Cuando desde Salamandra Black anunciaron que traducirían la recopilación de relatos de Pizzolatto para este otoño, para mí fue motivo de alegría. Galveston fue uno de mis grandes libros del año pasado, y fue un libro que dio mucho que hablar para bien y para mal. Y opino que eso es bueno, que un libro genere opiniones encontradas, que no pase desapercibido, que haya defensas acaloradas y sarpullidos de indignación.  Por eso cuando por fin tuve en mis manos este La profundidad del mar amarillo… no pude empezar a leerlo. Parece que todos debemos leer los libros nada más comprarlos, nada más salir a la venta. A mí me gusta(ba) hacer eso, así me libraba de spoilers y de opiniones contaminadas del resto de lectores. Pero cuando todo el mundo tiene unas expectativas tan sublimadas es mejor coger aire y esperar.

 

En mi caso, esa espera ha resultado muy positiva. La parte mala es que he leído bastantes opiniones sobre que estos relatos eran de escasa calidad, no sé si fundadas tras la lectura del libro o basadas en rumores y opiniones de otros. Eso ha hecho que haya comenzado la lectura con cierta reticencia, con una amarga sensación de que Galveston era fruto de un golpe de suerte, de una apuesta afortunada. Pero, al menos para mí, no ha sido así.

 

Debéis tener en cuenta un par de cosas. La primera que esta recopilación de relatos es de 2006, de hace nueve años ya. Los que busquéis al creador de True Detective es probable que no lo encontréis, ya que aunque encontramos pinceladas de algunos de sus leitmotiv aún se encuentran en estado de gestación. La segunda es que el libro no fue concebido como tal. Los relatos fueron apareciendo de manera separada y dispersa en diferentes revistas y no tienen más nexo que el del autor que los ha creado. No hay intención de unidad, y eso no siempre es bien recibido por los lectores.

 

Por lo tanto, si os adentráis en las profundidades del mar amarillo aunque encontraréis temáticas muy diversas, sí podréis encontrar argumentos en común. Ya desde estos primeros momentos podemos ver cómo el asunto de la propia identidad es algo que atormenta a Pizzolatto: nuestros orígenes, de dónde procedemos, quiénes son nuestros padres y cómo han marcado nuestro carácter. Esa consanguinidad que de algún modo hace que pertenezcamos por nacimiento a una estirpe, a un determinado carácter, a una forma de pensar y de actuar heredada de nuestros ancestros. Una de esas inquietudes que pertenece tan solo al mundo masculino, ya que una mujer que da a luz sabe con seguridad que ese pequeño ser que ha llevado en su vientre durante nueve meses es suyo.

 

Otro de los argumentos que empapan gran parte de los relatos es el tema del destino, del libre albedrío. ¿Tenemos un camino marcado en la vida que no podemos cambiar, hagamos lo que hagamos? Las casualidades no existen, dicen; todos nuestros actos tienen consecuencias, afirman algunos. Entonces, ¿nuestra vida no nos pertenece? ¿No podemos cambiar las cosas, tomar las riendas de nuestra propia existencia y construir nuestro camino? Quizá sí, quizá no. Quizá estamos predestinados a sufrir, o a estar solos. A que la felicidad no forme parte de nuestra vida, o a que no haya una persona que encaje en ese molde de media naranja que nos venden como felicidad. Pizzolatto reflexiona sobre estas cuestiones, trata de jugar con el lector y hacerle pensar, hacerle reflexionar sobre su percepción del mundo.

 

El punto fuerte de Pizzolatto son sus personajes. El autor es un magnífico perfilador de personalidades, un mago desnudando almas. En sus historias consigue que veamos a través de los actores que introduce, que percibamos sus miedos y su anhelos, que sea su voz la que nos narre lo que ven sus ojos. Y donde asesta el golpe de maestría es en sus escenarios, en esas puestas en escena que resultan tan visuales y que le han llevado a la fama por sus localizaciones como guionista:

 

 

“… los gases tiñen nuestras puestas de sol de ciruela y naranja plutonio.”

“Dentro de la caravana se agolpaban los olores. Tabaco, gasolina, el hedor penetrante de los productos de limpieza que North usaba en el trabajo.”

“Imaginaba hombres con fedora y abrigos largos abriéndose paso entre la muchedumbre con ademán furtivo y una funda de violín bajo el brazo.”

“Iban dejando atrás espadañas y flores silvestres del pantano; las orquídeas, cabizbajas, formaban un manto en las orillas embarradas como de leche derramada sobre la hierba. Algo más allá, las raíces descubiertas del ciprés de los pantanos se extendían sobre el terreno llano y húmedo.”

“… lo que le gustaba era la atmósfera de un hogar ajeno, sus muebles y fotografías, los olores. No había dos con el mismo aroma. Mientras la recorría con pies ligeros y silenciosos, el haz de luz de la linterna podría dar con un par de zapatos, una lata de refresco a medio beber o un retrato de familia.”

 

La profundidad del mar amarillo me ha parecido un libro poético. Un bello recipiente en el que no importa tanto lo que introduzcas dentro. Pizzolatto tiene una forma de contar historias que te atrapa, te enreda entre sus palabras, y una vez finalizado el relato si te paras a pensar no te ha contado gran cosa. Algunas de sus historias son poderosas, como Busca y captura, como Dos orillas, como La profundidad del mar amarillo. Otras te atrapan tan solo por su forma de estar contadas, con un argumento que peca de simple, pero que a pesar de ello logra textos bellísimos y cargados de encanto, como La plantilla, como La vigilia de Amy, como Tierra acosada.

 

Soy consciente de que es un libro que no gustará a todo el mundo, que muchos sientan que las historias no les llevan a ninguna parte, que los textos están vacíos de contenido. Yo sí os animo a que os acerquéis a él, pero escoged un buen momento para leerlo, con la mente clara y la mirada despejada de prejuicios. Olvidad lo que vino después de estos relatos, quién será Pizzolatto casi una década después. No busquéis la fuerza de sus diálogos, ni el impacto de sus paisajes. Tan solo dejaros llevar.

 

 

*Como cierre, me gustaría darle un pequeño tirón de orejas a la editorial. Mayoritariamente estos relatos no son negros, ni policíacos, ni de intriga. En alguno hay alguna trama relacionada con estos aspectos, pero en esencia los encuentro más clasificables dentro de relatos narrativos que de corte noir. Y esto puede confundir al lector, más aún para aquellos que se acerquen al libro por estar escrito por el guionista de True Detective (es decir, el 95% de la gente). Quizá el estar etiquetado dentro de Salamandra Black puede hacer que se asocie con otro tipo de historias, y que la decepción sea supina más por esto que por la calidad de los textos.

Título: La profundidad del mar amarillo (Between Here and the Yellow Sea)
Autor: Nic Pizzolatto.
Traductor: Maia Figueroa (y Magdalena Palmer, del relato «Busca y captura»)
Editorial: Salamandra Black (2015)
Año de publicación: 2006.
ISBN: 9788416237098.
Páginas: 296.
Precio: 19€.
Ficha del libro en Salamandra Black: http://salamandra.info/libro/profundidad-del-mar-amarillo