Cuando yo tenía 16 años estaba estudiando en el instituto. Bueno, estudiar estudiar, no estudiaba mucho. Eran esos años en los que empiezas a salir con tus amigos, en los que el aspecto físico lo es todo y en los que no piensas en la vida más allá del próximo fin de semana. Era frívola e irresponsable, solo quería divertirme y me preocupaba bien poco un futuro que veía inseparable del barrio miserable en el que crecí.

 

Pero los dieciséis años no son iguales para todo el mundo. Hay personas que por diversas circunstancias se ven unidas a una situación que las supera. Es lo que le sucede a Ree. No deja de ser una muchacha de dieciséis años, con su pelo castaño, su cutis lechoso y sus abruptos ojos verdes. Pero es una muchacha que a su corta edad deberá cargar con la responsabilidad de encargarse de su familia.

 

No ve a su padre Jessup desde la época en que aún caían nueces. Ahora está todo cubierto de nieve ya. El agente Baskin acude a casa de Ree para hablar con ella, para advertirla. Jessup ha salido bajo fianza, le habían acusado de cocinar metanfetaminas aunque en esta ocasión no pudieron demostrarlo. Tiene cita en el juzgado en una semana, pero está desaparecido y no parece ser que vaya a presentarse. De entrada no es algo tan grave, pero al parecer puso como aval la casa familiar y los terrenos del bosque para pagar la fianza. Si Jessup no se presenta les quitarán todo para venderlo.

 

La madre de Ree se pasa la vida sentada junto a la estufa. “Con las píldoras de la mañana, la madre se quedaba como un gato, un cosa que respiraba junto al fuego y hacía ruidos de vez en cuando. […] Pasaba la mayor parte del tiempo sin moverse y en silencio, con una sonrisilla fija inspirada por alguna cosa vagamente agradable que le daba vueltas en la cabeza.” Sus hermanos Sonny y Harold tienen diez y nueve años respectivamente. Se llevan solo dieciocho meses y son uña y carne. “Casi siempre iban hombro con hombro, corrían juntos y torcían de repente a un lado, a veces a otro, al mismo tiempo, sin decirse una palabra.” Esa es la familia de Ree y como veis ella es la única responsable de la casa. Debe ocuparse de sus hermanos, enseñarles a valerse por sí mismos a pesar de su corta edad, a la vez que el mueble que es su madre ve la vida pasar.

 

Con esta estampa, Ree deberá encontrar a su padre o en su defecto demostrar que ha muerto. Lo que sea con tal de que no les desahucien. Pero todos los parientes de la familia ven en Ree lo que debería ser por edad: una chiquilla que solamente mete las narices donde no debe. Nadie la toma en serio, nadie parece preocuparse por lo que vaya a sucederles y solo gracias a su tozudez conseguirá que comiencen a prestarle atención. Pero no será un camino sencillo, todos le pondrán infinidad de trabas protegiendo con su silencio a su padre, condenándoles de esa forma a un destino incierto.

 

¿Qué opción les queda? ¿Vagar por los bosques de cueva en cueva, alimentándose de lo que cacen y exponiéndose a morir de frío? El panorama que se les presenta no es demasiado alentador, por eso Ree hará lo imposible por proteger a los suyos y tratar de salir adelante.

 

Los huesos del invierno es una novela de supervivencia, de lucha. De un modo lento y reposado como la caída de los copos de nieve en Missouri, la historia transcurrirá y nos introduciremos en la forma de pensar de una zona árida y poco amigable. Ni el clima ni sus gentes parecen dispuestos a facilitar las cosas. Tan solo su tío Lágrimas parecerá estar dispuesto a luchar por algo que no sea él mismo. Woodrell nos enseñará cómo funciona la mente y la vida de esta zona de los EEUU, en la que cada paso que das es decisivo. Debes aproximarte como un depredador, con respeto pero con el valor suficiente para demostrar que no piensas rendirte a la primera de cambio. Demostrar que eres uno de ellos y ganarte su respeto y su confianza.

 

No esperéis una historia vertiginosa ni trepidante, Los huesos del invierno no va de eso. Esta novela trata del alma humana, de sus miserias, de los recovecos que se esconden en nuestro interior y cómo se articulan los mecanismos que la rigen. No es una novela negra al uso, incluso yo dudaría mucho en catalogarla con esa etiqueta.

 

 

 

Winter-s-Bone-leersinprisaLa novela, aunque nos haya llegado a España en 2013, es de 2006. En 2010 fue llevada al cine bajo la dirección de Debra Granik, quien está también tras el guión junto a Anne Rosellini. La película hizo que el libro cobrase visibilidad y fama, entre otras cosas porque se alzó con un montón de premios e importantes candidaturas: 4 nominaciones a los Oscars incluyendo mejor película y mejor actriz, Premio al mejor guión en el Festival de Sundance, Premio de la Asociación de Críticos Norteamericanos a la mejor actriz revelación a Jeniffer Lawrence… Y una larga lista más.

 

La adaptación, cambiando un escenario nevado por uno sin nieve y que uno de los hermanos de Ree sea una niña en vez de un niño, es perfecta. Sigue fielmente la historia de la novela y desde mi punto de vista logra transmitir el valor y a la vez el miedo al que tiene que enfrentarse nuestra protagonista. Silencios, sonido de pisadas, el viento moviendo las hojas. Quietud, calma, pero calma tensa debido a la historia que acontece. Altamente recomendables, tanto la novela como su adaptación. Os recomiendo que os acerquéis a ambas cuando llegue el otoño, uno de esos días nublados y un tanto tristes, al calor de una manta y un café recién hecho.

 

 

Título: Los huesos del invierno (Winter’s Bone)
Autor: Daniel Woodrell.
Traductor: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera .
Editorial: Alba (2013).
Año de publicación: 2012.
ISBN: 9788484288039.
Páginas: 216.
Precio: 18€.