Si tuviera que definir con una sola palabra esta novela, está claro que sería Gris. Así, con mayúsculas. Y estoy segura que los que la hayáis leído compartiréis mi opinión. Imagino que todos conocéis al menos algo del argumento: novela apocalíptica, un padre y su hijo recorriendo una carretera… Y es que la novela es eso, no hay más. Ni falta que le hace.

 

Y que nadie me entienda mal. No es una novela simple, ni mucho menos, pero tiene un argumento muy claro, cargado de sentimientos, de dolor, de sufrimiento, pero centrado muy claramente en los sentimientos, en el paisaje, en los protagonistas, sin más florituras ni más extensión.En la historia tenemos tres personajes que nos acompañarán en este viaje: un padre sin nombre, su hijo anónimo también, y el paisaje por el que vagan. Tiene tanto peso en la historia esa carretera, esos bosques colmados de ceniza, esos pueblos abandonados, que yo diría que es el personaje principal. Nos encontramos con un hombre y su hijo, un niño inocente que desentona en ese cruel mundo en el que vive, vagando por las carreteras y acampando al resguardo de “los malos”.

 

Un mundo arrasado, cubierto de ceniza, árboles quemados, casas abandonadas, cielo gris, suelo gris, árboles grises, sin comida, sin frutos en los árboles, sin animales, sin vida. Y un día tras otro vagando, camino al Sur, buscando un clima más cálido en que vivir, y buscando más seres humanos en el camino. Pero humanos de los buenos, porque resulta que también tenemos humanos de los malos, crueles y sin escrúpulos, que en un mundo sin alimentos más vale no encontrárselos.Es duro. Encuentran cosas en el camino que ninguno querríamos ver, y menos aún nuestro hijo, tan solo un niño inocente y asustado, temeroso casi hasta de su sombra. Dicen que es una novela mucho más dura si eres padre, y creo que es cierto. Hay pasajes que hacen que se te ponga un nudo en la garganta.

 

La narración es a base de frases cortas, concisas, diálogos novelados, fríos y breves, sin fuerza para hablar, ágiles.Parece que no pasan demasiadas cosas en la novela, pero sí que pasan. Ese sufrimiento, ese frío, ese dolor, ese miedo, se te meten hasta los huesos, y sufres con los personajes, esperando lo peor para el final, constantemente. Yo creo que es una de esas novelas que o te dejan frío o te dejan helado, no hay término medio. O te cala, o te resbala.La misma noche que terminé el libro, me vi la famosa adaptación cinematográfica de dicha historia. Había oído maravillas de dicha película, y no me pude resistir con el libro fresco. La película me gustó, no me pareció mala, pero como me pasa con todas las adaptaciones, siempre quedan cojas.

 

Siempre tienen que recortar fragmentos, y eso hace que se pierda parte de la tensión argumental. Probablemente si no has leído el libro la película te guste algo más.Lo que si me pareció vislumbrar es un cambio importante respecto al libro. Desde mi punto de vista, el libro nos muestra un mundo narrado desde los ojos del padre, con sus miedos y la angustia que sufre por su hijo, el cuidado que pone en evitar que vea según que cosas, el cuidado a la hora de expresarse.

 

Sin embargo, en la película no se muestra tanto esto, y parece más narrada desde los ojos del niño, sin entender la frialdad del padre con el resto del mundo debido a los recelos y al miedo que tiene de que puedan hacerle daño a su hijo. Quizá fue solo percepción mía, pero si noté un cambio en esa actitud.Fotográficamente hablando, a mi el libro me transmitió mucho más. Todo era mucho más tremendo y apocalíptico en mi mente, mucho más gris, más doloroso y más frío y cruel. Es más descriptivo y yo creo que la peli se queda corta en muchos puntos. Os recomiendo, como haría con cualquier libro, que la película es accesoria y complementaria, que os quedéis con el libro que se disfruta y se vive mucho más.

 

Título: La carretera.
Autor: Cormac McCarthy
Editorial: DeBolsillo
ISBN: 9788483468685
Páginas: 224
Precio: 7,95 €