Las altas expectativas no son buenas. Sobre todo, cuando son muy altas. Está bien que te vendan una novela como algo bueno, pero cuando te lo venden como algo extraordinario, y sobre todo durante mucho mucho tiempo, lo más normal es que te des un batacazo de narices.

 

Eso es lo que me ha ocurrido a mí con Lawrence Block. Más de uno y más de dos hablan maravillas de Matt Scudder. Y ojo, que la novela que os traigo hoy no es mala. Pero es una primera novela. Y como tal, tiene algunas deficiencias.

 

Nos encontramos con un padre dolido que acaba de perder a una hija asesinada y mutilada de forma brutal. En teoría el caso está cerrado: encontraron a su compañero de piso cubierto de sangre, bailando y gritando en medio de la calle mientras mostraba a todos su majestuoso miembro viril. Fue arrestado, y él mismo se suicidó muy poco después. Por lo tanto, ¿dónde está el caso? El asunto es que el señor Hanniford había perdido el contacto con su hija hacía mucho tiempo, ella se había ido del domicilio familiar para estudiar y se desvinculó por completo. La prensa insinúa que la chica era prostituta, y la sorpresa de su padre es mayúscula. No quiere que se investiguen las causas del asesinato, sino cómo era la vida de su hija, si era prostituta qué la había llevado a ello, con quién se relacionaba, de dónde obtenía sus ingresos.

 

Y ahí entrará en juego Scudder, un investigador nada ortodoxo y más que acostumbrado a los sobornos y la corrupción. El punto de partida será el cadáver, la autopsia, observar qué se puede ver sobre el asesinato y de ahí ir hacia atrás: vecinos, caseros, amigos… Deberá componer una fotografía de la vida de Wendy para mostrársela a su padre. Pero quizá no le guste lo que vaya a ver.

 

Matt Scudder es un personaje de lo más peculiar. Ex policía metido a detective privado, a pesar de que lo niegue, ya que según palabras del propio Matt, “Los detectives privados tienen licencia. Intervienen teléfonos y siguen a la gente. Rellenan impresos, redactan informes, todo eso. Yo no hago esas cosas. A veces hago favores a algunas personas y me gratifican por ello” . Vamos, que diga lo que diga, es un investigador privado en toda regla. Está desencantado de la vida: está divorciado, tiene dos hijos a los que ve de tarde en tarde y tiene un pecado con el que carga que fue el motivo por el que dejó el cuerpo de policía. Y encima bebe. Sí, detective de catálogo. Pero no se queda ahí. Scudder sabe lo que se hace, lleva muchos años dedicado al oficio de encontrar culpables, y sabe oler cuando alguien lo es. Por su cara, por sus gestos, por sus reacciones. Sabe de sobra cuándo alguien esconde algo.

 

Y este ha sido mi pero del libro. En el 80% de las situaciones su olfato de sabueso me ha resultado verosímil y argumentado, pero en un par de ocasiones no ha terminado de convencerme ese sexto sentido tan desarrollado. Quizá es que estoy un poco escamada de mis últimas lecturas con detectives re-que-te-sa-bion-dos y ya miro a todos con lupa. El otro fallo que le he encontrado al libro ha sido la longitud tan desigual de los interrogatorios: a
personajes que son más que relevantes para la trama los despacha en 5 frases, y sin embargo con otros se enrolla páginas y páginas. Eso sí, vaya interrogatorios. Scudder tiene tablas más que de sobra y sabe cómo y cuándo preguntar, cómo presionar a la gente y que se sientan presionados.

 

Como veis, hay más de un contra, pero muchos pros. Es decir, que el sabor de boca que me ha quedado es satisfactorio a pesar de que las expectativas las tenía muy altas. Una de las cosas que más me han gustado es la ambientación. Esta novela se publicó originalmente en 1976 y se desarrolla en Nueva York en esa misma época. Ese Nueva York no tiene nada que ver con el de hoy en día, bastante seguro y limpio de maleantes. El Nueva York de la novela se aproxima más al de Taxi Driver, que era la imagen que no conseguí quitarme de la cabeza en toda la lectura: gente desencantada, irónica y mordaz, con un nivel de criminalidad abrumador, y con un sistema policíaco por el que puedes pagar favores sin ponerte colorado. Tengo curiosidad por saber hasta qué punto la novela pudo levantar ampollas en los 70 por tratar estos temas tan abiertamente.

 

Habrá que seguir con la serie para ver a dónde nos lleva el personaje.

 

 

*Una curiosidad: La serie de Matt Scudder se compone de la friolera de 17 novelas y 12 relatos, que abarcan desde 1976 hasta 2011. En castellano solamente tenemos 7 traducidas.

 

 

Título: Los pecados de nuestros ancestros (The Sins of the Fathers)
Autor: Lawrence Block.
Traductor: Roger Wolfe.
Editorial: Júcar, Etiqueta Negra (1989)
Año de publicación: 1976.
ISBN: 9788433437011
Páginas: 157
Precio: en mi caso, 1,95€ en la Semana Negra de Gijón.