Cuando llevaba leída una tercera parte de Instrumental de pronto caí en que era la primera autobiografía a la que me enfrentaba. Biografías sí he leído varias, algunas completas, algunas tan solo parcialmente. Lo más parecido a una autobiografía que he leído son los libros epistolares o los diarios de algunos personajes relevantes. No están concebidos como una autobiografía pero sí cuentan su propia historia en primera persona.

Las biografías generalmente están escritas por alguien que sabe de literatura o al menos lo suficiente para que se trate de algo coherente. Sin embargo Instrumental, aunque parte de una cierta base cronológica, es un batiturrillo de sentimientos, sensaciones, vivencias y datos biográficos. Y quizá ahí reside ese algo que hace este libro tan especial.

Por si aún queda alguien que no conozca a James Rhodes es un pianista británico que en esta obra nos narra los acontecimientos que le llevaron a que la música salvase, literalmente, su vida. Cuando tenía tan solo seis años su profesor de gimnasia comenzó a abusar sexualmente de él durante un período de cinco años. En este libro no detalla los abusos. No nos cuenta cuántas veces, en qué posturas, con cuanta intensidad y cuánto dolor le provocaron. Lo que nos cuenta es lo que vino después. Cómo afectan tanto física como mentalmente esta clase de aberraciones en el cuerpo de un niño. Cómo le destrozó la columna y la pelvis, y cómo tuvo que operarse en repetidas ocasiones por ello. Cómo terminados los abusos tenía tan desvirtuado el concepto de relaciones humanas y sociales que ofrecía sexo a cambio de cualquier cosa, incluso de un simple helado. Cómo en la universidad, con la mayoría de edad y la lejana mirada de sus padres comenzó a consumir todo tipo de drogas que hicieron que no recuerde apenas nada de ese primer año universitario. Cómo la soledad y el aislamiento fueron las pautas que marcaron los primeros años de su vida adulta.

 

Quizá lo más duro de leer acerca de los primeros años de su vida es intentar comprender que se enfrentó a todo esto completamente solo hasta los 30 años. Padeció los abusos solo. Le cambiaron de colegio, un magnífico colegio con toda clase de medios donde siguió estando solo y sin herramientas sobre cómo enfrentarse al mundo. Comenzó la universidad solo. Pasó días enteros drogado y solo en su casa sin que nadie sintiese su ausencia. Se enamoró de su primera esposa, pero siguió solo. Tuvo un hijo que desencadenó una serie de sentimientos de angustia y de culpa a los que se enfrentó solo. Tan solo cuando su hijo tenía cuatro años comprendió que todo se le estaba escapando demasiado de las manos y que debía buscar ayuda. ¿Os imagináis vivir con ese secreto, con esa carga sobre los hombros durante toda tu vida sin siquiera insinuárselo a nadie? ¿Cómo aprendes de nuevo a vivir, a mirar a la cara de los que te rodean después de soltar una bomba de ese calibre?

 

A pesar de la dureza de todo esto que os cuento, y aunque cueste creerlo, Instrumental es un libro esencialmente bello. Cada capítulo está introducido por una pieza musical que Rhodes nos describe brevemente. Esa pieza es la banda sonora de ese capítulo en concreto, y creedme si os digo que ayuda mucho escucharlas mientras se lee para apreciar aún más lo que nos quiere transmitir. Rhodes es un magnífico comunicador y sabe transmitir el entusiasmo que le aporta la música.

 

El libro está plagado de anécdotas sobre la vida de los mayores músicos de la historia, de lecciones sobre la digitación y las pausas a la hora de tocar el piano, de descripciones acerca de cómo una pieza en concreto está asociada irremediablemente a algún momento de su vida. Está lleno de cada uno de los estados mentales por los que ha ido pasando, desde el victimismo y la autocompasión hasta el entusiasmo y la fascinación por la música. Habla de todas las enfermedades mentales que ha tenido, sí. Y sobre autolesiones, sobre suicidio, sobre psiquiátricos y sobre libros de autoayuda. Pero también habla sobre cómo de niño la música le enseñó a disociar y de ese modo poder hacer su vida más soportable. Cómo decidió desde muy pequeño que quería ser pianista pero que ese deseo le fue negado durante mucho tiempo.

