes de la literatura japonesa de cualquier género.

 

 

Narrativa de ayer y de hoy.

 

Este año me he volcado mucho más con la narrativa dejando más de lado la novela negra. Es necesario leer de todo y tener una visión de conjunto de la literatura para poder apreciar cada género en función de lo que se ha escrito en cada momento de la historia de la literatura, en distintas temáticas y lugares. Y dentro de ella, mi autora del año con diferencia ha sido Penelope Fitzgerald.

 

 

 

Todos los miedos, de Miguel Ángel González. A nadie le sorprenderá que este libro esté entre mis favoritos del año porque he dado mucha guerra con él por redes sociales este año. Merecida ganadora del Premio Café Gijón 2015, estamos ante una novela con una prosa delicada y con dos historias excepcionales. La voz narrativa que consigue González no es un golpe de suerte: La luna de Armstrong y Kubrick, que espero reseñaros pronto, es tan buena como este Todos los miedos. Apuntad el nombre de esta novela y de este autor porque puede daros muchas alegrías lectoras. Edita Siruela.

 

Tea Rooms. Mujeres obreras, de Luisa Carnés. Una novela que era necesario recuperar y que no solo está magníficamente escrita en 1934, sino que supone un magnífico reflejo de un momento muy preciso de la historia de nuestro país, en los años previos a la Guerra Civil que recrudecería todo aún más. Sus esquemas narrativos son rompedores y consigue hacerlo con una sencillez que abruma. Una de esas alegrías que Hoja de Lata nos da de vez en cuando llevando a las mesas de novedades novelas de las que muy pocos se acuerdan ya.

 

La otra vida de Ned Blackbird, de Alexis Ravelo. Que soy una de las mayores fans de Ravelo no es un secreto para nadie. Tengo prácticamente todas sus novelas reseñadas en este blog, a excepción de las novelas juveniles y sus relatos (que me esperan en la estantería). Esta novela es especial para mí por muchos motivos, pero no la recomiendo solo por ello. Ravelo consigue con ella tenerte en vilo como si leyeses alguna de sus historias más negras. Su prosa siempre ha sido exquisita, sin importar el tema que aborde en sus libros, pero en esta logra un plus de calidad a través de un lenguaje mucho más meditado y una serie de referencias literarias que los más entendidos agradecerán por el guiño que les hace. Y si por dentro es magnífica, la edición de Siruela no se queda atrás: la portada de Ana Bustelo recibió el Premio en Communication Arts 2016.

 

 

 

Enterrado en vida, de Arnold Bennet. Con diferencia, la novela más divertida de las leídas este año. Mirando atrás descubro que ha sido un año que empecé queriendo dedicar a los norteamericanos y mi atención se ha centrado mucho más en los británicos. Desconocía a Arnold Bennet y a raíz de esta lectura he comenzado a buscar más publicaciones del autor. Irónica, disparatada y con situaciones del todo insólitas, descubriremos la extraña vida de Priam Farll, un artista que sin saber bien cómo se ve envuelto en su propia muerte y todo lo que conlleva. Como siempre, la edición de Impedimenta y la traducción de José C. Vales son impecables.

 

La casa de las persianas verdes, de George Douglas Brown. Esta novela junto con Enterrado en vida forma el tándem de las novelas más divertidas del año. Sin embargo esta tiene un toque tan agrio que al final que deja un sabor amargo por cómo remata la historia. Está considerada como la primera novela moderna y realista de la literatura escocesa, y para estar escrita en 1901 sorprende su modernidad y cómo las cosas no han cambiado tanto en más de un siglo. Publica una de mis editoriales de cabecera ya: Ardicia. Traducida por Sara Blanco Sánchez.

 

La culpa, de Kate Chopin. Que nazcan nuevas editoriales como Defausta ya es una buena noticia con la que está cayendo. Que además lo hagan con el propósito de recuperar obras maestras olvidadas es un plus para las mesas de novedades colmadas de obras repetidas en cuanto a argumento y a estilo. La culpa de Kate Chopin no es su obra más conocida, pero no por ello era menos necesaria su recuperación. Si os la entregase a ciegas y sin deciros que fue escrita en 1890 os aseguro que no acertaríais en su fecha de publicación. El despertar es el gran éxito de la autora, pero siempre es bueno ver los antecedentes de las grandes novelas de la historia de la literatura, y esta es una digna antecesora. Traducida por Susana Prieto Mori.

