Estamos de celebración. No solo porque Serie Negra de RBA nos haya rescatado al gran detective que es Laidlaw, sino porque el festival de novela negra Getafe Negro nos trae de visita a España a William McIlvanney. En nuestro país es un desconocido por el gran público y es una oportunidad fabulosa para acercarse a su obra y al mismo autor. Podéis escucharle este viernes 24 de octubre a las 20:00 en la Fábrica de Harinas de Getafe.

 

A los que nos gusta rebuscar en la red para dar con ediciones antiguas, con McIlvanney no está demasiado fácil, pero algo hay. Los papeles de Tony Veitch me llegó directamente de Marruecos con sellos por todo el libro de haber pertenecido a la Biblioteca Rabat. Esperemos que Serie Negra siga reeditándole para no tener que recurrir a estos métodos de búsqueda.

 

Con Los papeles de Tony Veitch seguimos con la segunda entrega de la trilogía protagonizada por Laidlaw. Es una novela complicada, no es fácil de seguir, si no pones los cinco sentidos en su lectura es probable que tengas que retroceder. Al menos a mí me ha sucedido así, he tenido que volver atrás en un par de ocasiones y finalmente he ido trazando un esquema en papel de los personajes. Y es que la narración es llevada por todos esos personajes, no posee una estructura lineal narrada desde los ojos de Laidlaw, serán todos ellos los que compondrán la trama desde su propia mirada.

 

“Las leyes reguladoras de la venta y consumo de alcohol tienen a veces su lado positivo. Sin ellas, nadie conocería jamás la secreta alegría de beber después de la hora de cierre, esa sensación de pertenecer a un club muy temporal. Tienen el romanticismo de la época de los pioneros, cuando se encerraban en sus cabañas y dejaban a los lobos hambrientos detrás de la puerta.”

 

Mickey Ballater acaba de llegar a la ciudad, a nuestro amado Glasgow. Se suponía que Paddy Collins debería haber ido a recogerle, pero no hay ni rastro de él. Mickey saca una dirección de su bolsillo, y tras esperar y comprobar que Paddy no aparece, se planta en busca de Gina. Gina está con un cliente al que Mickey obliga a salir de la cama para hablar con ella. Por lo visto Paddy no ha ido a recogerle porque le han cosido a puñaladas, a ella se lo ha contado el cuñado de Paddy, Cam Colvin. Y Cam quiere venganza. Aprovechando la visita, Mickey pregunta a Gina por Tony Veitch, pero ella le comenta que parece ser que ha desaparecido, y que Mickey le busca porque le debe dinero.

 

Por otro lado, avisan desde el hospital a Laidlaw de que un vagabundo borracho y moribundo ha preguntado por él. O se da prisa o no logrará verle con vida. Laidlaw acude al hospital, y entre gemidos y agónicos lamentos Eck le susurra que “El vino que me dio… no era vino”. Por lo visto la muerte de Eck no es tan fortuita como parecía en un primer momento.

 

Aunque nadie parece interesado en investigar la muerte de Eck, Laidlaw sí que lo está. Así es Laidlaw, un reivindicador de causas perdidas. Entre las pertenencias del muerto hay una serie de papeles en los que hay un número de teléfono y el nombre de Paddy Collins. Laidlaw no tarda en descubrir que Paddy ha sido asesinado. Dos muertos, ninguno por muerte natural y conectados de un modo que de momento se desconoce. Parecen demasiadas coincidencias.

 

Tras varias reuniones y apariciones de unos cuantos personajes más, parece ser que todos quieren dar con Tony Veitch por un motivo o por otro, y no parece que vaya a ser fácil dar con él. Laidlaw es el único que cree que los tres sucesos están conectados, las dos muertes y la desaparición de Tony.

 

Como veis, en un momento os he soltado varios nombres, varias tramas y varias líneas de investigación. De ahí que sea fácil perder el hilo sobre quién es quién en este rompecabezas. Pero si le dedicáis un poquito de esfuerzo y de atención, os aseguro que la novela merece mucho mucho la pena. En esta ocasión tenemos un poco menos de Laidlaw en el transcurso de la historia hasta acercarnos al final, que será cuando tome las riendas de la narración y nos deleite con sus sentencias y su carácter.

 

Laidlaw es un policía tremendamente humano. En ese aspecto se diferencia de los arquetipos de detectives fríos y distantes. Laidlaw le dedica tiempo a los muertos, no descansa hasta dar con los culpables, y se preocupa enormemente por los familiares que quedan para llorar las ausencias. Pero sobre todo, es un cabezota redomado. No solo desoye órdenes y consejos, sino que actúa por su cuenta convencido de ser el único que entiende la importancia de las investigaciones, y quizá sí que sea así.

 

“Pero creo que tiene que haber algo más. Una de las cosas por las que estoy en este trabajo es para aprender. No sólo a cazar criminales sino a saber quiénes son realmente, y tal vez por qué lo son. No soy un perro guardián, educado para responder a silbidos y a cazar a quienquiera que me ordenen. No sólo sospecho de las personas a las que cazo sino también de las personas para quienes las cazo. Tengo la intención de continuar así.”

 

La narrativa es exquisita, uno de esos ejemplos de catálogo para todos aquellos que dicen que la novela negra es solo puro divertimento y que no puede ser alta literatura. Es toda una lección de como combinar la calidad literaria con una trama atractiva de leer. Es una verdadera lástima que McIlvanney decidiera escribir solamente tres entregas de Laidlaw, porque podría haberle sacado mucho jugo. El personaje es brillante, es de esos detectives de los que quieres saber más, y el autor es muy listo y nos suelta sus perlas con cuentagotas. Pero hay muchas frases dignas de subrayar y apuntar. Tiene un carácter cautivador propio de un caballero escocés.

 

Otras reseñas de la serie Laidlaw:
Laidlaw.
Extrañas lealtades.

Título: Los papeles de Tony Veitch (The Papers of Tony Veitch)
Autor: William McIlvanney.
Traductor: Amelia Brito Astorga.
Editorial: Península (1995)
Año de publicación: 1983.
ISBN: 9788429739084
Páginas: 270