En mis resúmenes lectores de los últimos años creaba una sección a la que denominaba “El bueno, el feo y el malo“. En la lista del bueno, obviamente, entraban aquellos libros que más me habían gustado (que no tenían por qué ser los mejores, el gusto como sabéis es casi en su totalidad subjetivo). En la lista del feo entraban aquellos libros que por diversas causas había sido incapaz de terminar.  Y por último, en la lista del malo entraban aquellos libros que subjetivamente no me habían gustado pero también que objetivamente tenían muchos fallos para ser considerados como una buena novela (sé que este punto suele crear controversia, pero creo que cuando llevas un buen número de lecturas a tus espaldas aprendes a distinguir objetivamente un libro que posee calidad narrativa y de uno que no la tiene, independientemente de que haya sido o no de tu gusto).

 

Si sois lectores habituales del blog, quizá habréis percibido que hace tiempo que no escribo una reseña negativa. Esto se debe principalmente a dos motivos: el primero, que escojo mis lecturas con mucho más cuidado y creo que mucho mejor. Por ello, leo libros de mejor calidad y que vienen avalados por algún motivo (lectores con gustos parecidos, blogs que considero de referencia, conocimiento previo del autor, etc.) El segundo, que he comenzado a aplicar lo que llamo “La regla de las 20 páginas“.

 

Creo que el nombre habla por sí solo. Hace no demasiado tiempo, libro que empezaba, libro que me sentía en la obligación de terminar. Sin embargo, he comprobado que muy pocos (o ninguno) de los libros que desde el arranque no me atraían han dado un giro tal que hayan pasado de no gustarme en absoluto a maravillarme. Sí, algunos mejoran, pero no lo suficiente como para ser considerados como una lectura satisfactoria. Y es algo que se aprecia con muy pocas páginas de lectura. En algunos casos sucede a la página 3 y en otros necesitas llegar hasta la 50.

 

Esto no implica necesariamente que los libros que descarto en la página 20 sean malos, o estén mal escritos. A veces tan solo se trata de historias que no me interesan, formas de narrar demasiado manidas y repetidas, tramas que siento que ya he leído más veces. En resumen, son lecturas que considero que no van a aportarme nada especialmente relevante.

 

No recuerdo ningún libro que, tras unas pocas páginas, me transmitiese la sensación de ser un libro poco atractivo y al finalizarlo se tratase de un libro que me haya emocionado o me haya hecho dar un vuelco al corazón. Aunque es completamente cierto que hay novelas que tardan en arrancar, también lo es el hecho de que lo que tarda en arrancar es lo que quiere contarte, pero no cómo te lo cuenta. Y si se da ese caso, suele ser falta de revisión por parte del autor, una revisión que otorgue a toda la obra un estilo uniforme y no dé la sensación de que le ha cogido el tranquillo a la novela en la página 100.

 

Incluso he hecho la prueba de revisar novelas que en su día no me apasionaron y leerlas de nuevo hasta la página 20, y otras que considero imprescindibles dentro de mi bagaje, y tan solo ha habido una novela con la que he cambiado de parecer. Y ya en su momento lo que no me convenció fue la historia, pero no el modo en que estaba contada.

 

¿Y vosotros? ¿Sois de los que leéis los libros hasta el punto y final por auto-obligación? ¿Los abandonáis con facilidad? ¿Tenéis un tope de páginas o de porcentaje leído para poder sentir que no estáis abandonando una gran novela? El ritmo de publicación actual nos hace querer llegar a todo, y eso es algo por completo imposible. Así que voto porque tratemos de leer libros que nos satisfagan lo máximo posible, sea por su calidad o por su capacidad de entretener.