 

 

 

 

Las chicas, de Emma Cline. Una de las novelas más polémicas de este otoño porque ha despertado pasiones y odios a partes iguales. Traté de alejarme del todo de comentarios y opiniones antes de ponerme con ella, y cuando comencé a comentar en redes sociales cuánto me estaba gustando descubrí que muchos lectores de los que me fío la habían abandonado. En mi caso ha sido una historia tremendamente evocadora, transportándome a la California de 1969 y a los miedos y dudas de la adolescencia. La historia no me ha interesado tanto como las sensaciones que logró transmitirme. Y Cline nació en el 89. Dan ganas de odiarla muy fuerte. Traducida por Inga Pellisa y editada por Anagrama.

 

Penelope Fitzgerald. Así, sin títulos ni nada. La verdad es que me cuesta escoger dentro de su obra, pero si es necesario creo que destacaría especialmente El inicio de la primavera (con traducción de Pilar Adón) y A la deriva (con traducción de Catalina Martínez Muñoz) (mil perdones por no sacar el libro original en la foto, pero hace tiempo que lo devolví a la biblioteca). Descubrir su vida y su obra han sido de los mejores momentos lectores del año, por lo que le deberé gratitud eterna a Impedimenta por haberla publicado en España. Cruzaré los dedos porque sigan editando sus obras, especialmente A la deriva porque es dificilísimo dar con ella.

 

 

Novela negra, policíaca, enigma o cómo queráis llamarla.

 

Como las etiquetas dentro de los géneros son tan limitadas en ocasiones, digamos que este apartado es para hablar de novelas “oscuras”. ¿Vale así? Como decía al principio he leído mucha menos novela negra que otros años, y es el género donde más libros he abandonado. En este caso ha sido culpa de clones y más clones de novelas, de la falta de originalidad y de la poca acertada colocación de etiquetas a los libros. Que aparezca un muerto no significa que estemos ante una novela negra, señores.

 

 

 

El huésped, de Marie Belloc Lowndes. Cuando descubrí que la Editorial Menoscuarto iba a recuperar esta novela di, literalmente, saltos de alegría. Tengo entre mis estanterías el DVD de  The lodger (El enemigo de las rubias en castellano) de Alfred Hithcock y hace años había descubierto que tras esa historia había una novela de una autora británica que permanecía inédita en castellano (si se ha traducido con anterioridad, desde luego no he dado con ninguna referencia a ella). Una historia sobre un extraño huésped que todo apunta a que se trata de Jack el Destripador. Que no os despiste que sea de 1913: ha envejecido perfectamente. La traducción es de Susana Carral.

 

Policía en el Funeral, de Margery Allingham. Aunque el acontecimiento del año respecto a esta autora ha sido que Impedimenta ha decidido recuperar su obra (espero que no haya sido una publicación aislada y continúen traduciéndola), no puedo evitar quedarme con esta rareza de Allingham. De las 4 novelas suyas que he leído esta es la más extraña y canónica. El resto aportan una mezcolanza de novelas de misterios con aventuras y grandes dosis de humor británico. Pero esta es original dentro de su obra. La resolución de la intriga tiene sus fallos, pero tiene algo que no pueda evitar adorarla. Es complicado dar con ella, pero no imposible. Buscadla y disfrutadla.

 

Hay que matar a Lewis Winter, de Malcolm Mackay. Esta fue mi novela escogida como mejor novela negra para la lista de Elemental. Me da pena haberla visto tan poco por las redes este año, porque no me he cansado de recomendarla. Es la primera de tres, y aunque rehuyo leer series cada vez más, esta tenía algo que me atraía. Y veo que acerté de lleno con ella. Si os gusta la novela negra clásica norteamericana que no os despiste que Mackay sea escocés. Si os gusta el estilo de Craig Russell, esta es vuestra novela. Edita Siruela y traduce María Corniero.

