Patricia Highsmith es una de mis eternas pendientes. Leí hace como diez millones de años Extraños en un tren, del que apenas recuerdo nada más allá de la película de Hitchcock. Y tengo como deberes para este año, o el que viene a más tardar, leerme la serie de Ripley de la que todo el mundo me cuenta maravillas. Que se adapte uno de sus libros al cine es una excusa como otra cualquiera para leerla, y más aprovechando la reedición que acaba de lanzar Anagrama.

 

Con Las dos caras de enero viajamos a Atenas. Tendremos 3 protagonistas. Por un lado, Rydal Keener, un joven norteamericano que ha viajado al país aprovechando el dinero de una herencia. De este modo, pone algo más que tierra de por medio con su padre, el cual le internó en un reformatorio a raíz de un escarceo amoroso con una prima. Por otro lado, Chester MacFarland y su esposa Colette, un matrimonio estadounidense también, que huyen debido a que Chester es un estafador con varias identidades a sus espaldas.

 

La casualidad, que parece ser uno de los leitmotiv de Highsmith, hace que Rydal se cruce con ellos y se quede fascinado con el gran parecido de Chester y su padre. Padre que recientemente ha fallecido y el verle de repente en Atenas es como una aparición. Su curiosidad podrá con él y se dedicará a seguir y observar a la pareja. A tanto llega su obsesión que llega a aparecer en el hotel del matrimonio justo en el momento que Chester carga con un cadáver por el pasillo del hotel.

 

La reacción de Rydal es extraña y sorprendente: inmediatamente ayuda a cargar a Chester con el cuerpo. Y asume el papel de líder del grupo. La confusión y el pánico de Chester y Colette son calmados por Rydal, que enseguida les ofrece una salida: deben huir a otro hotel y salir a primera hora para Creta. El cadáver no es un cadáver cualquiera: se trata de un policía, y aunque logren esconderse esa noche, a la mañana siguiente serán el punto de mira de toda la policía ateniense. Se ofrece a conseguirles pasaportes falsos, una coartada… Todo parece fácil gracias a Rydal. Pero las desconfianzas en este pequeño grupo no tardarán en surgir.

 

Aunque la historia de entrada me resultó demasiado inverosímil, es cierto que en ocasiones reaccionamos de maneras muy extrañas ante sucesos en nuestra vida. Y ahí está la genialidad de la novela: en el estudio que realiza la autora de los sentimientos y las decisiones humanas. Los cambios de parecer, la influencia que tienen quienes nos rodean, las deliberaciones a las que llegamos en situaciones desesperadas. Seguro que alguno de vosotros recordaréis alguna circunstancia de vuestra vida en que actuasteis de un modo que ni vosotros mismos esperaríais.

 

El retrato que hace de los protagonistas, sus emociones, sus pensamientos, para mi ha sido lo mejor de la novela. Es más, estaba decidida a ver la adaptación cinematográfica al terminar el libro, y me intrigaba cómo llevarían a la pantalla todos esos monólogos interiores y esas dudas de los personajes. Está claro que Patricia Highsmith es la reina del misterio por algo.

 

 

Acerca de la adaptación cinematográfica, es un tanto floja precisamente por lo que os comento. Es muy difícil llevar a la pantalla todo eso que en la novela sucede en el interior de cada uno: las dudas, los miedos, las contradicciones. Aunque es bastante fiel en cuanto a la trama, cambiando algunas cosas que probablemente sean necesarias en la pantalla para entender la historia, hay un punto fundamental que creo que le hace perder el espíritu de la novela. En el libro, es Rydal el que en seguida ejerce el papel de líder, el que coge las riendas de la situación y ofrece alternativas. Todo surge de un modo muy natural, no es alguien que ejerza presión sobre sus compañeros para que tomen según que decisiones. Pero en la película es Chester el que en todo momento lleva la voz cantante: él decide qué hacer y cómo debe hacerse, cuánta información dar a sus compañeros y cuánta no. Y cambia por completo el sentido de la historia.

 

En cuanto a Colette, en la novela es una mujer mucho más frívola y despreocupada, en seguida parece haber superado el trauma de presenciar un asesinato y centra sus ojos en Rydal al que admira y venera. En la película es una mujer mucho más atormentada por lo que ha sucedido, con miedo por todo lo que traen como bagaje de Estados Unidos y mucho menos provocadora.

 

 

Como punto final, no puedo dejar de comentar que la edición de Anagrama es un verdadero desastre. Soy muy fan de los Compactos de Anagrama, me encantan este tipo de ediciones. Pero en este caso es un timo. Para empezar, la portada con el cartel de la película tomado tal cual, con el título incluso en la fotografía y el logo de la 64 Berlinale. Pero el interior… El texto parece ser que está tomado de la edición original, con unos fallos de maquetación importantes, los típicos que se encontraban en la impresión con tipos móviles, pero que hoy en día no son perdonables. Faltas de ortografía, letras que faltan en algunas palabras, cambios hasta de tipo de letra… Una reimpresión sin revisar ni corregir. Es cierto que el precio del libro no llega ni a los 10€, pero creo que los lectores merecemos un respeto y que no se nos tome el pelo, porque pagamos por algo más que hojas impresas y pegadas. Si pagas por el trabajo de alguien, a cambio esperas que lo hagan.

 

 

Título: Las dos caras de enero (The Two Faces of January)
Autor: Patricia Highsmith.
Traductor: Amalia Martín-Gamero
Editorial: Anagrama (2014)
Año de publicación: 1961.
ISBN: 9788433977465
Páginas: 300
Precio: 9,90€