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“Quiero vivir. Quiero casarme, divorciarme y volverme a casar. Quiero que me traicionen, que me despidan y que me rompan el corazón. Nada me alegraría más que descubrir que me han engañado. Quiero exprimir este extraño fruto que llamamos vida. Quiero morir salvando a alguien, y que mis hijos recuerden que lo hice, y que uno de mis nietos escriba una novela sobre mí. Quiero ser recordado.”

 

Si os abro la reseña de Los nombres muertos con este párrafo, quizá penséis que estáis ante una novela de pasión o de amor, incluso. Pero si lo volvéis a leer con calma veréis que resume un espíritu aventurero, de ganas de perpetuarse en el tiempo y en el espacio. Y eso es lo que tenemos hoy aquí.

 

Los nombres muertos es una novela de aventuras. De esas que lees de adolescente que te atrapan y te enganchan a sus páginas, y que no te sueltan hasta que las terminas, con una trama adictiva, muy rápida y además de esas que te tienen sonriendo cada poco. Eso es Los nombres muertos.

 

Lo primero que supe de esta novela es que estaba protagonizada por H. P. Lovecraft. Y ya solo por eso quería leerla. Se puede decir que no he leído nada de Lovecraft, porque lo que leí en su día no lo recuerdo para nada. Pero sé que me gustó. El caso es que el escoger a un personaje histórico real, alguien además tan respetado en el género de terror, me parecía una osadía tremenda. O el libro era buenísimo, o le echarían a los leones por atreverse a utilizarle. Y Jesús Cañadas lo ha conseguido.

 

Si ya era atrevida la aparición del creador de Chtulhu, la osadía del argumento es aún mayor. Le encargan al mismísimo Lovecraft que busque el Necronomicón. Para quien no lo sepa, este libro mágico fue una invención de H.P. en sus historias de terror. Es decir, que no existe. El asunto es que no solo lo nombró él, sino alguno de sus colegas escritores también. Por lo que el mito fue engordando. Y Jesús Cañadas recurre a ese mito convirtiéndolo en una obsesión para algunos, haciendo que Lovecraft y sus colegas se recorran medio mundo tras el libro: de Estados Unidos a Londres, de ahí a Berlín, a Portugal, a Damasco… Y una trama que se desarrolla en 1931, en la Europa de entre guerras nada menos.

 

Para dar más verosimilitud si cabe a la historia, Lovecraft irá acompañado de su inseparable y adorable Frank Belknap Long, su Watson particular, del que si no te enamoras es que no tienes corazón. También aparecen otros dos desconocidos para mi Arthur Machen, Robert E. Howard, y hasta cameos de Fernando Pessoa, J.R.R. Tolkien, John Raskob, Charles Chaplin, Dalí…. E innombrables nombres de la de sorpresas que nos depara el libro. Muchos conocidos, pero otros menos conocidos para los profanos en el género, por lo que te pasas el tiempo buscando si son personajes reales o imaginados.

 

Recalco el tema de los personajes porque para mí ha sido lo mejor con diferencia. La trama es buenísima, te engancha a las pocas páginas y te pega al libro hasta terminarlo. Pero la magia del libro son los personajes. Los diálogos tan divertidos, la cantidad de frases para subrayar como con la que empiezo la reseña, la construcción de los personajes a través de sus actitudes. Apenas hay descripciones físicas, pero no las requiere. Llegas a conocer tanto a los personajes que prevés cómo van a reaccionar en determinados momentos. Y es algo que me parece dificilísimo de lograr cuando usas personajes que existieron en la realidad. Te quedas con la sensación de que su carácter es así, pero también te queda claro que es una novela de ficción, no una novela biográfica ni histórica, que la acción es imaginación del autor.

 

Como todo en esta vida, le he encontrado un pero. La gran mayoría de los capítulos están encabezados por las fechas en que transcurren los acontecimientos. Y hay un salto de Septiembre a Diciembre en el que yo personalmente me perdí un poco. Es cierto que más adelante aclara un poco lo que sucedió en esos meses, pero para mi gusto ahí el clímax bajó y me hizo perder un poco el hilo. Pero quizá sea un recurso para subir de nuevo como en una montaña rusa para ese final con fuegos artificiales.

 

Soy una persona a la que le cuesta mucho recomendar libros. Todos tenemos gustos muy dispares y acertar es complicado. Bueno, pues con esta novela me atrevería sin reticencias. Creo que tiene todos los ingredientes para ser una de esas novelas que te atreverías a recomendar a todo el mundo. Porque tiene un poquito de todo: de historia, de acción, de aventuras, de intriga, de amor, de terror… Y todo bien agitado nos da Los nombres muertos.

 

Si todavía no os he convencido, os animo a que escuchéis este magnífico podcast de los Verdhugos, con una larga y distendida charla con el autor. Desvela muchos de los entresijos de la búsqueda de documentación, pero nada de spoilers. Veréis el carácter del autor, que será el mismo que podéis ver plasmado en la novela. Y si la leéis y no os gusta, podéis ponerle verde vía Twitter, porque es muy activo en su cuenta. Yo me he pasado la novela comentándola con él. Dudas, ruegos y peticiones. Un gustazo.

 

* Gracias a Alexander P. García que ha colaborado en la lectura de este libro gracias a que me tocó en un sorteo de su blog Donde termina el infinito.

 

Título: Los nombres muertos
Autor: Jesús Cañadas
Editorial: Fantascy – Ramdom House Mondadori
ISBN: 9788415831051
Páginas: 572
Precio: 18,90€