 

 

 

 

Mal trago, de Carlos Bassas del Rey. Bassas ya es uno de mis escritores de género nacionales preferidos. Tiene una de esas prosas preciosas y preciosistas que hacen que el que sus novelas sean de género sea algo anecdótico, tan solo un instrumento al servicio de lo que quiere contarnos. Descripciones breves y precisas (jamás olvidaré ese portal de color natilla) y personajes con más trasfondo en cada una de sus novelas (Corominas en esta novela se desnuda para nosotros) que hacen que la trama pase incluso a un segundo plano. Las subtramas se comen la novela y hacen que disfrutes más de ellas que de la intriga policíaca. Edita Alrevés.

 

La violencia justa, de Andreu Martín. Sentarse a leer una novela de Andreu Martín es sinónimo de momentos de calidad lectora. Para mí es EL autor de novela negra por excelencia en nuestro país, con una lista de novelas que da vértigo y que aún así consigue sorprender. En esta ocasión nos trae una historia de violencia, de maltrato, de brutalidad policial, de violencia de género. No se deja nada en el tintero, y a pesar de los temas escogidos no se trata de una novela desagradable de leer. Narrada a dos voces perfectamente diferenciadas y reconocibles, la voz de Teresa es sencillamente impecable. Martín es un genio creando diálogos, y es algo que aprecias tras leer a autores en los que ese particular flojea. Un referente, un pilar.

 

 

No ficción o cómo creer que lees una novela cuando en realidad no lo es.

 

Es curioso cómo este año ha sido el que más no ficción he leído, pero solo he escogido 2 libros de esta temática. Esto se debe a que gran parte de los ensayos que he leído no los he terminado. He leído algunas biografías magníficas y partes de otras, he consultado libros sobre cine, sobre novela japonesa, sobre novela negra clásica, sobre urbanismo y hasta sobre leyes. Pero tan solo de forma aislada, algunos capítulos o algunas partes. Para aprender y para documentar mis textos todo lo que mi tiempo me permite. Por ello, es difícil recomendar libros que solo has leído parcialmente. Pero estos dos sí que deben estar aquí.

 

 

 

Instrumental, de James Rodhes. La lectura de este libro fue una experiencia increíble, y muchos me dijisteis que la reseña había sido sensacional, quizá porque se apreciaba cuánto había disfrutado y sufrido con el libro. Muchos atacan esta obra por oportunista o por escasa calidad literaria. Pero lo importante reside en el mensaje que transmite, en esa ruptura de hablar de determinados temas que por culpa de ser tabú siguen sin denunciarse y sin perseguirse como es imprescindible que se haga. Este libro es sobre todo necesario, y sí, para algunos toda una experiencia. La preciosa edición es de Blackie Books y la traducción de Ismael Attrache.

 

Bajos fondos. Una mitología de Nueva York, de Luc Sante. Otro de esos libros que se leen como si estuviésemos ante una novela. Una obra dinámica y ágil acerca de la ciudad de Nueva York, sobre la construcción de sus calles y casas, el tipo de locales de entretenimiento que había, sobre el funcionamiento de la policía en sus orígenes, sobre la orfandad y la miseria en sus calles. He alargado la lectura de este libro durante meses, y no precisamente porque no me estuviese gustando. A ver si saco tiempo y no solo lo reseño, sino que sigo contándoos cosas interesantes por Twitter con fotografías que lo ilustren. Mi gratitud eterna a Libros del K.O. por publicarlo. La traducción es de Pablo Duarte.

 

 

Cómic.

 

Aunque ha sido un año especialmente flojo en lectura de cómics, no podría dejar de traeros al acontecimiento del año para mí dentro de este género: Agente Secreto X-9, de Dashiell Hammett y Alex Raymond. Durante 5 meses estuvo mi ejemplar en pre-orden porque retrasó la publicación desde Abril hasta Septiembre. Pero lo importante es que ya podemos disfrutar de él en castellano. El volumen es impresionante, con una introducción que trata de ponernos en situación acerca de lo que vamos a leer. Las historietas recuerdan con claridad a las de Dick Tracy a quien trataban de hacer la competencia. Pero no por ello son de peor calidad. Alguno de los guiones de Hammett me han recordado irremediablemente a sus relatos y a su forma de estructurar las historias. Una delicia para los amantes del género negro y del cómic clásico. Un must. Edita Planeta y traduce Diego de los Santos.