Inocencia de Penelope Fitzgerald fue publicada originalmente en 1986. Durante mucho tiempo, quizá por las fotografías en blanco y negro de la autora, o quizá por dar por supuesto que todos los autores consagrados murieron hace mucho, siempre creí que las obras de esta autora pertenecían más a los años 50 que a los 80. Tras investigar un poco sobre su vida y su obra, y después de haber leído 3 de sus novelas, veo que el momento en el que las escribió nunca fue vinculante para la época en las que las ambientó. Con Inocencia, Fitzgerald abre una nueva etapa en su vida como novelista en la que se desvincula de los recuerdos de su pasado para tratar de ficcionar algunos de los lugares que más le impactaron en sus viajes.

 

Con Inocencia viajamos a los años 50 de una Italia que aún está reponiéndose de los estragos de la II Guerra Mundial y de la huella del fascismo. Aunque nuestra imagen de esa década esté inundada por el hambre y la pobreza que asoló a España, en Italia las cosas fueron bastante diferentes. Italia fue una de las grandes favorecidas por el Plan Marshall y gracias a ello las arcas del estado se llenaron hasta rebosar. Un país principalmente agrícola vivió una revolución industrial que le convirtió en uno de los países a la cabeza del Mercado Común Europeo. Lo cual no solo cambió por completo la economía del país, sino también el ánimo de sus habitantes.

 

Chiara Ridolfi es la pequeña de una familia italiana adinerada venida a menos. Acaba de terminar sus estudios en un colegio inglés, y está a punto de alcanzar la mayoría de edad. La vida le sonríe. La guinda del pastel la pondrá el doctor Salvatore Rossi, un hombre serio y algo mayor que Chiara. Una noche se conocerán en un concierto de violín, y las flechas de Cupido darán en el centro de sus corazones. Con tan solo unos minutos de conversación, Chiara sabrá que es el hombre de su vida y que está destinada a ser su esposa.

Campiña italiana

Al inicio la novela resulta un tanto confusa y desconcertante. Fitzgerald quiere a toda costa la atención del lector, y se la ganará con continuos saltos en el tiempo. Primero conoceremos la noticia de que Chiara va a casarse antes aún de saber cómo o cuándo han llegado a conocerse o a enamorarse. Por ello, Inocencia es una de esas novelas en las que no puedes distraerte ni una sola línea o te verás recorriendo sus páginas adelante y atrás. Que esto no os desanime: este tipo de libros se disfrutan aún más si tienes que realizar un esfuerzo para leerlas.

 

La historia podría dividirse en dos partes, siendo la segunda mucho más lineal y fácil de seguir que la primera. Sé que me repito en cada una de las reseñas de esta autora, pero es que es una máxima que se cumple novela tras novela: los argumentos escogidos por Penelope Fitzgerald son tan solo una excusa. Poco importa que recuerdes lo que dijo el primo Cesare al inicio de la trama, o en qué momento sucede cada acontecimiento. Fitzgerald es puro deleite narrativo.

 

Su prosa es delicada, su elección de las palabras medida al milímetro. Nada está ahí por azar o como relleno. No sobra una sola coma, no falta un solo punto. Y cuando terminas, no sabes muy bien qué es lo que te ha querido contar. Pero lo mejor de todo es que no importa. Las novelas de Fitzgerald son como un buen vino: tan solo necesitas una copa y deleitarte con su aroma, su cuerpo, su bouquet, su dulzura, o su acidez. Sus personajes están construidos con precisión y con una intención muy clara a la hora de dirigir la trama. Inocencia es una historia de desamor, de decisiones atropelladas y lo difícil que es vivir luego con ellas. De cómo la falta de comunicación puede convertirse en un muro infranqueable de hormigón.

Penelope Fitzgerald

Y la ambientación es sencillamente impecable. Aunque jamás hayas pisado Italia, la imagen que transmite sobre la forma de vivir, de actuar, de pensar de sus gentes es tomada como una realidad certera. Y no es de extrañar. En las notas que existen sobre la documentación que llevó a cabo la escritora encontramos análisis sobre la construcción de las villas y su diseño, el trabajo de los médicos y las coberturas sanitarias del país, el tipo de flores salvajes que había en los campos o si un determinado tipo de coche sería apropiado para el país y para la fecha.

 

A pesar de que supuestamente en esta obra se desvincula de sus vivencias personales, sí que hay determinadas pinceladas en la historia que remiten a acontecimientos de su pasado. Debido a que se encuentran en un momento avanzado de la novela no quiero desvelarlos para no estropearos el libro, pero digamos que el acontecimiento más traumático de la vida de Chiara está inspirado en un momento real de Fitzgerald.

 

Cada vez tengo más y más la sensación de que Penelope Fitzgerald pasó toda su vida escribiendo sus obras. Quizá no sobre el papel, pero estoy convencida que cada experiencia vital era meditada y registrada para ser utilizada a posteriori en sus novelas. Cada viaje, cada persona conocida, cada discusión, cada sensación, cada olor de los que acontecieron en su vida creo que están volcados en sus libros. Libros que meditó y estudió durante años antes de decidirse a componer una historia autoconclusiva con ellos. Por eso leer a Fitzgerald es como adentrarse en lo más recóndito de su corazón.

 

Título: Inocencia (Innocence)
Autor: Penelope Fitzgerald.
Traductor: Pilar Adón.
Editorial: Impedimenta (2013)
Año de publicación: 1986.
ISBN: 9788415578598.
Páginas: 352.
Precio: 22,75€.
Ficha del libro en Impedimenta: http://impedimenta.es/libros.php/inocencia