Justo es un hombre tranquilo. Un hombre de barrio. Disfruta en el Damián con el dueño del bar y con Julián. Lleva una vida sencilla. Una vez a la semana se cita con la Remedios para aliviar las pasiones. Y camina por las calles de su ciudad, observándola. A Justo le duele Barcelona, la Barcelona de ahora, la que se inunda de oleadas de turistas en bermudas y en chanclas que recién llegados en un crucero colapsan las calles de su ciudad. Añora los bares de barrio, las gentes del lugar, las macetas en los balcones y los niños jugando en las plazas. Añora incluso los nombres de los barrios, que parecen haber mutado en las últimas décadas para adecuarlos al ambiente chic que se ha tratado de otorgar a una ciudad cosmopolita como es Barcelona.

 

Lo que nadie sabe es que Justo tiene un secreto: acaba de cargarse al Milongas. Y no ha sido el primero. Tiene una larga lista de nombres en el cuaderno donde lleva el recuento. Su nombre no es fortuito: su madre selló su destino al llamarle Justo, y durante toda su vida trató de hacerle comprender que él era uno de ellos, uno de los treinta y seis justos, uno de los hombres encargados de mantener el equilibrio entre el Bien y el Mal según la tradición judía. No tienen por qué ser gente buena. Pero son gente justa.

 

En menos de 200 páginas, Carlos Bassas consigue un equilibro perfecto de intenciones. Por un lado, encontramos una novela negra descarnada y sin medias tintas. Violencia, sangre, dolor. Por otro, encontramos una carta de amor a una ciudad que ya no existe. Una oda a las tradiciones, a la esencia de los lugares y las personas, a una forma de convivir que nos han hecho ser los que somos ahora. Un modo de entender la vida y los barrios que ha desaparecido en muchos lugares, y que está condenada a extinguirse. ¿Quiénes somos sin nuestros amigos de la infancia, nuestros vecinos, nuestros compañeros de barra de bar, nuestra familia? La propia identidad está compuesta de miles de retazos, y si eliminamos todo eso, ¿qué nos queda?

 

El propio personaje de Justo es uno de los motivos de la fuerza que posee esta novela. Es un hombre de principios, con las ideas claras, solitario, al que le cuesta dejarse querer, pero preocupado por acabar sus días solo y sin nadie que vele en su entierro. Sus reflexiones son universales, y quizá por ello el lector se identifica con él a las pocas páginas. Y logra hacerlo a través de la mirada de un anciano, reivindicando a su vez el valor de la experiencia, de nuestros mayores, situando a su poderoso protagonista con un pie prácticamente en la tumba.

 

“He aprendido dos cosas sobre el ser humano a lo largo de los años. La primera es que existen hombres malos. Tipos oscuros, auténticos cabrones. La segunda y más importante es que ellos no son el verdadero peligro, sino el resto de la humanidad.
La masa silenciosa.
La masa temerosa.
La masa obediente.
La gente de bien, de ley, de orden que agacha la cabeza, calla y después se excusa en el “No lo sabía”; y en el “¿Y qué podía hacer yo?”; en el “Bastante tengo con lo mío”.
El mundo está infestado de ellos.
De tibios que observan la alambrada y creen que las púas son capullos por florecer.
Los hombres buenos caben dentro del puño de un niño.”

Pero si Justo es el hilo conductor, quizá el personaje que más fuerza cobra en la historia es la ciudad de Barcelona. Calders, Santa María del Mar, Sant Pere, la Ribera, la plaza de la Puntual, el jardín de la Casa Ignacio de Puig, las calles de Ciutat Vella. Pinceladas del olor, del color de las calles. Retazos que nos descubren algunos de los rincones más bellos y más desconocidos de la ciudad, aquellos que aún se mantienen reservados a los habitantes de esas calles y plazas.

 

“Asisto devoto al alumbramiento de empedrados, de calles, portales y fachadas, mientras voy camino del Damián.
Todo el mundo duerme. Menos los pájaros y algún rezagado que ha perdido la dirección de casa. Queriendo. Sin querer. Que a veces mete la llave en el bombín de un piso que no es el suyo intentando entrar en la vida de otro, cansado de la suya.”

El empleo de frases cortas, de las palabras justas y medidas, de párrafos breves y efectistas que proporcionan un ritmo a la narración muy particular, adquiere todo su significado con la narración en primera persona a través de la voz del propio Justo. Hay una clara intención de componer una historia atrayente, pero sobre todo de hacerlo con un texto que rezuma belleza. La evolución tanto en forma como en contenido del autor respecto a la novela anterior es enorme, dando ese salto que no todos son capaces de alcanzar.

 

La primera vez que leí esta novela a finales de 2016 afirmé dos cosas con total rotundidad, que sigo manteniendo: que era lo mejor que leía en mucho tiempo y que esta obra podría ser una firme candidata a llevarse el Premio Hammett a mejor novela cuando fuese publicada. Veremos.

 

 

Título: Justo.
Autor: Carlos Bassas del Rey.
Editorial: Alrevés (2018)
ISBN: 9788417077235.
Páginas: 190.
Precio: 18€
Ficha del libro en Alrevés: http://www.alreveseditorial.com/fitxallibre.php?i=208