 

Está claro que Rhodes no posee una mente cualquiera. No creo que todo el mundo sea capaz de pasarse diez años sin tocar una solo pieza musical y volver a sentarse frente a un piano y tocarla de nuevo. No creo que todos nosotros fuésemos capaces de soportar tanto como ha soportado Rhodes y seguir vivos, y relativamente cuerdos. Sin embargo él si trata de convencernos de que es una persona normal y corriente que se ha visto sometida a unas situaciones tan extremas que habrían acabado prácticamente con cualquiera. Pero que si encuentras un motivo por el que lugar, es posible seguir vivo.

 

Instrumental es un canto a la vida, a las ganas de vivir, al amor por el arte, por la literatura, por la música. Por tratar de hacer de este mundo un lugar más bello. Rhodes nos anima a vivir, a luchar por nuestros sueños y tratar de hacerlos realidad a cualquier precio. También es un grito de auxilio a esta sociedad que se dedica compulsivamente a mirar para otro lado ante las cosas desagradables y de las que no queremos conocer detalles. Pero es necesario que las personas hablen y que dejen de consentirse las violaciones, los maltratos, los abusos. Que el avergonzado sea el que padece el abuso y no al revés. Que dejemos de culpabilizar a las víctimas y que los culpables paguen por sus delitos.

 

La vergüenza es el legado que dejan todos los abusos. Es lo que garantiza que no salgamos de la oscuridad, y también es lo más importante que hay que comprender si queréis saber por qué las víctimas del abuso están tan jodidas. El diccionario define la vergüenza del siguiente modo: «Una dolorosa sensación de humillación o congoja causada por la conciencia de haber actuado mal o con insensatez.» Y esta definición me parte un poco el corazón. Todas las víctimas consideran en determinado momento que lo que les han hecho son actos malos o insensatos que ‘ellas’ han cometido. A veces, si tienen muchísima suerte, pueden darse cuenta y aceptar a un nivel profundo que se equivocan, pero normalmente se trata de algo que en el fondo siempre creen, que siempre creo, que es cierto. La primera amiga de la familia a la que le conté lo de los abusos me conocía de toda la vida. Yo tenía treinta años cuando se lo dije, y, literalmente, lo primero que soltó fue: «Bueno, James, eras un niño preciosísimo.» Más pruebas de que esto lo causé yo. Eran mis coqueteos, mi belleza, mi dependencia, mi libertinaje, mi maldad, lo que les obligaba a hacerme esas cosas.

 

Podéis pensar que Rhodes ha escrito este libro para convertirse en alguien conocido y aprovechar el victimismo para vender libros. Pero el caso es que Rhodes lo ha publicado cuando ya era conocido, cuando se había hecho famoso y conocido por interactuar con sus espectadores, por hablar con ellos, por explicarles las piezas que toca en sus conciertos y por tratar de acercar el elitista mundo de la música clásica a la gente de a pie. Trata de cubrir ese papel de educador musical que se nos ha negado en la sociedad de hoy en día, acude a sus conciertos con vaqueros y sudaderas, se saca fotos con sus fans y transmite pasión por lo que hace. Necesitamos a más James Rhodes en el mundo.

 

Como cierre os dejo la representación de su pieza favorita, la Chacona de Bach. La pieza que salvó su vida.

 

Título: Instrumental (Instrumental)
Autor: James Rhodes.
Traductor:Ismael Attrache.
Editorial: Blackie Books (2016)
Año de publicación: 2015.
ISBN: 9788416290437
Páginas: 288
Precio: 19,90€
Ficha del libro en Blackie Books: http://www.blackiebooks.org/catalogo/instrumental/123