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¿Cómo os sentiríais si además de que matasen a vuestra pareja os condenasen a 20 años de prisión por ello? Esto es lo que nos viene a transmitir Alexis Ravelo en La última tumba, novela ganadora del Premio Getafe de Novela Negra 2013.

 

Adrián era un desheredado, un drogadicto, un chapero, un bala perdida. Por ello, era la persona a la que más fácil se le podía colocar este crimen, “pegar este chicle”, citando al propio Alexis. Alguien fácil de condenar, un abogado no muy hábil y unas pruebas más que evidentes hacen que mezclándolo todo den con los huesos de Adrián en la cárcel. 20 años.

 

¿Sois conscientes de lo que son 20 años de una vida? Yo no lo era mucho, pero Alexis nos lo explica a la perfección: no teníamos el euro, no se podía fumar en los bares, el cinturón de seguridad no era obligatorio por ciudad… La gente cambia, pero lo que nos rodea cada día más y más deprisa. Y si ya te encuentras perdido en muchas situaciones de la vida, cuando encima has pasado media vida entre rejas lo estás más.

 

Adrián cumplió su condena, pagó la deuda de otro, pero la pagó. ¿Qué es lo que toca? ¿Seguir con tu vida? ¿Rehacerla y disfrutar de lo que te queda de vida? ¿O buscar venganza? Podéis suponer, que buscar venganza. O al menos, buscar el por qué y el quién.Lo mejor de la novela es la búsqueda de las respuestas. La vuelta de Adrián con la gente que sigue por la ciudad, el encontrarte cara a cara con gente con la que tratabas antes de ser encarcelado, el que la gente te mire como a un asesino. Adrián irá haciendo preguntas, buscando a gente que pueda darle respuestas, pero con prudencia. No sale con la recortada por Gran Canaria, sino que empieza a trabajar con el bueno de su hermano, alquila un piso, no bebe, no se mete en líos. Que el agente de la condicional esté satisfecho con el camino por el que va su vida. Cuida mucho sus pasos y no comete errores, es cuidadoso, es calculador.

 

Si habéis leído otras novelas de Alexis, olvidaros. Yo tengo pendiente aún La estrategia del pequinés y no sé si se aproxima más al estilo de esta, pero desde luego las de Eladio Monroy no tienen nada que ver con esta novela. Aquí descubrimos a un nuevo Alexis, más reposado, más calmado, perfecto con la personalidad de la novela. Porque Adrián lleva 20 años mascando lo que quiere hacer. Su sangre fría está más que medida. Nunca ha cometido un crimen, a pesar de lo que le dijo la justicia, pero no importa. La cárcel endurece, cambia, agria el carácter. Pero con eso no quiero decir que Adrián sea un justiciero. Todo lo contrario. Vemos a un Adrián que cuida mucho sus pasos pero con naturalidad, es como si le viésemos caminando despacio por la isla, conduciendo con prudencia, sonriendo por la vida. Todo lo necesario para que nadie sospeche de lo que pasa por su cabeza, de lo que está maquinando. Es una buena persona que ha pagado por algo que no le correspondía pagar y necesita saber por qué fue el blanco de esa conspiración.

 

Está narrada en primera persona casi casi toda. Es el propio Adrián quien nos cuenta la historia, lo que ayuda a empatizar con el personaje y su causa. Los capítulos son cortísimos, algo que me encanta en las novelas pero aún más en las novelas negras, porque le dan una agilidad a la trama que se transmite tanto por la forma como por el fondo.

 

Me he encontrado con un Alexis que me ha encantado. Me ha sorprendido el estilo de la novela, con sus puntos ácidos como es Alexis, pero con una sobriedad muy conseguida. Podéis pensar que el cariño personal que siento hacia él me nubla el juicio, pero creo que los que me leéis a menudo sabéis que aunque prudente soy sincera con las reseñas. Y esta novela merece la pena.

 

Os dejo unas frases de las que he marcado en mi libro:

 

Supongo que la vergüenza nos iguala como la muerte.

 

La crueldad más absoluta no existe, porque la crueldad es más una consecuencia que un motivo y, sobre todo, porque siempre se puede ser aún más cruel.

 

Dicen que la gente solo es capaz de soportar una determinada cantidad de dolor, que luego el organismo entra en shock y se defiende con la pérdida de la consciencia.

 

Veinte años de cárcel dan para oír llorar a mucha gente por la noche, al otro lado de las paredes o en el catre de al lado. Pero siempre se trataba de hombres. Hacía mucho que no escuchaba el llanto de una mujer. El gemido, el hipido, el sorber de mocos de una mujer tiene algo blandamente deseperanzador que duele y te deja sin saber qué hacer.

 

Título: La última tumba
Autor: Alexis Ravelo
Editorial: Edaf
ISBN: 9788441433458
Páginas: 253
Precio: 18 €