Jodi y Todd son una pareja que vive en Chicago en un gran apartamento en la planta 27 con amplias vistas al lago Michigan. Llevan más de 20 años juntos y son una pareja idílica: ella es psicoterapeuta, con consulta en casa, un perro llamado Freud y aficionada al Pilates y a la confección de platos espectaculares para su marido Todd. Todd, por su lado, tiene una pequeña empresa constructora, conduce un porsche, y adora preparar las bebidas que toman con los exquisitos platos de Jodi. Como digo, una vida idílica.

 

O no.

 

Como sucede con el mundo que nos rodea, la verdad no siempre es como se muestra a nuestros ojos. Generalmente lo que mostramos a los demás es el equivalente a lo que veríamos por la mirilla de una puerta: una parte diminuta y distorsionada de la realidad.

 

Jodi es una de esas mujeres acomodadas, que es feliz con la vida que lleva, todo encanto y perfección. Ahueca los cojines, coloca las cortinas, no deja la ropa tirada, no deja los platos en el fregadero y mira para otro lado cuando lo cree conveniente. Su casa y su vida son perfectas, nada desentona. Todd es un magnífico compañero, atento, que no escatima en halagos. Adora su vida con Jodi, esa magnífica vida que comparten, esas charlas sobre los clientes de terapia de Jodi. Pero claro, Todd es un hombre. Y a veces tiene necesidades. Le vuelve loco su secretaria, se deleita observándola durante horas y fantaseando con ella. Recurre a masajes y chicas de compañía cuando siente necesidad. E incluso tiene alguna amante esporádica.

 

Y como Todd es tan atento, y se deshace tanto en halagos, las mujeres que le rodean no pueden ser más afortunadas por disfrutar de su compañía. O así lo ve Todd. Y esa atención será la que haga que su aventura con Natasha se le escape de las manos.

 

La mujer de un solo hombre es una novela sobre la cotidianidad. De hecho, aterra el ver cómo nuestras vidas se pueden parecer a la de esta pareja: matrimonios que no se comunican, hundidos en la rutina y sobre todo con una espesa venda ante la realidad.

 

“No hay necesidad de mirar fijamente a los ojos a la realidad si existe una forma más amable de mirarla.”

 

Y pensaréis que si este libro lo edita Salamandra Black, ¿dónde está lo “black” de la novela? En realidad, está en el trasfondo, en esos pequeños detalles que colman la novela, pero por si fuera poco, en el segundo párrafo de la novela nos encontramos con esto:

 

“Con cuarenta y cinco años, Jodi todavía se considera una mujer joven. No piensa en el futuro, sino que vive el presente, concentrada en el día a día. Da por hecho, sin habérselo planteado siquiera, que las cosas continuarán así siempre, de forma imperfecta y, sin embargo, completamente aceptable. Dicho de otro modo: ignora que está en el mejor momento de la vida, que su juvenil capacidad de recuperación (que los veinte años de matrimonio con Todd Gilbert han ido erosionando poco a poco) se acerca a una etapa final de desintegración, y que sus conceptos de quién es y cómo debería comportarse son menos estables de lo que cree, dado que bastarán unos pocos meses para que se convierta en una asesina.”

 

La prosa de Harrison es espléndida. En capítulos alternos, uno narrado por ella y el siguiente por él, irá dando voz a los pensamientos y sentimientos de ambos, con voces muy marcadas y diferenciadas. El avance de la novela es muy reposado, se regodea en cómo se sienten los protagonistas a cada paso que dan, con una narrativa exquisita y muy bien perfilada. Durante toda la novela hay una tensión muy pausada, pero que consigue tenerte atrapado, que desees que los acontecimientos vayan más deprisa, saber cómo va a terminar todo. Pero la autora no te lo permite, haciendo que te deleites en cada una de las sensaciones de los personajes.

 

Veréis decenas de comparaciones de esta novela con Perdida (Gone Girl) de Gillian Flynn: las voces alternas de los protagonistas, el drama doméstico de los problemas maritales, la psicología de los personajes. Sí, tienen ciertas similitudes, pero a la vez son muy diferentes. Esta es mucho más tranquila, con más importancia en la psicología de los personajes que en las acciones que esa personalidad les lleva a cometer, con una tensión en calma, con una acción más apacible. Si eliminamos las premisas que os comento, solo tienen en común lo dura que puede ser la crueldad de tu propio entorno, cuán atroces pueden llegar a ser las personas que más nos aman. Pero poco más.

 

El caso de A.S.A. Harrison es una de esas tristes historias en que un autor no llega nunca a conocer el alcance de su éxito: Harrison murió unas semanas antes del lanzamiento de la novela. Quizá no os suene la autora ni el título. La autora, de origen canadiense, había publicado algunos libros de no ficción y escrito dos novelas que no llegaron a publicarse. Finalmente, y con la autora ya fallecida, A.S.A. Harrison ha llegado a convertirse en un fenómeno de ventas, con un millón de ejemplares vendidos en países de habla inglesa. Un éxito tardío y por desgracia no disfrutado por su creadora.

 

 

Título: La mujer de un solo hombre (The Silent Wife)
Autor: A.S.A. Harrison.
Traductor: Gemma Rovira Ortega.
Editorial: Salamandra Black (2014)
Año de publicación: 2013.
ISBN: 9788416237029
Páginas: 320
Precio: 18€
Ficha del libro en Salamandra Black: http://salamandra.info/libro/mujer-un-solo-hombre