Houellebecq es un puñetero genio. Ya lo he dicho. Y es un genio por lograr que una novela que con temas tan explícitos y duros enganche tanto.

Y si, digo duros porque para mi es duro leer frases tan “jugosas” sobre pederastia y tan explícitas. Porque las escenas de sexo pueden resultar más o menos gráficas, pero en las que el autor nos detalla cómo se siente uno de sus protagonistas, Bruno, al ver las piernas de una jovencita, a mi me resulta duro. Pero logra que no puedas dejar de leer, que no apartes la vista, que quieras saber más a pesar de saber qué clase de situaciones vas a leer. No cae en lo burdo ni en lo morboso, y es adictivo.

 

Bruno es uno de nuestros protagonistas, el hijo de una hippie de la revolución sexual en Francia en el 68, criado por su abuela, y con unos profundos traumas infantiles por culpa de la crueldad de los niños con los obesos.

 

Por otro lado tenemos a Michel, hermano de Bruno, pero ellos no lo sabrán ni se conocerán hasta años después, y criados en idénticas condiciones, con su abuela, pero siendo una persona diametralmente opuesta: reservado, tímido, asexual. De adulto se convertirá en un científico de renombre que vive aislado del mundo.

 

¿Cómo de dos hijos criados de un modo aparentemente igual, pueden surgir dos seres tan diferentes, con una visión del mundo tan distinta? Houellebecq nos va intercalando la vida de ambos, pero como estoy viendo que sucede con este autor, estas dos narraciones son una excusa.

 

Intercala fragmentos de ensayo, nos mete con calzador ideas y pensamientos sin que nos enteremos, y encima lo hace con una pluma envidiable. Te quedas varios días con el sabor de boca de Houellebecq, y no te lo sacas de la cabeza. Mientras lo lees no piensas en otra cosa en todo el día. Te toca la fibra sensible con ese modo tan brillante de narrar, que hace que te meriendes lo libros en un suspiro, quedándote con ganas de más.

 

Ya leísteis mi reseña de El mapa y el territorio, y el sabor de boca fue similar. Quizá más fuerte al principio, por ser lo primero que leía del autor, pero ahora que hace un mes que terminé este libro, veo que este me ha gustado más que el otro. Y repetiré, no pararé hasta devorar todos sus libros, y alguno lo releeré, porque es brillante y merece la pena dedicarle tiempo y dedicación a sus libros.

 

Ya habréis visto la reseña de Carol de este libro. Lo leímos conjuntamente varias personas por Twitter, una experiencia enriquecedora (#LecturaPartículas) y lo comentamos también en el Café Literario de Facebook que ha montado Karostra. Os invito a leer nuestros comentarios para despertar aún más vuestro interés.

 

Por cierto, ha habido blogueros que no se han atrevido con la reseña de este libro de lo hondo que les caló. No digo más…

 

 

Título: Las partículas elementales (Les Particules élémentaires)
Autor: Michel Houellebecq
Traductor: Encarna Castejón
Editorial: Anagrama – Compactos (1999)
Año de publicación: 1998
ISBN: 9788433967305
Páginas: 328
Precio: 10 €