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Da miedo enfrentarte a una novela de la que has visto su adaptación cinematográfica decenas de veces. Primero, porque das por hecho que no va a sorprenderte. Segundo, porque limita tu imaginación tanto en cuanto a personajes como a escenarios. Y tercero, porque temes ver que la película se ha cargado el espíritu de la novela. Los que me seguís sabréis que soy una gran amante del cine clásico, y que Hitchcock es uno de esos directores que he revisionado sistemáticamente, porque llevo viendo sus películas toda mi vida. Por lo tanto, confío mucho en su criterio y no podía ser que se hubiera cargado la novela. Y efectivamente no lo hizo.

 

La novela de John Buchan me ha decepcionado sobremanera. Quizá es fallo mío, que a veces idolatro a las novelas clásicas. Pero es que a esta le falta mucho recorrido para poder ser una buena novela de espías. Cuando leí la introducción, cuando el autor cuenta que la escribió para entretenerse, debí salir huyendo.

 

Richard Hannay lleva tres meses en Londres. La ciudad le aburre soberanamente. Anteriormente residía en Sudáfrica, con una vida mucho más activa e interesante. Hasta que un buen día, al volver a casa por la noche, un vecino le acecha y le comenta que tiene algo importante que compartir con él. Este hombre confía en él para contarle toda una trama de espionaje y conspiración, que supuestamente desembocará en una guerra que involucrará a Alemania y a Rusia, en principio de lo más alocada y enrevesada. Tanto, que le comenta a Hannay que ha tenido que fingir su propia muerte para poder huir de sus perseguidores. El arranque es interesante, y está muy bien narrado, con varias frases geniales para recordar.

 

Perdone – dijo -, esta noche estoy un poco nervioso. Verá, da la casualidad de que en este momento estoy muerto.

 

El problema surgirá cuando pocas horas después, este hombre aparezca realmente muerto en el apartamento de Hannay. Nuestro protagonista, convencido de que será acusado de su asesinato, y asimilando toda la historia de la noche anterior, decide tomar el papel que el cadáver debía cumplir en la trama, y huye en busca de los 39 escalones.

 

Durante el resto de la novela, emprenderá una huida con la persecución de la policía por el asesinato de Scudder y por parte de los hombres que asesinaron a Scudder. En su tortuoso camino encontrará personajes de lo más singulares, que de un modo u otro le ayudarán a escapar y a llegar a la resolución del enigma que envuelve la novela.

 

¿A que de entrada suena bien? El argumento es interesante, y tiene pinta de haber mucha acción. Pero una vez emprendida la huida el ritmo se ralentiza, contradiciendo lo que cabría esperar. Las situaciones absurdas se suceden, y toda la novela está colmada de una inocencia e ingenuidad que no son nada apropiadas para una novela de espías. Vale, estamos en 1915, el género estaba en pañales, aún acababa de empezar la Primera Guerra Mundial. Pero carece de ritmo y sobre todo de elementos adictivos que te animen a conocer el final de la novela. Es cierto que cerca del final vuelve a ponerse interesante, pero quizá no lo suficiente para mi gusto.

 

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Sobre las adaptaciones de la novela, en mi caso solamente he visto la de Alfred Hitchcock. Sin ser de las mejores del director, desde mi punto de vista es muy buena. Nos muestra mucho del lenguaje visual del maestro, con esas tomas enfocadas a donde quiere que miremos, los pasos, las ventanas, las miradas, los gestos… Tiene como ventaja frente a la novela, desde mi punto de vista, dos cosas importantes. La primera, que es de 1935, y ya bebe de muchos de los rasgos del cine negro, pero aún con reminiscencias del cine mudo. Es un momento genial de la historia del cine, porque se aprovechan muchos recursos que se sabía que funcionaban en el cine mudo, creando además cierta tensión por la ausencia de diálogos, pero introduciendo los avances del sonoro, donde el estruendo de una cascada puede acallar un grito de auxilio. Por otro lado, Hitchcock es un mago del suspense, y toda esa intriga de la que carece la novela, se la aporta él. Es cierto que es una adaptación un tanto libre, ya que introduce muchos aspectos que en la novela no aparecen, pero yo al menos le permito la licencia, ya que creo que ha mejorado el desarrollo de la historia de la novela.

 

*Un dato que me ha resultado curioso: en la novela, el protagonista se ve perseguido en un momento concreto por un avión. Está en campo abierto, y sus perseguidores pueden verle con claridad. Incluso el avión llega a bajar tanto “como un halcón antes de atacar”. ¿Inspiraría a Hitchcock para su escena de Con la muerte en los talones? ¿Alguno sabe si es así?

 

Título: Los 39 escalones.
Autor: John Buchan.
Editorial: Planeta.
ISBN: 9788432086398
Páginas: 155