Para alguien que es una fan acérrima de  las historias cortas descubrir a un autor como John O’Hara que cuenta en su haber con más de 400 relatos es una quimera. No había oído nunca el nombre de este escritor hasta que el pasado Marzo la editorial Contra nos regaló esta maravillosa edición con algunos de sus mejores cuentos, La chica de California y otros relatos, y no dejo de asombrarme que alguien considerado tan bueno en formato breve sea tan desconocido en nuestro país.

 

Reflexionad un segundo acerca de todos esos contadores de historias tan fecundos que dejaron un legado de centenares de obras a sus espaldas. ¿Sois capaces de imaginar una incontinencia imaginativa así? Aunque algunos argumentos fuesen similares, estamos hablando de 400 tramas, con sus consiguientes personajes, diálogos y desarrollos. Me parece sencillamente imposible de abarcar.

 

Como podéis suponer, es imposible que nadie sea capaz de escribir 400 relatos buenos a lo largo de toda su vida. Los hubo mejores, los hubo peores, y los hubo magníficos. Es este particular salen en nuestro auxilio Didac Aparicio y Eduard Sancho, compiladores de la crème de la crème de John O’ Hara. En un trabajo que imagino titánico, nos traen nada menos que 25 narraciones que abarcan desde 1933 hasta 1974. La forma de presentarlas no es cronológica, como ocurre en muchas antologías, sino por temática, agrupando algunas de las materias recurrentes de O’ Hara con la intención de que el lector pueda analizar las diferentes formas de abordar algunos lugares, escenarios o profesiones que aparecen en ellos.

John O’Hara

Tendremos actores, productores del mundo del cine, taxistas, secretarias, periodistas, tenderos, peluqueras, camareros, banqueros… Y cada una de esas profesiones es un condicionante a la hora de expresarse y de actuar con el prójimo. Buen ejemplo de ello lo tenemos en el banquero de Atado de pies y manos o en el taxista de Llámame, llámame. Aunque en su mayoría tendremos personajes masculinos, no he podido dejar de fijarme en las magníficas voces femeninas que ha conseguido crear. El relato Las amigas de la señorita Julia es un magnífico ejemplo de ello.

 

Es curioso cómo la obra de un autor puede recordarte tanto a la de otro, pero al mismo tiempo encontrarla tan dispar. Me refiero a F. Scott Fitzgerald. Ambos realizaron un fiel reflejo de la sociedad de su momento y en especial tienen puntos en común en sus historias neoyorquinos. Sin embargo, los de Fitzgerald parecen estar enfocados desde el punto más alto de la escala social, y los de O’ Hara se quedan en las clases medias o bajas. No tanto por el tipo de personajes que aparecen, sino especialmente por su manera de expresarse y de hablar.

 

Y es que el punto fuerte de O’ Hara son los diálogos por encima de cualquier otra cosa. No necesitas ningún tipo de introducción, ni de descripción de los personajes: será su voz narrativa la que hable por ellos. El lenguaje utilizado, la cotidianidad en la forma de hablar, los temas rutinarios de los que hablan. Hasta el punto de que algunas de sus historias se parecen más a una obra de teatro o a un guión de cine, pero sin la frialdad que estos dos formatos muestran en su formato escrito. Si alguna vez habéis tratado de escribir un cuento o una novela estaréis de acuerdo conmigo en que lograr un diálogo fluido y que no parezca impostado es mucho más difícil de lo que parece. Pero O’ Hara consigue que parezca condenadamente fácil.

Páginas del New Yorker con “The girl from California” de 1961.

 

Quizá algo que a algunos no les llegue a convencer de su forma de abordar sus relatos sea la apertura de los mismos. Imaginad que abrís las páginas de una novela en una página cualquiera, leéis un número determinado de páginas y la cerráis. Tan solo habríais apreciado una parte de un todo, sin saber bien de dónde procede la línea argumental con la que habéis arrancado ni a dónde conducirá la historia tras vuestro punto de fin. Bien, muchas de las narraciones de O’ Hara son un poco así: terminas con la sensación de ser una historia inconclusa, de que se ha olvidado de poner algunos párrafos, y de la que querrías saber más.

 

Aunque soy partidaria de que la personalidad de los artistas no debe empañar nuestra capacidad de apreciar su obra, todo lo que he encontrado acerca de O’Hara apunta a que era un cretino con un ego desmesurado. Es cierto que debe ser duro competir en el tiempo y el espacio con literatos de la talla de Hemingway, Steinbeck o Faulkner, pero eso no te acredita a creer que estás por encima de ninguno de tus compañeros de profesión. Durante años su nombre resonó como candidato al Nobel, y cuando en 1962 se lo otorgaron a Steinbeck su felicitación fue “Felicidades. Solo se me ocurre otro autor al que preferiría que se lo dieran.” Y para colmo de males, el resto de los novelistas enumerados han pasado a la Historia de la Literatura mientras que el de O’ Hara no resulta tan conocido para muchos.

 

El prólogo de uno de los editores, Didac Aparicio, es sencillamente perfecto. No solo nos sirve como introducción a la vida y la forma de ser y actuar de O’Hara, sino que el entusiasmo que se percibe en el texto hace que arranques el libro con el listón muy alto. Y os aseguro que no defrauda. Obtendremos datos de su biografía, un enfoque crítico sobre lo que ha significado su obra para la Literatura, y un maravilloso listado con todos los datos de cada uno de los relatos (revista de publicación original, fecha, páginas en las que aparecían…). Una delicia para los maniáticos de este tipos de informaciones como yo.

 

Título: La chica de California y otros relatos.
Autor: John O’Hara.
Traductor: David Paradela López.
Editorial: Contra (2015).
ISBN: 9788494403361.
Páginas: 320.
Precio: 20,90€.
Ficha del libro en Contra: http://editorialcontra.com/producto/la-chica-de-california-y-otros-relatos/